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La próxima gran batalla tecnológica no se librará entre chatbots, sino en un territorio mucho más profundo: el control del acceso digital. Mientras el mercado se distrae comparando modelos de inteligencia artificial, Sam Altman apunta más alto.
Para el consejero delegado de OpenAI, el verdadero adversario no es otro laboratorio de IA, sino Apple. No por lo que hace hoy, sino por lo que representa: la puerta de entrada a la vida digital de miles de millones de personas.
EL ASALTO AL ECOSISTEMA DE LAS 'APPS'
OpenAI ha empezado a transformar ChatGPT en algo más ambicioso que un asistente conversacional. El despliegue de un sistema de integraciones 'tipo app' permite al usuario realizar tareas sin abrir aplicaciones tradicionales en el iPhone.
La idea es tan simple como disruptiva: si un chatbot puede resolver pedidos, reservas o consultas de forma directa, el ecosistema cerrado de Apple empezará a tener grietas.
“Quien controla el punto de acceso controla la economía digital”, es la tesis que sobrevuela Silicon Valley. Hoy ese poder reside en el App Store y en sus comisiones. Mañana, podría desplazarse hacia una interfaz conversacional que elimine intermediarios.
UNA EXPERIENCIA AÚN INMADURA
El problema, por ahora, es la ejecución. Algunas integraciones funcionan con soltura, pero muchas otras se quedan a medio camino. ChatGPT puede estimar precios o tiempos de llegada, pero no completar acciones clave, obligando al usuario a salir del entorno y repetir datos.
“La promesa es enorme, pero la experiencia todavía añade fricción en lugar de suprimilra”, reconocen analistas del sector consultados por Tip Ranks. Aun así, Altman no esconde su objetivo: convertir ChatGPT en una suerte de sistema operativo del día a día.
DEL SOFTWARE AL HARDWARE: 'EL FACTOR JONY IVE'
La ambición va más allá del software. Altman trabaja con Jony Ive, el histórico diseñador de Apple, en el desarrollo de nuevos dispositivos impulsados por IA. El mensaje implícito es claro: no se trata de competir con el iPhone desde dentro, sino de imaginar un dispositivo que lo haga prescindible.
“No es una batalla de productos, sino de hábitos”, apuntan fuentes cercanas al proyecto. Cambiar la forma en la que interactuamos con la tecnología es el verdadero premio.
WALL STREET RESPALDA… PERO CON MATICES
En el mercado, Apple sigue siendo un valor querido. El consenso de analistas mantiene una recomendación de 'compra moderada', con un potencial alcista de en torno al 10%. La fortaleza del iPhone 17 y el crecimiento del negocio de servicios sostienen el relato.
Sin embargo, no todos lo ven tan claro. Desde Raymond James, la analista Melissa Fairbanks ha retomado la cobertura de Apple con una recomendación de 'mantener', advirtiendo de que "gran parte de las buenas noticias ya están reflejadas en la cotización".
“Apple tiene una propuesta de valor extremadamente sólida y un ecosistema muy ‘pegajoso’, pero el mercado es plenamente consciente de ello”, señala Fairbanks.
Con una base instalada de unos 2.400 millones de dispositivos, el margen para sorpresas positivas derivadas de ciclos de actualización se reduce.
La analista subraya además que, pese al peso creciente de los servicios, más rentables y recurrentes,, el desempeño del grupo sigue dependiendo en gran medida del ciclo del iPhone. A ello se suman riesgos no menores: presiones arancelarias, costes de componentes y una elevada concentración de la cadena de suministro en China.
“Con la acción cotizando a múltiplos claramente por encima de su media histórica, preferimos mantenernos al margen”, concluye Fairbanks, en referencia a un PER que ya se sitúa varios turnos por encima del promedio de los últimos cinco años.
UNA AMENAZA LEJANA, PERO EXISTENCIAL
Nada de esto es un problema inmediato para Apple. La compañía sigue imprimiendo caja y dominando el acceso al mundo digital. Pero la amenaza que plantea Altman no es táctica, sino estructural.
La gran pregunta no es si ChatGPT puede hoy sustituir a una 'app', sino si mañana puede convertirse en el lugar al que acudimos primero. Si eso ocurre, Apple no perderá cuota de mercado de golpe, pero sí algo mucho más valioso: centralidad.
Porque en tecnología, como en los imperios, el poder no cae de un día para otro. Primero deja de ser imprescindible. Y ahí es donde Sam Altman ha decidido apuntar.

