lagarde19noviembre

El Banco Central Europeo (BCE) sigue matizando su discurso sobre inflación. Después de que en la reunión del banco central del 28 octubre, la presidenta del organismo, Christine Lagarde, reconociera que la fase de inflación alta durará más de lo previsto originalmente, la banquera central ha asumido que "es difícil predecir con exactitud cuándo remitirán los actuales motores de la inflación", durante su discurso en el Congreso Bancario Europeo que se celebra este viernes en Frankfurt.

"La pandemia es una situación sin precedentes", ha proseguido, ya que "hay efectos retardados en juego y tenemos pocos antecedentes a los que recurrir. "No obstante, seguimos confiando en que las presiones inflacionistas se reducirán con el tiempo", ha declarado Lagarde, para justificar que el BCE persista en su postura ultra acomodaticia de cara a 2022.

El BCE no debería endurecer su política, ya que podría ahogar la recuperación, a juicio de la banquera central, quien ha insinuado la posibilidad de seguir comprando bonos el próximo año, incluso cuando el Programa de Compras de Emergencia de la Pandemia (PEPP por sus siglas en inglés) finalice en marzo de 2022.

"Incluso después del esperado fin de la emergencia pandémica, seguirá siendo importante que la política monetaria -incluyendo la calibración adecuada de las compras de activos- apoye la recuperación y el retorno sostenible de la inflación a nuestro objetivo del 2%", ha indicado. El consenso de mercado espera que el banco central adopte otras medidas como ampliar el programa de compras habitual.

La inflación en la eurozona alcanzó el 4,1% en octubre, empujada por el aumento de los costes de la energía, y se espera que se mantenga por encima del objetivo del 2% del BCE el próximo año, ya que los proveedores afectados por la pandemia no pueden seguir el ritmo de la reapertura de la economía. Pero Lagarde ha insistido en que el BCE no debe pisar el freno ahora, sino seguir alimentando la recuperación de la economía. "Cuando se espera que la presión de la inflación se desvanezca -como es el caso actual- no tiene sentido reaccionar endureciendo la política", ha declarado. "El endurecimiento no afectaría a la economía hasta que el shock ya haya pasado".

Endurecer la política ahora reduciría los ingresos de los hogares, que ya se están enfrentando a un choque por el aumento de los costes de la energía que probablemente frenará el crecimiento, ha asegurado. "En esta situación, un endurecimiento de la política monetaria no haría más que exacerbar el efecto contractivo sobre la economía", a juicio de Lagarde

Aunque Lagarde ha reconocido que las perspectivas de inflación han mejorado tras una década de escaso crecimiento de los precios, dijo que el BCE debería "alimentar" la demanda.

"A medida que las fuerzas positivas de la demanda en la economía ganan fuerza, las perspectivas de inflación a medio plazo parecen mejores que antes de la pandemia", ha dicho Lagarde. "Por lo tanto, debemos seguir alimentando estas fuerzas no retirando el apoyo a la política antes de tiempo".

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