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Sharecast graphic / Josh White

Todo está listo ya para la visita de Donald Trump a China. Se trata del primer viaje que hace un presidente estadounidense al gigante asiático en casi una década, por lo que la expectación es máxima. No solo por ver si el republicano y Xi Jinping logran limar asperezas, tras los múltiples desencuentros que han protagonizado, sino también por ver qué tipo de acuerdos son capaces de alcanzar en un momento tan delicado como el actual. Y es que hay muchos puntos candentes que estarán sobre la mesa en la reunión que mantendrán ambos mandatarios.

"Esta visita podría ser crucial para definir las expectativas sobre la trayectoria de las relaciones entre las dos potencias económicas y geopolíticas dominantes del mundo, no solo para los próximos trimestres, sino potencialmente para los años venideros", comenta Christian Gattiker, jefe de investigación de Julius Baer.

Como dice este experto, "el comercio, la tecnología, la política industrial y la seguridad siguen estando profundamente interrelacionados, y los mercados buscarán con atención cualquier señal de estabilización, confrontación o reposicionamiento estratégico" al respecto.

En Renta 4 comentan, por su parte, que el principal foco de interés "estará en si hay acuerdos concretos positivos (comunicado conjunto sobre Ormuz o compromiso chino de presión sobre Irán, renovación de la tregua comercial y distensión en semiconductores y tierras raras) o por el contrario se intensifican las diferencias entre las dos mayores potencias mundiales".

Estos analistas apuntan que serán varios temas los que estarán en el centro de la reunión Trump-Xi: en primer lugar, la evolución del conflicto en Oriente Medio, "especialmente por el 'shock energético' derivado del cierre del estrecho de Ormuz", teniendo en cuenta que China es el mayor importador de crudo del mundo.

Pero también ocuparán un espacio importante los aranceles. "Hay una tregua vigente desde agosto 2025, cuando EEUU recortó el arancel por fentanilo del 20% al 10% y China suspendió sus controles a la exportación de minerales y tierras raras durante un año (hasta noviembre de 2026)", pero habrá que ver qué pasa a partir de ahora.

Taiwán también estará en el foco, y es que es un elemento de tensión continuo y la primera línea roja de Pekín. Sin olvidar la inteligencia artificial (IA) y la guerra de semiconductores, "ante el endurecimiento por parte de EEUU de las restricciones a la exportación de chips avanzados a China, que a su vez puede responder con limitaciones a las exportaciones de minerales críticos", dicen desde Renta 4.

En su opinión, la "interdependencia tecnológica y de materias primas críticas" que mantienen EEUU y China les "obliga" a entenderse.

LA IMPORTANCIA DE TAIWÁN

Desde Natixis CIB comentan que el que llega con más presión a esta cita es el propio Trump, y es que la cuestión iraní sigue sin estar resuelta y cada vez es mayor la presión dada la cercanía de las elecciones de mitad de mandato que se celebrarán el próximo mes de noviembre en EEUU.

El republicano, dicen los expertos de esta firma, "necesita un acuerdo con China que pueda vender como una victoria en su país, especialmente antes de las elecciones de mitad de mandato, pero llegará a Pekín en una posición negociadora extraordinariamente débil para un presidente que ha hecho de la fuerza su seña de identidad".

Creen que se encuentra "empantanado" en el conflicto con Irán, en el que los aliados europeos de EEUU no le están prestando apoyo, mientras que la economía nacional estadounidense "sufre por los aranceles que él mismo impuso y que el Tribunal Supremo ha bloqueado".

Natixis CIB cree, además, que el Gobierno chino usará la reunión Trump-Xi "principalmente para abordar lo que considera un asunto interno, inalienable e indiscutible: la reunificación con la isla de Taiwán". Tal y como explican los expertos de la firma, "Xi quiere detener una enorme venta de armas de EEUU a Taiwán", por lo que hará lo que esté en su mano para tratar de conseguir un compromiso en este sentido.

