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Hay una pregunta que cada vez pesa más en Wall Street: ¿cuánto es demasiado cuando se trata de invertir? Las grandes tecnológicas llevan meses intentando convencer a los inversores de que el enorme desembolso en inteligencia artificial acabará traduciéndose en beneficios extraordinarios.
Iberdrola, por su parte, invirtió alrededor de 7.000 millones de euros entre enero y junio, un 25% más que un año antes. Sin embargo, la reacción del mercado ha sido completamente distinta. Y es que la diferencia no está en el tamaño de la factura. Está en la confianza que generan los retornos de esa inversión.
EL CAPEX DE IBERDROLA NO PREOCUPA A LOS INVERSORES
Entre enero y junio, Iberdrola invirtió cerca de 7.000 millones de euros, impulsando el desarrollo de redes eléctricas y nueva capacidad renovable en sus principales mercados. La compañía presentó además un beneficio neto reportado de 4.336 millones de euros, un 22% superior al del mismo periodo del año anterior, mientras que el EBITDA ajustado aumentó un 7,4%, hasta 8.050 millones.
La eléctrica mantuvo sin cambios sus previsiones para 2026 y espera que el beneficio neto ajustado crezca "cómodamente" por encima del 8%. También prevé incorporar otros 2.100 MW antes de final de año y dispone de una cartera de proyectos que permitiría añadir hasta 15.500 MW entre 2025 y 2030.
Otro elemento que aporta visibilidad es que la totalidad de la producción prevista para 2026 ya está comprometida mediante ventas, reduciendo significativamente la incertidumbre sobre los ingresos del ejercicio.
La cotización reaccionó con una ligera caída cercana al 0,6% tras la publicación de las cuentas. Sin embargo, ese movimiento apenas altera una realidad mucho más relevante: el título acumula una revalorización cercana al 19% en lo que va de año.
EL MERCADO TODAVÍA EXIGE PRUEBAS A LAS 'BIG TECH'
En el otro lado del Atlántico, la situación es muy distinta.
Microsoft, Meta, Alphabet, Amazon y Oracle compiten por construir la infraestructura que sustentará la próxima generación de inteligencia artificial. Reuters, a partir de estimaciones de LSEG, calcula que estas compañías incrementarán conjuntamente sus inversiones en unos 534.000 millones de dólares hasta 2027, mientras que el aumento previsto de su flujo de caja operativo rondará los 340.000 millones.
Así el mensaje que empieza a lanzar el mercado es claro: el gasto está creciendo más deprisa que la capacidad de generar caja.
Microsoft ejemplifica ese debate. La compañía destinó 37.500 millones de dólares a inversiones en el trimestre cerrado en diciembre de 2025 y otros 31.900 millones en el siguiente. Distintos analistas esperan que el gasto de capital del conjunto del ejercicio pueda aproximarse a los 190.000 millones de dólares.
La cotización refleja esas dudas. Tras el fuerte rebote registrado desde los mínimos de junio, las acciones todavía acumulan una caída cercana al 19% en 2026, después de haber llegado a perder más de un 35% desde los máximos del año.
Meta también ha elevado de forma significativa sus previsiones de inversión para este ejercicio, hasta un rango de entre 125.000 y 145.000 millones de dólares, con el objetivo de acelerar el despliegue de centros de datos e infraestructura para inteligencia artificial.
Nadie cuestiona que exista demanda para estos servicios. Lo que muchos inversores siguen intentando calcular es cuándo todo ese gasto empezará a traducirse en una rentabilidad acorde con las enormes inversiones realizadas.
NO ES EL TAMAÑO DEL CAPEX; ES LA VISIBILIDAD DEL RETORNO
La diferencia entre ambos modelos no reside en el volumen de inversión, sino en la facilidad con la que el mercado puede estimar los flujos de caja futuros.
Cuando Iberdrola invierte miles de millones en redes eléctricas o generación renovable, buena parte de esos activos opera bajo marcos regulados o contratos de largo plazo que permiten proyectar con relativa precisión los ingresos esperados durante décadas.
Eso no elimina los riesgos. Existen incertidumbres regulatorias, de ejecución o de financiación. Pero el mercado dispone de suficientes referencias para valorar la rentabilidad potencial de esas inversiones.
Las grandes tecnológicas afrontan un escenario diferente. Cada nuevo centro de datos, cada chip y cada plataforma de inteligencia artificial persigue un mercado con un enorme potencial de crecimiento, pero cuyo retorno final depende todavía de variables difíciles de cuantificar: el ritmo de adopción empresarial, la monetización de los nuevos servicios, la competencia entre modelos o la evolución futura de los costes.
Por eso, en prácticamente todas las presentaciones de resultados recientes, Microsoft, Meta o Alphabet han dedicado buena parte de su discurso a explicar que el gasto responde a una demanda real y que las inversiones se ejecutan con disciplina financiera.
LA IA NECESITA ELECTRICIDAD... Y ESO TAMBIÉN BENEFICIA A IBERDROLA
Existe además una paradoja especialmente interesante.
La gigantesca carrera inversora de las tecnológicas está impulsando la demanda de electricidad, redes e infraestructuras energéticas. Los nuevos centros de datos necesitan una capacidad eléctrica muy superior a la de generaciones anteriores, lo que obliga a reforzar las redes y desarrollar nueva generación.
En ese contexto, compañías como Iberdrola aparecen como beneficiarias indirectas del despliegue mundial de la inteligencia artificial, especialmente gracias a su fuerte presencia en mercados como Estados Unidos y Reino Unido.
La eléctrica no necesita convencer al mercado de que la inteligencia artificial cambiará el mundo. Le basta con que esa revolución siga necesitando cada vez más electricidad.
Y esa diferencia resume buena parte de la historia. Las grandes tecnológicas prometen beneficios extraordinarios dentro de unos años. Iberdrola ofrece inversiones cuyo retorno resulta mucho más fácil de estimar para los inversores.

