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MADRID, 19 JUL. (Bolsamania.com/BMS) .- El “caso Bankia” sigue abierto en los tribunales. De las últimas informaciones que han transcendido del proceso judicial destaca que Unión Progreso y Democracia ha solicitado que la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, testifique. Se exigen responsabilidades a las más altas instancias porque, dos años después de su salida a bolsa, la entidad ahora nacionalizada es para muchos una de las principales responsables de la situación económica de España.

Podría resultar exagerada semejante afirmación, pero no se puede obviar que si hay algo detrás de la crisis de España, es la especulación inmobiliaria, y Bankia es un ejemplo de cómo se infló dicha burbuja. Bankia es Caja Madrid y es Bancaja (además de otras cinco cajas de ahorro más pequeñas), dos entidades muy expuestas al ladrillo y gobernadas a la vieja usanza: bajo el control de los políticos de turno de sus comunidades autónomas de origen, Madrid y Valencia, cunas a su vez de esa burbuja. Refuta la teoría de la culpabilidad que el montante del rescate internacional para el sistema financiero español ronda lo 40.000 millones y sólo Bankia ha consumido más de la mitad. No ayuda a mejorar la imagen del banco que su presidente cuando salió a bolsa era uno de los antecesores de Lagarde en el FMI, Rodrigo Rato, ni que al anterior líder de Caja Madrid, Miguel Blesa, se le haya visto entrar y salir de la cárcel.

La historia del que nació para ser “el nuevo banco de la nueva banca” es de sobra conocida: oscilaciones drásticas de su cotización en bolsa desde que el 20 de julio de 2011 debutaba a 3,75 euros; recapitalizaciones públicas; rescate internacional; canje de preferentes; brusca reducción del valor nominal de las acciones de 2 euros a 0,01 euros; contrasplit en una proporción de 100 a 1; ampliaciones de capital... Hasta llegar a “celebrar” su segundo cumpleaños en los 0,5990 euros, después, recuerden, de esa brusca reducción del valor nominal y de la agrupación de acciones. Bankia empieza acostumbrarse a agridulces aniversarios: el año pasado, 365 días después de salir a bolsa, ya había perdido un 82% de su valor.

M.G.
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