• Los 'comuns' harán de "amortiguador entre las fuerzas independentistas y las que han apoyado el 155"
  • La propuesta del PSC, "la más arriesgada y novedosa"
  • Las posiciones de ambas facciones no tienen nada nuevo que aportar
ep primer plano cpuigdemont junqueras

Las cartas ya están sobre la mesa. El mapa de partidos para las elecciones catalanas del 21 de diciembre ha acabado de concretarse y exhibe una gran fragmentación de opciones, lo que hace predecir un resultado tan incierto como lo es el futuro de la región tras la cita con las urnas. Sin coaliciones previas, los partidos tratan de acordar puntos unitarios en sus programas y perfilar futuros gobiernos de concentración, mientras algunas fuerzas hacen del ‘no casarse con nadie’ su estrategia electoral.

Así, se dibujan dos grandes bloques: el frente constitucionalista, donde se ubican el PP, Ciudadanos y un más matizado PSC; y el independentista, que con la mayor parte de sus líderes encarcelados ha optado por concurrir a las elecciones por separado. ERC tendrá que arañar cada voto para cumplir con las proyecciones de los sondeos, que les dan como seguros ganadores, y el PDeCAT, “bastante tiene con tenerse en pie”, señala Ignacio Martín Granados, miembro del consejo directivo de Asociación Comunicación Política (ACOP). La CUP, por su parte, ha acabado por claudicar y estará presente en unas elecciones en las que aspira a retener gran parte de su electorado.

Y sin definirse en ninguno de los dos bandos se encuentran 'los comuns', el grupo que hará de “amortiguador entre fuerzas independentistas y fuerzas que han apoyado el 155”, señala Jordi Pacheco i Canals, decano del Colegio de Politólogos y Sociólogos de Barcelona (Colpis). La confluencia de Podemos y Catalunya Sí Que Es Pot, encabezada por el actual diputado en el Congreso de la formación morada, Xavier Domènech, ha pulido su perfil y ha buscado situarse justo en medio, con una “estrategia del ni-ni” -ni independencia ni 155- que está por ver qué resultados le otorga, apunta el politólogo.

Se dibujan dos grandes bloques: el frente constitucionalista, donde se ubican el PP y Ciudadanos y un más matizado PSC, y el independentista

LA ESTRATEGIA DEL “NI-NI”

La fuerza, que también integra Barcelona en Comú de Ada Colau -que cierra su lista-, ha dado pasos en las últimas semanas destinados a ocupar con toda claridad el espacio que se ubica entre las dos grandes facciones. Por un lado, se han desprendido del ex secretario general de Podem, Albano Dante Fachín, y de su entorno, que se había ‘contagiado’ del independentismo últimamente. Su dimisión llegó a raíz de la convocatoria, por parte de la dirección estatal de la formación morada, de una consulta a los inscritos en Podem para forzar la coalición con Catalunya en Comú, cuando la ejecutiva catalana, el Consell Ciutadà Català (CCC), había decidido establecer una ronda de contactos con las formaciones favorables al derecho a decidir dada la excepcionalidad del momento que vive Cataluña.

Y mientras limpiaban la mácula independentista, Colau rompía su pacto con el PSC en la alcaldía de Barcelona, para alejar cualquier sospecha de simpatía hacia quienes habían sido los socios de la alcaldesa de la capital catalana durante poco más de un año. El objetivo, de nuevo, ser absolutamente equidistantes, también de las fuerzas que han apoyado la aplicación del artículo 155 de la Constitución, al calor del cual el Ejecutivo de Mariano Rajoy cesó al anterior Govern y convocó los comicios autonómicos que se celebrarán el 21 de diciembre.

“Aún no están claras las consecuencias de la jugada de Colau en Barcelona”, comenta Martín Granados. A falta de encuestas más recientes, el último estudio del Centre de Estudis i Opinió de la Generalitat de Cataluña, publicado a finales de octubre y anterior, por lo tanto, de los últimos movimientos en ‘los comuns’, otorgaba a la candidatura una horquilla de 12 a 14 escaños -hasta ahora tenían 11-.

No obstante, Pacheco i Canals cree que seguirán ostentando la suficiente representación en el arco parlamentario catalán como para “convertir en insignificante” cualquier movimiento de escaños que se produzca entre los constitucionalistas y los independentistas.

UN PUÑADO DE ESCAÑOS

Si se incrementa la participación, el bando constitucionalista puede añadir entre 3 y 5 escaños a lo sumo

En este sentido, ambos consultores políticos no creen que los resultados en las urnas difieran sobremanera de los conseguidos el 27-S. “Va a haber que pelear hasta el último voto porque hay poco margen de cambio”, argumenta el miembro de la ACOP. “Si se incrementa la participación, estamos hablando de un volumen de asientos marginal, entre 3 y 5 a lo sumo, que puede añadir el bando constitucionalista”, elabora el decano del Colpis.

Pero tomando como referencia la parte superior de las horquillas que proyecta la encuesta del CEO, ocuparían 56 asientos en la Cámara catalana. Justo 12 por debajo de lo que necesitarían para sumar una mayoría no independentista -se necesitan 68 escaños-.

Sin embargo, especialmente Ciudadanos, ya está acariciando la silla de president de la Generalitat. Presidenta en este caso. “En esta etapa todos los partidos se ven como caballo ganador, que es uno de los aspectos fundamentales de la comunicación política, con el que buscan disuadir a los contrarios”, explica Martín Granados.

