Análisis | Susana Díaz decide lanzarse a la piscina

La presidenta andaluza a buen seguro que habrá calibrado el riesgo que corre porque si finalmente no gana

  • Las dos opciones en liza son la de la abstención para permitir a Rajoy alcanzar la presidencia y la de un PSOE autónomo
Antonio Papell
Bolsamania | 13 mar, 2017 13:06 - Actualizado: 13:07
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En los últimos tiempos, había dudas sobre si Susana Díaz se atrevería o no a dar el complicado paso de presentarse a las primarias socialistas. Ilustres prohombres que la habían animado desde el propio PSOE y desde fuera de él, quizá inseguros ante la ejecutoria de Sánchez, quizá temerosos de ser parte en una derrota ridícula, objetaban abiertamente la decisión. Se han escuchado a modo de argumentos la improcedencia de “desvestir un santo para vestir otro”, la necesidad de que el PSOE cuide su liderazgo andaluz, etc. Pese a ello, la presidenta andaluza ha decidido lanzarse a la piscina, y a buen seguro que habrá calibrado el riesgo que corre porque si finalmente no gana, su carrera política habrá experimentado un revés en buena medida incapacitante. Y si ganase, se encontraría con un partido muy difícil de manejar.

Díaz asegura que esperará al 26 de marzo para solemnizar la decisión, ya que quiere dar tiempo a la gestora que gobierna al PSOE después de la cuartelada para difundir la ponencia política, dirigida por Eduardo Madina (la económica, de José Carlos Díaz, ya se presentó hace días). Infortunadamente, contarán poco estos textos sin duda ponderados y valiosos en la decisión de la militancia, ya que, llegados a este punto, las polarizaciones que suscitan las primarias son dos, y ambas bien conocidas. En primer lugar, y como recordó Pedro Sánchez en Cádiz este pasado fin de semana, las dos opciones en liza son la de la abstención para permitir a Rajoy alcanzar la presidencia y la de un PSOE autónomo y más a la izquierda, proclive a entenderse con Podemos o con un sector de Podemos. Y en segundo lugar, los acontecimientos han suscitado una rivalidad orgánica: la que existe entre los cuadros dirigentes y las bases militantes, ubicados aquellos y estas en trincheras distintas. En estos dos ejes, Susana Díaz representaría la opción abstencionista que la gestora impulsó y tendría la adhesión de los cuadros. Pedro Sánchez representaría la oposición a las fórmulas de ‘gran coalición’ y tendría el aprecio de las bases. Y Patxi López ensayaría una ignota tercera vía a la que no se le ve recorrido alguno.

Los acontecimientos han suscitado una rivalidad orgánica: la que existe entre los cuadros dirigentes y las bases militantes

Si las posiciones no se mueven, parece lógico pensar que Sánchez contaría con ventaja puesto que tiene más adhesiones que sus rivales en el cuerpo electoral. Todo indica que el golpe de mano, que echó abajo con arbitrariedad las decisiones adoptadas por la militancia, ha generado un divorcio notable entre la cúpula y las bases y por el contrario ha establecido una adhesión sentimental entre estas y el defenestrado Sánchez. De cualquier modo, sería poco razonable que los electores no tuvieran en cuenta el trasfondo de la cuestión, los malos hábitos adquiridos por el PSOE y el modelo de partido que se pretende erigir.

Por un lado, alguien ha recordado en la prensa que, “desde 2011, en el PSOE la guerra interna se reanuda al día siguiente de elegir a un secretario general”. Cuando Rubalcaba ganó el congreso en febrero de 2012 frente a Carme Chacón por estrechísimo margen, dio paso también a una enconada guerra interna que acabó con su dimisión en 2014… Su sucesor, Sánchez, elegido en primarias frente a dos contendientes, fue derribado el pasado octubre por la cúpula del partido en un auténtico golpe de estado interno… Lo que indica una gran incapacidad de la mayoría, sea cual sea, para integrar a las minorías. Si no se reflexiona sobre este asunto, los congresos no harán más que ratificar rupturas insolubles.

Por otro lado, la candidatura de Susana Díaz podría servir para analizar fría y objetivamente la trayectoria de PSOE andaluz, que ha padecido fenómenos de corrupción notables y que, en el gobierno durante toda la etapa democrática, ha sido incapaz de sacar a Andalucía de los últimos lugares del ránking de las comunidades autónomas. Susana Díaz representaría en fin un “socialismo de vieja escuela” –el concepto ha circulado también por los medios- que no parece el más adecuado para resolver los déficit de la socialdemocracia europea ni para reconstruir aquí una izquierda moderna.

Lo más necesario, en fin, en la actual encrucijada socialista es que los tres candidatos se preparen para el día después, en el sentido de que prevean de antemano las fórmulas de integración, las vías de reconstrucción de una unidad que es indispensable para que un día el PSOE pueda contribuir sistemáticamente a la gobernabilidad del país y recupere claramente la hegemonía en su hemisferio ideológico, en detrimento de las propuestas populistas.

Antonio Papell

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