Cabe recordar que el futuro de Taiwán no es un problema abstracto, ya que según recuerda Natixis CIB "el estrecho de Taiwán es la arteria por la que fluye el recurso más crucial de la revolución de la inteligencia artificial", es decir, los chips. En este sentido, destaca que Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC) fabrica alrededor del 90% de los semiconductores avanzados del mundo.

"Estos alimentan los centros de datos de IA, los sistemas de armamento de última generación y la infraestructura digital de las democracias occidentales. Una crisis en ese estrecho, o incluso una amenaza creíble, tendría un impacto comparable o incluso mayor en la economía mundial que el actual cierre virtual del estrecho de Ormuz", apuntan.

En su opinión, "Trump llegará a Pekín con un margen de negociación limitado. O, más concretamente, llegará habiendo hecho ya algunas concesiones. Lo que negocie con Xi Jinping en la cumbre determinará no solo el futuro de Taiwán, sino también el equilibrio de poder tecnológico y militar mundial, con efectos potencialmente duraderos", dicen estos analistas.

CAMBIOS MODESTOS

Por último, Robert Gilhooly, economista sénior especializado en mercados emergentes de Aberdeen Investments, comenta que la visita de Trump a Pekín "tiene como objetivo reajustar las relaciones entre EEUU y China, pero los cambios tangibles pueden ser modestos".

Y es que "el control que ejerce China sobre los minerales críticos le da una baza importante, lo que debería ayudar a mantener el actual y delicado equilibrio, pero quienes esperen una reducción significativa de los aranceles, una aclaración sobre la relación comercial o una declaración conjunta sobre el conflicto de Oriente Medio podrían llevarse una decepción".

Este analista comenta que el fentanilo "sigue siendo fundamental en la crisis de los opiáceos en EEUU -responsable de la mayoría de las muertes por sobredosis-, pero es posible que el presidente Trump revierta algunos de los aranceles sobre el fentanilo promulgados anteriormente".

"Esto se debe en parte a la necesidad de reducir las tensiones entre EEUU y China -y a un reconocimiento tácito de que China ha endurecido los controles sobre las exportaciones de precursores-, y también al hecho de que se encuentran en terreno inestable tras la anulación de la IEEPA por parte del Tribunal Supremo estadounidense".

No obstante, afirma Gilhooly, "China todavía podría salir relativamente perdiendo", y es que bajo su punto de vista para el presidente de EEUU "será más fácil utilizar la legislación vigente (Secciones 232 y 301) contra China -donde existen motivos de queja más legítimos- que volver a levantar el muro arancelario contra otros socios comerciales".

En lo que respecta al acceso a la tecnología avanzada, dice que será otro de los puntos clave a tener en cuenta. "Es posible que el Congreso quiera aplicar una línea dura en lo que respecta a la restricción del acceso a semiconductores avanzados, pero no descartaríamos una modesta flexibilización como parte de un acuerdo transaccional". Según apunta, "es probable que se produzcan declaraciones de alto nivel que prometan comprar más productos estadounidenses, aunque los detalles sean escasos".

También destaca el experto de Aberdeen que la competencia estratégica en torno a la inteligencia artificial general -y la convicción de la Administración Trump de que una regulación mínima es el mejor enfoque para apoyar a las empresas estadounidenses- sugiere que "se acordará poco sobre la necesidad de establecer medidas de protección oficiales en materia de IA".

Además, cree que es casi seguro que el conflicto de Oriente Medio "se debatirá a puerta cerrada". Es probable que EEUU pida a China que presione a Irán, pero "es poco probable que se haga público un comunicado conjunto que diga algo concreto", opina Gilhooly.

"Aunque los mercados acogerán con agrado las declaraciones positivas de ambas partes como indicio de que se mantendrá el statu quo, la dinámica subyacente sigue apuntando a que ambas partes se distanciarán aún más a largo plazo", concluye.

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