La formación naranja cree que tiene posibilidades de formar un Gobierno de concentración a partir del 22 de diciembre con su candidata, Inés Arrimadas, como futura líder del Ejecutivo catalán. El presidente del partido, Albert Rivera, ha declarado que las fuerzas que defienden la Constitución pueden encontrar “puntos en común” y confía en que finalmente la "presión" de los votantes del PSC y de Podemos, a los que considera no separatistas, hará que estos dos partidos se inclinen por hacer presidenta de la Generalitat a su candidata antes que pactar un tripartito con ERC. Para ello, espera que los 'comuns' logren "muy pocos votos" y así se vean obligados a sumarse al bloque constitucionalista.

Desde el PP, Xavier García Albiol es menos ambicioso, y tiene claro que ‘los comuns’ están instalados en otra dinámica y sólo aspira a que sean Ciudadanos y el PSC quienes acaben “con la etapa del independentismo en Cataluña”.

EXPERIMENTO DEL PSC

El primer secretario de los socialistas catalanes, Miquel Iceta, se deja querer y pasa de puntillas por este futuro pacto de gobierno con PP y Ciudadanos. Y de sus declaraciones se desprende que no está tampoco por la labor de reeditar un tripartito con ERC -“No puedo hacer presidente a una persona independentista”, ha dicho-, aunque todavía mantiene coaliciones de gobierno con los republicanos en algunos ayuntamientos.

El PSC es quien lo tiene más complicado, “está del lado de quienes han apoyado el 155 y, a la vez, tienen que hacer guiños a un catalanismo moderado dentro del constitucionalismo”

A nadie escapa que la lista que ha presentado el PSC es la más arriesgada. La inclusión del sector más moderado de la extinta Unió, con el exconseller Ramon Espadaler como número tres de sus candidatura es “una apuesta inteligente”, valora Martín Granados. “Ha optado por lo mismo que los ‘comuns’ que es la transversalidad”, prosigue el consultor que no niega que su propuesta esté exenta de peligro. “Si le sale bien, diremos que Iceta es un genio y si le sale mal todo el mundo señalará que era imposible que llegara a buen puerto, no obstante se tiene que apreciar que es innovador”, redondea.

De todos los partidos, los socialistas catalanes lo tienen más complicado. “Están del lado de quienes han apoyado el 155 y, a la vez, tienen que hacer guiños a un catalanismo moderado dentro del constitucionalismo, que es el que encarna Unió”, añade Pacheco i Canals, por su parte, pero minimiza el impacto de este electorado: “Son a lo sumo 100.000 votos, más, tal vez, el entorno del exconseller Santi Vila”.

EL RIESGO DE LA DESMOVILIZACIÓN

Cierran el repaso al espectro electoral catalán los partidos independentistas. Martín Granados opina que el PDeCAT, ERC y la CUP adolecen del mismo mal que el PP y Ciudadanos: “No son capaces de aportar nada nuevo”. Con una salvedad. Los republicanos esperan con su estrategia de no reeditar Junts pel Sí lograr una victoria histórica, ya que algunas encuestas les otorgan su mejor resultado desde la II República.

Así, los pesos pesados del Govern cesado, los que están en prisión y quienes permanecen el Bruselas, se han diseminado en las candidaturas de los partidos. Los exconsellers de Exteriores, Raül Romeva, Justicia, Carles Mundó y Sanidad, Toni Comín o la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, irán en las listas republicanas.

El PDeCAT, por su parte, se queda con el resto de exconsellers que repetirán otra legislatura, entre ellos el de Territori, Josep Rull, la de Ensenyament, Clara Ponsatí o el expotavoz, Jordi Turull. La antigua Convergència ha impulsado la lista Junts per Catalunya, en la que sus siglas quedan diluidas, que encabeza el president cesado, Carles Puigdemont y que llevará de número dos al expresidente de la ANC, encarcelado desde hace más de un mes en Soto del Real, Jordi Sánchez. Igual que en Junts pel Sí, la lista la integran personalidades destacadas de la sociedad civil catalana.

“Si el bloque soberanista pierde fuelle porque la gente se desencante o se desactive, sí se pueden ver sensiblemente alterados los resultados”

Todo con el objetivo de que no decaiga la movilización. “Si el bloque soberanista pierde fuelle porque la gente se desencante o se desactive, sí se pueden ver sensiblemente alterados los resultados”, avisa Pacheco i Canals. A poco más de un mes de las elecciones, el decano del Colegio de Politólogos de Cataluña cree que este es el gran enemigo que ambos bandos deben batir. En este sentido, apunta que “el mayor riesgo lo corre la facción constitucionalista, ya que ha logrado tomar la calle más recientemente y sólo se ha puesto en marcha en cuanto ha visto que el independentismo era palpable”. Por tanto, “ante la moderación del soberanismo y viendo que las aguas vuelven a su cauce”, se puede desinflar rápidamente”, cree el politólogo.

Se alinea Martín Granados con esta idea y también expone que el papel de los actores del proceso es clave: “Es fundamental ver cómo se juega la baza de los exconsellers encarcelados y los que están en Bélgica”, ya que “se puede decantar a favor de una u otra facción, puesto que también tendrá peso el papel que desempeñe el Estado, que puede invitar a la Justicia a que resuelva estos casos de forma más o menos rápida”, subraya. Por otra parte, considera que si quedan invalidados para ejercer cargos públicos, el independentismo habrá “quemado muy rápido a sus protagonistas políticos” y tendrá que elegir nuevos líderes que "pueden tener un perfil más radical y tal vez no son los más indicados para liderar las negociaciones posteriores a las elecciones”.

Por todo lo anterior, ninguno de los expertos consultados se atreve a vaticinar claramente unos resultados y qué panorama se puede dibujar a partir del día 22 de diciembre. Para el miembro de la junta directiva de ACOP sólo hay una cosa clara: “Estamos en el terreno de la política ficción porque Cataluña nos ha demostrado en los últimos meses que todo entra dentro de lo posible”.

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