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Entre las principales economías, la de la eurozona "es la más vulnerable a la crisis económica provocada por la guerra en Oriente Medio". Pero, ¿es posible que los acontecimientos actuales descarrilen la recuperación? "No creemos", dicen los analistas de ING, que apuestan a que el Banco Central Europeo (BCE) "probablemente se mantendrá en suspenso por ahora", dado un crecimiento ligeramente menor y una inflación ligeramente más alta.

Sobre la economía de la eurozona, su punto de vista es que la crisis actual "ralentizará temporalmente la recuperación, pero no la detendrá por completo". Al mismo tiempo, recuerdan que persisten otros desafíos estructurales, como la fuerte competencia de China y los aranceles comerciales vigentes de Estados Unidos.

Así, pronostican un crecimiento más débil en el primer semestre del año, seguido de un repunte en el segundo semestre, que culminará en un crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) del 1,1% para 2026. Por su parte, en Danske Bank prevén que el crecimiento moderado continuará en los próximos años. Su proyección es un crecimiento del PIB del 1,3% interanual en 2026 y del 1,4% en 2027.

Según los últimos datos de Eurostat, en 2025, la economía de la zona euro acabó con un crecimiento anual del 1,4% tras registrar en el cuarto trimestre un avance del PIB del 0,2%.

"La actividad económica en la eurozona ha seguido superando las expectativas gracias al buen crecimiento del sector servicios y a que el sector manufacturero ya no supone un lastre para la actividad. Al mismo tiempo, el mercado laboral se mantiene resiliente, con un bajo desempleo y un aumento continuo del empleo. La fortaleza del mercado laboral, combinada con el aumento de los ingresos reales, debería impulsar el consumo privado en ambos años. La débil confianza del consumidor ha provocado un aumento significativo de la tasa de ahorro de los hogares, lo que proporciona un exceso de ahorro para gastar, ya que la confianza debería normalizarse gradualmente durante el horizonte de previsión", exponen.

En su caso, consideran que las economías del sur de Europa serán las de mayor crecimiento.

Además, los analistas de ING destacan que el aumento de los precios de la energía actúa esencialmente como un impuesto externo para hogares y empresas. "Gracias a una alta tasa de ahorro, los consumidores europeos deberían, en general, ser capaces de absorber este aumento de costes. Sin embargo, persiste el riesgo de que la disminución de la confianza impulse a los hogares a ahorrar aún más, en lugar de menos", dicen. "Por supuesto, el aumento de los precios de la energía también impulsará la inflación general", añaden.

Las últimas cifras disponibles indican que, en febrero, la inflación de la eurozona se mantuvo por debajo del objetivo del BCE pese a que repuntó dos décimas, situándose el Índice de Precios de Consumo (IPC) en el 1,9%. Mientras, la inflación subyacente aumentó al 2,4%.

"Dado que es probable que los precios de la energía y los alimentos aumenten la presión alcista en los próximos meses, esperamos que la inflación del segundo trimestre promedie el 2,5%", lo que eleva su previsión de inflación anual al 2,1%, una cifra que "sigue siendo relativamente baja, pero se basa en el supuesto de que solo habrá un aumento temporal de los precios de la energía. Huelga decir que el riesgo está sesgado al alza", afirman.

Para Danske Bank, aunque la inflación subyacente aún se encuentra ligeramente por encima del objetivo, esperan que caiga por debajo del 2% el próximo año "debido a la moderación del crecimiento salarial y, por lo tanto, la inflación de los servicios".

"Se prevé que la inflación de los bienes se mantenga baja en 2026 debido a la fortaleza del euro, pero el aumento de los precios de los insumos de los metales, los precios de la energía y un repunte en el sector manufacturero deberían ejercer cierta presión alcista en 2027. Se espera que el reciente aumento de los precios de la energía debido a la guerra en Irán impulse la inflación temporalmente por encima del objetivo en el segundo y tercer trimestre de 2026. Sin embargo, los futuros de las materias primas muestran solo un aumento temporal en los precios, por lo que se espera que la inflación energética vuelva a disminuir en verano", comentan.

Su pronóstico es que la inflación general promediará el 2,1% interanual en 2026 y el 1,8% en 2027. Aunque creen que los riesgos para las perspectivas de inflación están sesgados al alza este año, ya que los precios de la energía podrían ser más altos de lo esperado. "Si bien se prevé que la inflación supere temporalmente el objetivo del 2% este año debido al aumento de los precios de la energía causado por la guerra en Irán, consideramos que se trata de un efecto temporal", matizan.

En este contexto, el mercado sigue viendo a un BCE es espera. "Desde el episodio de alta inflación de 2022, el BCE ha actuado con cautela al considerar los aumentos de la inflación como temporales. Sin embargo, en este momento, no creemos que un repunte breve de los precios de la energía tenga efectos secundarios significativos. Mientras tanto, las peticiones de nuevos recortes de tipos, generalizadas durante el debilitamiento del dólar a principios de este año, probablemente se hayan visto atenuadas por los acontecimientos recientes", señalan en ING.

En su opinión, el organismo europeo concluirá que mantener los tipos de interés estables es la estrategia prudente en el futuro previsible. Lo mismo estiman en Danske Bank, donde creen que los riesgos para las perspectivas del BCE "están equilibrados, ya que unos precios de la energía más altos de lo previsto que se extiendan a la inflación subyacente podrían obligar al BCE a subir los tipos, mientras que una actividad menor de lo previsto y una rápida caída de los precios de la energía podrían justificar un recorte".

Esperan que el BCE mantenga el tipo de interés oficial sin cambios en el 2% tanto en 2026 como en 2027, "dado que el crecimiento también se ve afectado y que las expectativas de inflación a medio plazo se mantienen estables".

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