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La geopolítica global cambia el panorama económico de la noche a la mañana. Lo que comenzó como una escalada regional se ha convertido en un conflicto con implicaciones para los mercados energéticos y financieros de todo el mundo, lo que tendrá sus consecuencias en el crecimiento económico y la inflación de muchos países. "Europa enfrenta una exposición significativa", donde las perspectivas económicas dependen de la duración y la gravedad que alcance el conflicto en Oriente Medio.

Así lo apuntan los analistas de Rabobank, que han analizado las implicaciones, las circunstancias específicas y los canales de transmisión hacia la economía europea, especialmente para el Producto Interior Bruto (PIB) y el Índice de Precios de Consumo (IPC) y su consecuente respuesta por parte del Banco Central Europeo (BCE).

En cuanto la inflación, es evidente que el aumento de los precios de la energía es negativo para una economía importadora como la eurozona: "Aumenta el riesgo de un nuevo repunte inflacionario. Empeora los términos de intercambio, debilita la balanza de pagos, tensiona la situación fiscal y es probable que afecte al gasto y la inversión internos".

"El efecto precio tiende a ser mayor que el efecto volumen, especialmente a corto plazo. Un precio más alto del petróleo repercute directamente en los costes del combustible. El efecto del aumento de los precios del gas natural en las facturas de calefacción y electricidad de los hogares tarda más en manifestarse debido a las regulaciones y al uso de contratos a largo plazo", señalan.

Según sus cálculos, en su escenario base, la inflación general de la eurozona aumentará a una media del 2,4% en 2026 para descender al 1,9% en 2027.

"Esto significa que la inflación en 2026 es aproximadamente 0,5 puntos porcentuales superior a la de nuestro escenario base previo al conflicto, lo que ilustra la gran influencia que los acontecimientos geopolíticos pueden tener en las presiones sobre los precios internos. Cuanto más se prolongue la interrupción del suministro energético de la región del Golfo y mayor sea el daño a la capacidad de producción, más tiempo enfrentará nuestra economía una inflación elevada", indican.

En el escenario más disruptivo, donde la infraestructura energética crítica permanece fuera de servicio durante un período prolongado, observan un aumento de la inflación por encima del 5%, con un pico superior al 6% a finales de 2026.

"Una mayor inflación no se debe únicamente al encarecimiento del petróleo y el gas. Los llamados efectos de segunda ronda también influyen: el aumento de los costes de la energía también incrementa los costes de producción para los fabricantes, que finalmente se trasladan a los consumidores. La probabilidad de que se produzcan estos efectos aumenta cuanto más se prolongue el período de interrupciones y la persistencia de los precios elevados. Es probable que los precios de los servicios reaccionen con un retraso considerable, dada su fuerte relación con los salarios, que a su vez tienden a reaccionar con lentitud", explican.

En cuanto al crecimiento económico, destacan que, precisamente la mayor inflación causada por el aumento de los precios de la energía reduce el poder adquisitivo de los hogares a corto plazo, lo que a su vez lastra el consumo privado. Además, el aumento de los costes energéticos y la incertidumbre geopolítica también reducen la disposición de las empresas a invertir. Y el aumento de los precios de la energía deteriora la competitividad relativa de las industrias con uso intensivo de energía (como la metalurgia, la alimentación y la química), lo que provoca una menor demanda y afecta negativamente a las exportaciones de bienes y servicios europeos.

Así, en su nuevo escenario base, el PIB se situaría en el 1% en 2026. Supone una décima menos que en el escenario base previo a la escalad y cada escenario de escalada reduce el crecimiento en una décima adicional. Solo en el peor escenario, es decir, el que contempla la destrucción de infraestructuras energéticas críticas, ven una caída del crecimiento económico de 0,7 puntos porcentuales, significativamente mayor que en los demás escenarios.

"Dado que los precios de la energía se mantienen altos durante un período prolongado en este escenario, la recuperación del crecimiento en 2027 también es más lenta. Si la ola de inflación proyectada provoca un endurecimiento de las condiciones monetarias, es probable que el impacto en la economía sea mayor", afirman.

Por países, en conjunto, consideran que entre las cuatro principales economías de la eurozona, Alemania e Italia se verán algo más afectadas por los acontecimientos actuales en Oriente Medio que Francia y España.

Con este panorama, y a la espera de ver cómo se van resolviendo los acontecimientos, cabe preguntarse cuál será la respuesta del BCE, que ahora tiene que asumir un nuevo problema, el de una posible crisis energética.

"No prevemos que el BCE suba los tipos a corto plazo, pero las autoridades monetarias seguirán de cerca las expectativas de inflación, así como cualquier posible medida fiscal. Los libros de texto de economía dictan que las autoridades monetarias deben ignorar las perturbaciones de la oferta, como esta disrupción en los mercados energéticos. Y las perspectivas actuales permiten al BCE adoptar un enfoque más cauteloso", responden en Rabobank.

Como añaden, "se espera que el impacto en el crecimiento sea bastante pequeño, pero podría agravarse si el conflicto persiste. Al mismo tiempo, cambia las perspectivas de inflación de un ligero descenso del objetivo del 2% a un moderado rebasamiento este año. No obstante, se prevé que la inflación se mantenga cerca del objetivo al final del horizonte de previsión".

Pero un nuevo repunte en los precios de la energía podría elevar las expectativas de inflación más rápidamente de lo normal. "Este riesgo aumenta si la situación en Oriente Medio se deteriora o se prolonga. Lo mismo ocurre con el impacto en la demanda y el crecimiento económico, debido a los efectos sobre la confianza y el impacto en la renta disponible de los hogares. Una profundización de la crisis energética también aumentaría la probabilidad de que los gobiernos implementen medidas fiscales para mitigar el impacto de las elevadas facturas energéticas. Aun así, cualquier respuesta fiscal amortiguaría el impacto en el crecimiento y podría agravar o prolongar el impacto en la inflación", comentan.

Por lo tanto, creen que el BCE "puede permitirse evaluar cuidadosamente la situación en las próximas semanas o meses. Pero si el shock energético empeora, podría subir los tipos antes de lo previsto".

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