
Con una revalorización anual de alrededor del 70%, es fácil argumentar que el oro ha sido uno de los activos de moda en 2025. El metal precioso no ha dejado de subir en los últimos doce meses, ha marcado un nuevo máximo histórico tras otro —el último, tras superar los 4.500 dólares por primera vez— y se encamina a cerrar el que ha sido su mejor año desde 1979.
Preocupaciones comerciales, la menor demanda del dólar estadounidense, las tensiones geopolíticas —en Ucrania, Oriente Próximo y ahora en Venezuela— y el aumento de las compras de los bancos centrales se han combinado para crear las condiciones ideales para este repunte histórico. Además, todo ello ha vuelto a poner de manifiesto su condición de activo refugio por excelencia debido a su baja correlación con otras clases de activos, por lo que puede actuar como un seguro durante mercados a la baja y periodos de tensión geopolítica.
Sin embargo, los analistas de JP Morgan creen que hay dos factores adicionales que han impulsado el rally del oro. El primero, su capacidad de ejercer como cobertura frente a la devaluación, ya que invertir en oro también es "una forma de protección contra la pérdida del poder adquisitivo de una moneda" debido a la inflación o la depreciación monetaria, especialmente en un momento en el que el IPC se mantiene en niveles elevados y el dólar flojea frente a otras divisas. El segundo, su papel "más tradicional" de competidor sin rendimiento frente a los bonos del Tesoro estadounidense y los fondos del mercado monetario.
"En el tercer trimestre de 2025, la demanda de oro por parte de inversores (fondos cotizados o ETFs, futuros, lingotes y monedas) y bancos centrales totalizó alrededor de 980 toneladas, más de un 50% por encima del promedio de los cuatro trimestres anteriores", apunta Gregory Shearer, director de estrategia de metales básicos y preciosos en la entidad estadounidense.
Tras las recientes subidas de precios, el aumento de la demanda es "aún más llamativo" desde una "perspectiva nominal", ya que unas 950 toneladas se traducen en unos 109.000 millones de dólares de entradas trimestrales de demanda a precios promedio del oro de 3.458 dólares/onza en el tercer trimestre de 2025, es decir, alrededor de un 90% más que el promedio de los cuatro trimestres previos.
Y el futuro debería ser todavía más brillante para el metal precioso. Así lo afirma Natasha Kaneva, directora de estrategia global de materias primas en JP Morgan, quien cree que las tendencias que han impulsado al oro "aún no se han agotado". "Este rally no ha sido, ni será, lineal, pero la tendencia de largo plazo de diversificación de reservas oficiales e inversores hacia el oro aún tiene recorrido. Esperamos que la demanda de oro impulse los precios hacia los 5.000 dólares/onza a finales de 2026", sentencia.
En general, JP Morgan Global Research pronostica precios promedios de 5.055 dólares por onza para el último trimestre de 2026 y ve al oro acercándose a los 5.400 dólares/onza para finales de 2027.
DOS PROTAGONISTAS
Según JP Morgan, la continuidad de la fuerte demanda de oro se proyecta en un promedio de 585 toneladas trimestrales, las cuales serán adquiridas, mayormente, por dos actores principales: los inversores y los bancos centrales.
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"De cara a 2026, prevemos alrededor de 585 toneladas de demanda trimestral de inversores y bancos centrales en promedio, compuestas por unas 190 toneladas trimestrales de bancos centrales, 330 toneladas trimestrales en demanda de lingotes y monedas, y 275 toneladas de demanda anual de ETF y futuros, principalmente concentrada a comienzos del próximo año", detalla Shearer.
Como regla general, esta relación —que explica alrededor del 70% del cambio trimestre a trimestre en el precio del oro— implica que se necesitan aproximadamente 350 toneladas o más de demanda neta trimestral de inversores y bancos centrales para que los precios del oro suban cada trimestre. "Cada 100 toneladas por encima de 350 representan alrededor de un aumento del 2% trimestral en el precio del oro", añade el equipo de expertos de la firma neoyorquina.
En cuanto a los bancos centrales, JP Morgan Global Research cree que todavía hay margen para que sigan acumulando oro, a pesar de encadenar tres años consecutivos con compras de 1.000 millones de toneladas de este metal. En concreto, la entidad estadounidense espera que adquieran alrededor de 755 toneladas de oro en los próximos doce meses, cifra por debajo del trienio anterior, pero sustancialmente por encima los niveles previos a 2022, de 400-500 toneladas.
Esta disminución, explica JP Morgan, es más "un ajuste mecánico" en el comportamiento de los bancos centrales que un cambio estructural. "Con precios en torno a los 4.000 dólares/onza o superiores, los bancos centrales simplemente no necesitan adquirir tantas toneladas para ajustar su proporción de reservas de oro al porcentaje deseado", añade.
A nivel mundial, las reservas de oro de los bancos centrales ascienden a casi 36.200 toneladas y representan casi el 20% de las reservas oficiales, frente al 15% aproximadamente a finales de 2023, según datos reportados por el FMI hasta finales de 2024. Si los bancos centrales con una participación inferior al 10% aumentaran sus tenencias hasta el 10% a un precio de 4.000 dólares/onza, esto, estima JP Morgan, "requeriría un cambio nominal hacia el oro de alrededor de 335.000 millones de dólares, o el equivalente a unas 2.600 toneladas de compras". Incluso a 5.000 dólares/onza, el mismo ejercicio "implicaría un cambio nominal de 194.000 millones de dólares, o el equivalente a 1.200 toneladas de compras".
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"Teniendo esto en cuenta, seguimos de cerca a los mayores tenedores de reservas con una participación de oro reportada por debajo del 10%. Brasil informó de compras de 15 toneladas en septiembre y otras 16 en octubre, mientras que el Banco de Corea también mencionó públicamente 'planes para considerar compras adicionales de oro desde una perspectiva de medio y largo plazo'", señala Shearer. Y todo ello, agrega, a pesar de que algunos de los mayores compradores en los últimos años han sido bancos centrales cuyas tenencias de oro ya superan el 10%.
Pero los bancos centrales no han sido los únicos en incrementar sus tenencias de oro. Y es que las posiciones de los inversores en futuros siguen siendo largas, es decir, con la expectativa de que el precio suba en el futuro. Cabe señalar que las posiciones en futuros son solo una parte relativamente pequeña del total de las tenencias de oro de los inversores, que también incluyen los ETFs de oro y los lingotes y monedas físicos.
JP Morgan Global Research pronostica una demanda de inversores "robusta y sostenida" para el oro, con alrededor de 250 toneladas de entradas en ETF en 2026, mientras que la demanda de lingotes y monedas volverá a superar las 1.200 toneladas anuales.
"Si bien la participación del oro en el total del AUM de los inversores ha crecido alrededor de un punto porcentual en los últimos dos años a medida que los precios y la demanda han aumentado, aún vemos potencial para que este porcentaje avance hacia el 4% o el 5% en los próximos años", apunta Shearer.
Asimismo, los ETFs de oro podrían seguir atrayendo entradas en los próximos meses debido a la expectativa de un ciclo de relajación monetaria por parte de la Reserva Federal (Fed), lo que podría brindar apoyo a los precios. También existe un mayor potencial para que el universo de propietarios de oro crezca el próximo año, con fuentes que van desde compañías de seguros chinas hasta el sector cripto.
"Si bien sigue siendo difícil precisar los catalizadores y flujos que impulsarán los precios al alza, mantenemos una fuerte convicción de que la demanda de oro tendrá suficiente impulso para seguir empujando los precios hacia los 5.000 dólares/onza en 2026", concluye Shearer.