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Fábrica de Sniace en Torrelavega.EUROPA PRESS - Archivo
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Sniace anunció el jueves su liquidación, el peor final que cabía esperar. La liquidación supone la extinción de la empresa, que venderá todo aquello de su propiedad para pagar lo que debe. Los primeros en la cola para cobrar son los acreedores y los últimos los accionistas. Normalmente, queda poco o nada a repartir entre los accionistas. Es más, lo habitual es que muchas deudas queden también sin satisfacer.

El detonante de la liquidación ha sido la decisión de Cogen Energía de romper su contrato con la compañía debido al impacto negativo de los recortes a la retribución de la producción de energía eléctrica en las últimas subastas; lo que se conoce como interrumpibilidad y que se traduce en una fuerte subida de la factural eléctrica de estas empresas electrointensivas y que durante años disfrutaron de una subvención encubierta en forma de rebaja artificial del recibo de la luz (una situación similar a la de Alcoa, cuya continuidad en España es muy complicada).

Pero esta ha sido solo la gota que ha colmado un vaso que estaba ya muy lleno. Para entender cómo se ha llegado a esta situación en Sniace, hay que remontarse a hace ocho años -diciembre de 2012- cuando el grupo químico anunció el cierre de una de sus fábricas y un ERE de extinción después de que el Gobierno de Mariano Rajoy aprobara el conocido como 'céntimo verde' (los recortes a las primas de la producción de energía renovable). Los cierres se hicieron efectivos en la primera mitad de 2013. En septiembre, la compañía fue suspendida de cotización y en octubre de 2013 entró en concurso de acreedores.

Fuentes sindicales afirman que explicar el cierre por el 'céntimo verde' fue "puro oportunismo" por parte de los responsables de la empresa y remarcan que ésta se encontraba ya en quiebra al menos desde abril de 2012.

"NUNCA DEBIÓ VOLVER A COTIZAR"

En marzo de 2016 se levantó la suspensión de la cotización de los títulos de la compañía, pese que la actividad de la fábrica no se reanudaría hasta 2017. El comunicado de la CNMV con el anuncio de la vuelta al parqué de Sniace fue sorprendente por lo poco habitual de las advertencias que el organismo regulador incluía. La CNMV, presidida entonces por Elvira Rodríguez, actual vicesecretaria sectorial del PP, advirtió sobre los riesgos en la viabilidad futura y las incertidumbres asociadas a la situación patrimonial y liquidez de Sniace.

"Nunca tenía que haber empezado a cotizar, pero el tema estaba politizado. Elvira (Rodríguez) tuvo presiones políticas, y eso llevó a que se pusieran unas 'contraindicaciones' tremendas. Era infumable que volviera a cotizar", afirman las mismas fuentes a Bolsamanía. Pese a todo, Sniace se disparaba un 155% en ese regreso al parqué, dejando patente el carácter tremendamente especulativo de algunos títulos del Mercado Continuo español.

Con la reapertura de su fábrica, Sniace readmitió a buena parte de los empleados despedidos con el ERE, contrató más personal -la plantilla actual, afectada por un ERTE anunciado en diciembre del año pasado, supera las 400 personas- y trató de seguir adelante a base de ampliaciones de capital. Hasta cuatro ha llevado a cabo la compañía: abril de 2016, de 15,6 millones; marzo de 2017, de 11,7 millones; junio de 2018, de 30,1 millones; julio de 2019, de 32,58 millones, lo cual da idea de la debilidad de su situación financiera. En la última de ellas, además, la colocación no llegó al 50%.

Fuentes sindicales insisten en que la empresa llevaba años siendo inviable. "Las ampliaciones eran para cubrir los fondos de maniobra negativos. Una parte mínima iba a inversiones", apuntan. "Esto ha sido una estafa desde hace muchos años. Un bluff", afirman tajantes.

Ocho años después del 'céntimo verde' del PP, la subida de la tarifa eléctrica por la subasta de interrumpibilidad, que ha provocado esa retirada de Cogen Energía, ha llevado a la liquidación definitiva de Sniace. Cuando reabrió sus fábricas en 2017 llegó a un acuerdo con esta empresa para que fuera ella la que gestionara las turbinas. "Tras anunciar Cogen la ruptura del contrato de arrendamiento y gestión de la fábrica, Sniace tenía que volver a negociar el mantenimiento de las turbinas y estaba claro que nadie le iba a dar el suministro de gas porque no tenía solvencia", explican las fuentes consultadas por Bolsamanía.

ENCE, EL SALVADOR QUE NUNCA FUE

La única salida de Sniace para evitar un fatal desenlace hubiera sido la llegada de un inversor fuerte, algo que pudo ocurrir hace ocho años, aunque finalmente se torció.

Sniace y la papelera Ence mantuvieron entonces negociaciones que no cuajaron, confirman las fuentes consultadas por esta web, que desvelan que incluso hubo un encuentro entre el presidente de Sniace y el entonces presidente de Cantabria, el popular Ignacio Diego.

"Ence tenía dinero, estaba buscando dónde invertir y estaba de acuerdo en hacerlo en Sniace. Al final, Blas Mezquita (presidente de Sniace hasta principios del año pasado) y Félix Revuelta (principal accionista de Sniace) les pusieron todas las trabas posibles. Era una mala oferta para Revuelta. Ese fue el gran fracaso de Sniace", afirman estas mismas fuentes a Bolsamanía.

Deoleo, Coemac y ahora Sniace. Las empresas españolas de pequeña capitalización están siendo más 'chicharros' que nunca en este arranque de año. Las malas noticias se suceden. En estas pocos semanas desde que comenzó 2020, Deoleo ha aprobado una reestructuración, con una reducción de capital a cero, que ha dejado a los minoritarios sin nada. Coemac (antigua Uralita) se ha declarado en concurso y ya veremos cómo acaba.

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