divisas

Los movimientos de las divisas de Europa del Este -corona checa, florín húngaro, zloty polaco y leu rumano- fueron en 2020 de una magnitud nunca vista en años, aunque quizás no tan drástica como en otras regiones, y aunque en estos momentos aún no se han recuperado del todo, las previsiones parecen ser más positivas.

La tercera ola de la pandemia en Europa y el aumento de los rendimientos de los bonos estadounidenses han presionado a las divisas de los mercados emergentes y han favorecido al dólar americano. A pesar de todo, pensamos que la tendencia para la mayoría de las divisas de Europa Central y del Este será la apreciación. De hecho, esta parece la trayectoria descrita en lo que llevamos del segundo trimestre.

En la evolución descrita por estas divisas, el impacto de la pandemia ha tenido una importancia capital. La aparición de cepas más contagiosas a partir de finales de febrero ha empeorado los pronósticos. República Checa fue el país que experimentó el incremento más rápido de contagios, alcanzando de media semanal un nuevo pico a principios de marzo. En los otros países de la región -Hungría, Rumanía y Polonia- este pico ha tardado algo más en alcanzarse, aunque parece que lo peor de la tercera ola para este grupo de países ha quedado, de momento, atrás.

Pero la pandemia no ha sido solo el factor que ha influido en la errática evolución de estas divisas. Otros de carácter externo, como el aumento de los rendimientos de los bonos estadounidenses, la debilidad del euro y el fortalecimiento del dólar, han sido decisivos.

Por tanto, aunque los ánimos hacia las divisas de Europa del Este han estado lejos de ser positivos en los últimos meses, confiamos en el potencial de la mayoría de ellas para recuperarse de la mayor parte de las pérdidas sufridas. Considerando la mala situación actual, hemos adelantado nuestras expectativas de apreciación del zloty polaco y del florín húngaro. Seguimos creyendo que el zloty y la corona checa serán los que mejor se comporten en la región en 2021. En el otro lado de la balanza se encuentra el leu rumano, para el que prevemos una continua, aunque limitada, depreciación. Por supuesto, esto dependerá de cómo se recupere cada economía una vez que se levanten las restricciones.

Hasta ahora, las estrictas restricciones puestas en marcha para frenar el virus han provocado un fuerte deterioro de las economías de estos países, aunque de intensidad más moderada que el experimentado en la Eurozona o en la UE en su conjunto.

De todos ellos, República Checa es el que ha experimentado la peor caída, mientras que Polonia es el que mejor ha aguantado. Los datos del mercado laboral también reflejan algo similar, ya que los cuatro países han sufrido desde que comenzara la crisis un menor aumento de la tasa de desempleo que la mayoría de países de la UE. La tasa de desempleo estacional de la OIT -el mejor indicador para la comparación entre países- aumentó en +0,1 puntos porcentuales en Polonia (hasta el 3,1%), +1 en Hungría (4,5%), +1,4 en la República Checa (3,2%) y +1,5 en Rumanía (5,7%) entre febrero de 2020 y febrero de 2021.

Creemos que estas cuatro monedas -corona checa, florín húngaro, zloty polaco y leu rumano- tienen una ventaja sobre las de los mercados emergentes no europeos por el simple hecho de que sus respectivos países se encuentran en Europa y son todos miembros de la UE. Esto, en nuestra opinión, ha llevado a que se perciba menos riesgo entre los inversores. Además, la mayoría de estas divisas tienen unas bases macroeconómicas muy sólidas, comparables a las de los países más desarrollados, tienen primas de riesgo político limitadas y no dependen de las materias primas. Esto hace que la volatilidad sea normalmente menor que la de muchos de sus homólogos de los mercados emergentes y refuerza nuestra opinión sobre su recuperación. Un problema para estas divisas es que los tipos de interés reales de la región se encuentran ahora en territorio negativo, lo que supone un riesgo.

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