
La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en la protagonista indiscutible del mercado de valores. Y por derecho propio. Las compañías más expuestas a esta tecnología, como Nvidia, Microsoft u Oracle, vuelan en bolsa desde hace tiempo y aglutinan miles de millones de euros en inversiones a corto, medio y largo plazo, en una especie de ciclo virtuoso que parece no tener fin.
Sin embargo, cada vez son más las voces que alertan sobre el peligro que supone esta concentración en el sector tecnológico y la apuesta casi total por una sola tecnología. A comienzos de octubre, Jeff Bezos, presidente ejecutivo de Amazon, reconocía abiertamente una cuestión que divide a los analistas: la IA empieza a dar señales de estar en una burbuja.
Según Bezos, los precios de muchas acciones están "desconectados de los fundamentos" de una empresa. Para el fundador de Amazon, la gente "se entusiasma mucho" durante estos períodos y "cada experimento o idea recibe financiación", ya sea "buena o mala". "Y a los inversores les cuesta, en medio de este entusiasmo, distinguir entre las buenas y las malas ideas. Y eso probablemente también esté sucediendo hoy", ha comentado.
No obstante, Bezos cree que una burbuja industrial, como en la que parece estar inmersa la IA, puede llegar a ser beneficiosa, ya que la sociedad puede acabar beneficiándose de estas invenciones una vez "se asiente el polvo y se vea quiénes son los ganadores". Si es que estamos en una burbuja, claro.
¿Y SI NO HAY BURBUJA?
Esa es la tesis de Peter Oppenheimer, estratega jefe global de renta variable de Goldman Sachs Research, quien cree que la salud financiera de las empresas tecnológicas sigue siendo "sólida".
Para este experto, aunque el entusiasmo de los inversores por la IA ha impulsado las valoraciones de las tecnológicas, esas métricas "se basan en fundamentos sólidos más que en la especulación". Y es que el sector está liderado por empresas más que consolidadas, no por un conjunto de 'startups' con poca capitalización y menos recorrido.
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"La apreciación del sector tecnológico ha sido, hasta ahora, impulsada por un crecimiento fundamental más que por una especulación irracional sobre el crecimiento futuro. Aunque las valoraciones del sector tecnológico se están volviendo elevadas, aún no alcanzan niveles consistentes con las burbujas históricas", señala Oppenheimer.
Según el analista de Goldman Sachs, el liderazgo del mercado está "altamente concentrado", ya que las diez principales empresas de Estados Unidos representan casi una cuarta parte del mercado global de renta variable. De ellas, ocho pertenecen al sector tecnológico, un nivel de concentración "inusual" que "plantea riesgos". No obstante, sectores como el financiero, el de transporte o el energético "también fueron dominantes durante décadas sin que necesariamente terminaran en crisis".
Al mismo tiempo, el mercado de salidas a bolsa (OPV) y de adquisiciones y fusiones se está "calentando". Ahí, Oppenheimer reconoce que están "empezando a aparecer señales de exceso", ya que las primas del primer día –la rentabilidad entre el precio de la oferta y el precio de cierre en el primer día de cotización– han alcanzado un promedio del 30% en Estados Unidos, un nivel no visto desde la burbuja de los puntocom a finales de los años noventa y comienzos del actual siglo.
Sin embargo, la situación actual difiere mucho de la de entonces. "Aunque esto ha fomentado la especulación, está muy lejos de los cientos de OPV especulativas y emisiones secundarias que financiaron la expansión rápida a comienzos del siglo XXI. De hecho, la mayoría de la inversión tecnológica reciente proviene de gasto de capital disciplinado por parte de empresas establecidas, que financian sus proyectos internamente y no mediante un apalancamiento riesgoso", señala Oppenheimer.
Del mismo modo, este experto reconoce que el riesgo de sobreinversión por parte de las grandes tecnológicas es "real". Así, el "fuerte" aumento del gasto de capital, especialmente en IA y centros de datos, podría no generar retornos "proporcionales" y, por tanto, exponer a los inversionistas a una corrección.
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No obstante, las proporciones de gasto de capital sobre ventas todavía se mantienen por debajo de los niveles de burbujas históricas y el apalancamiento está "contenido". "La mayor parte del gasto se financia con flujo de caja interno, no con deuda, y el nivel de inversión en relación con el flujo de caja libre es significativamente inferior al observado a fines de los noventa", agrega.
Por ello, Oppenheimer resta importancia a los recientes aumentos en la emisión de bonos entre las 'big tech'. El asunto, afirma, requiere atención, pero la salud financiera general de estas compañías es "sólida", lo que limita la exposición económica más amplia. A ello hay que añadir que los balances de los bancos y del sector privado reducen la probabilidad de que una fuerte corrección tecnológica se transforme en un riesgo sistémico.
"Una diferencia clave en el ciclo actual es la diversificación de los rendimientos bursátiles más allá de las grandes empresas tecnológicas estadounidenses. Los mercados europeos, los sectores de valor y las industrias cíclicas emergentes han comenzado a superar el rendimiento de las tecnológicas, ofreciendo a los inversionistas más oportunidades de diversificación que en los anteriores repuntes dominados por la tecnología", sentencia Oppenheimer.
Además, el experto de Goldman Sachs subraya que la IA está cada vez más vinculada a la infraestructura física (energía, recursos, bienes de capital), lo que "conecta la fortuna del sector tecnológico con la economía en general".
Por todo ello, Oppenheimer cree que el mayor riesgo al que se pueden enfrentar los inversores es que las ganancias "decepcionen" y que, por tanto, "comiencen a cuestionar la sostenibilidad de sus tasas actuales de rentabilidad".
Así, recomienda a los inversores aumentar la exposición a regiones y sectores para reducir la dependencia del sector tecnológico; vigilar de cerca los resultados y la disciplina de 'capex' de las empresas líderes; o identificar nuevos participantes con modelos de negocio "escalables y sostenibles".
También sugiere considerar los beneficios para sectores adyacentes y mantenerse alerta ante un posible aumento de la financiación con deuda para evitar que una eventual burbuja les coja desprevenidos.
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