
En un contexto de aranceles estadounidenses, acontecimientos geopolíticos, incertidumbre y persistentes debilidades estructurales, la eurozona ha demostrado ser más resiliente de lo previsto. La economía de la región desafía las turbulencias y los analistas creen que "sigue siendo capaz de compensar el malestar".
En 2025, según los últimos datos publicados por Eurostat, la oficina de estadística de la Unión Europea (UE), la zona euro registró un crecimiento anual del 1,5% tras avanzar el Producto Interior Bruto (PIB) un 0,3% en el cuarto trimestre, superando las expectativas y acumulando así nueve trimestres consecutivos de expansión.
Noticia relacionada

Unos datos que para los expertos de Rabobank significan que, "una vez más, la economía de la eurozona mostró mayor resiliencia de la esperada".
Un mercado laboral sólido y el aumento de los ingresos reales han impulsado el consumo de los hogares, mientras que la mejora de las condiciones de financiación ha impulsado la inversión, señalan en su último informe.
"Los datos disponibles de los Estados miembros sugieren que el consumo de los hogares y del gobierno fue el principal impulsor, respaldado por el bajo desempleo y el continuo crecimiento de la renta real. Los países que ya han presentado datos específicos muestran un crecimiento positivo de las exportaciones. Los datos mensuales sugieren que esto no se debe a que los aranceles estadounidenses no frenen la demanda de productos de la UE (sí lo hacen), ni a que la relación comercial entre China y la UE, y en particular Alemania, no esté cambiando. Sin embargo, es el comercio intracomunitario, entre otros, el que compensa este cambio, en combinación con el comercio de servicios", explican.
¿Cuáles son sus proyecciones de cara al futuro? En general, creen que la mejora de las condiciones financieras y de precios, el mayor gasto en defensa y la resiliencia de los hogares seguirán amortiguando el impacto de las persistentes tensiones comerciales y geopolíticas en curso, la restricción fiscal pública y los problemas de competitividad manufacturera.
Así, estiman que el Producto Interior Bruto (PIB) de la eurozona se mantendrá prácticamente al mismo ritmo que en el segundo semestre de 2025 y que registrará un crecimiento promedio de alrededor del 1% en 2026 y del 1,2% en 2027. "Los riesgos a la baja se derivan principalmente de cambios geopolíticos y los riesgos al alza de posibles ganancias de productividad", indican.
Apuntan que las encuestas recientes sugieren una moderación del crecimiento de la actividad en comparación con el promedio del cuarto trimestre de 2025. Sin embargo, "la economía de la eurozona sigue siendo capaz de compensar el malestar causado por los aranceles comerciales estadounidenses, el deterioro de la competitividad manufacturera y la ruptura del orden mundial posterior a la Segunda Guerra Mundial", aseguran.
En detalle, vaticinan que el consumo de los hogares continuará siendo un motor clave del crecimiento, respaldado por el aumento de los salarios reales.
"Un crecimiento débil del empleo podría limitar el impulso, pero no anticipamos un aumento significativo de la tasa de desempleo que socave el poder adquisitivo. Además, los hogares siguen ahorrando una parte significativamente mayor de sus ingresos que antes de la pandemia. La inflación de los precios de la energía y los alimentos se ha moderado aún más en los últimos meses y, dado que la tendencia subyacente de la inflación sigue apuntando más a la baja que al alza, esto podría reforzar la creciente percepción entre los hogares de que hemos dejado atrás el entorno de mayor inflación", afirman.
En este sentido, calculan que para 2026 en su conjunto una tasa de inflación del 1,8% parece "alcanzable".
"La recuperación de la propensión al consumo previa a la pandemia, impulsada por la mejora de la confianza del consumidor, obviamente impulsaría aún más el consumo. Al mismo tiempo, el cambio de hábitos, junto con la incertidumbre sobre los acontecimientos geopolíticos, las limitaciones presupuestarias y el debilitamiento de las perspectivas de los ingresos por pensiones, podrían inducir tasas de ahorro más altas durante más tiempo. En el lado positivo, la mejora de las reservas financieras de los hogares debería mitigar cualquier efecto negativo derivado de los shocks de ingresos y precios", añaden.
A esto se suma el gasto en defensa, del que dicen que también se convertirá en un motor clave del crecimiento en 2026-2027 tras la decisión del año pasado de elevar el objetivo de gasto de la OTAN para mediados de la década de 2030. "Las restricciones fiscales en varios Estados miembros aumentan el riesgo de que esto vaya en detrimento de otros gastos, pero en general, los compromisos de gasto en defensa flexibilizan la postura fiscal en comparación con el statu quo en los próximos dos años, con Alemania a la cabeza", comentan.
También consideran que la producción manufacturera debería verse impulsada en los próximos años, "lo que probablemente ayudará a amortiguar el impacto de la pérdida de competitividad y los aranceles comerciales estadounidenses en la industria manufacturera europea".

