
¿Y si el verdadero riesgo de la inteligencia artificial es que funcione demasiado bien? Esa es la provocadora paradoja que plantea Citrini Research en un informe que no pretende predecir el futuro, sino someter al mercado a un ejercicio de imaginación incómodo: qué ocurriría si la revolución de la IA cumple todas sus promesas.
En su estudio, desarrollado junto al analista Alap Shah, la firma dibuja un escenario hipotético situado en 2028 en el que la tecnología ha hecho a las empresas extraordinariamente eficientes, pero ha dejado a millones de trabajadores sin el poder adquisitivo que sostenía la economía.
“No es alarmismo ni un relato apocalíptico”, advierten. Es simplemente una prueba de estrés para un mercado que hoy está fascinado con los chips… y quizá no está mirando la factura.
LA EXPLOSIÓN DE LOS BENEFICIOS… Y LA PESADILLA DEL CONSUMO
El escenario que plantea Citrini arranca con una imagen que hoy parece lejana pero que, según el informe, podría desarrollarse en pocos años. En junio de 2028, el desempleo en Estados Unidos alcanza el 10,2% y el S&P 500 acumula una caída cercana al 50% desde los máximos de 2026.
Lo contradictorio es que el origen del problema no sería una crisis clásica, sino el éxito inicial de la propia inteligencia artificial. En los primeros años del 'boom' tecnológico, las empresas empiezan a sustituir trabajadores por sistemas automatizados, lo que dispara los márgenes y los beneficios corporativos.
“En el punto de partida de este planteamiento, la euforia es palpable: el S&P empieza a coquetear con los 8.000 puntos y el Nasdaq supera los 30.000”, describen los expertos.
Pero el mismo proceso que impulsa los beneficios empieza a erosionar la base de la economía. La productividad se dispara gracias a la automatización, pero los salarios reales se estancan o caen a medida que desaparecen empleos cualificados.
Citrini resume este fenómeno con un concepto tan inquietante como ilustrativo: ‘Ghost GDP’. Se trata de un crecimiento que aparece en las estadísticas macroeconómicas, pero que no llega a los bolsillos de los ciudadanos. O dicho de otra forma: las máquinas producen cada vez más… mientras los consumidores tienen cada vez menos dinero para gastar.
EL BUCLE QUE EMPOBRECE A LOS CONSUMIDORES
El informe describe lo que denomina la “espiral de sustitución de la inteligencia humana”. El mecanismo es sencillo, pero potencialmente devastador para el equilibrio económico.
La inteligencia artificial mejora, las empresas reducen plantilla, el gasto de los hogares cae y las compañías reaccionan invirtiendo todavía más en IA para reducir costes. Ese nuevo salto tecnológico permite sustituir más empleos, lo que vuelve a debilitar el consumo. “Es un bucle de retroalimentación negativa sin freno natural”, advierten.
El problema no es solo laboral. Durante décadas, la economía estadounidense ha estado impulsada por el gasto de los hogares, especialmente de los trabajadores cualificados con altos ingresos. Si esos empleos desaparecen o pierden poder adquisitivo, la demanda que sostiene a buena parte del tejido empresarial empieza a debilitarse.
En otras palabras: la tecnología hace a las empresas más eficientes, pero al mismo tiempo empobrece al cliente que debe comprar sus productos.
CUANDO DESAPARECE LA FRICCIÓN ECONÓMICA
El impacto de la inteligencia artificial no se limitaría al mercado laboral. Según Citrini, la automatización también podría alterar profundamente muchos modelos de negocio basados en la intermediación.
Los agentes de IA capaces de comparar precios, negociar contratos o realizar compras de forma automática reducen la llamada “fricción económica”: el tiempo, la pereza o la falta de información que durante décadas permitió prosperar a muchas plataformas digitales.
“Un agente no tiene pantalla de inicio”, señalan los analistas para explicar por qué aplicaciones como las de reparto o los agregadores de servicios podrían perder gran parte de su ventaja competitiva. Las máquinas comparan precios en segundos y eligen siempre la opción más barata.
Ese proceso amenaza sectores enteros basados en comisiones o intermediación, desde el comercio electrónico hasta las plataformas de pagos.
DEL PROBLEMA SECTORIAL AL RIESGO SISTÉMICO
A medida que el fenómeno se extiende, el impacto deja de ser un problema limitado a la tecnología o al software. El informe advierte de que podría acabar afectando al conjunto del sistema financiero.
El motivo es que buena parte del crédito y de las valoraciones empresariales actuales se basan en una premisa aparentemente sólida: que los trabajadores seguirán teniendo ingresos suficientes para sostener el consumo y pagar sus deudas.
Si la sustitución tecnológica reduce de forma estructural los ingresos de los profesionales cualificados, esa base podría empezar a resquebrajarse. El informe menciona como posible foco de tensión el mercado hipotecario estadounidense, valorado en unos 13 billones de dólares.
“¿Siguen siendo seguras las hipotecas de alta calidad si los ingresos de los trabajadores cualificados dejan de ser estables?”, se preguntan los analistas.
Y es que, si esa tensión termina trasladándose al sistema financiero, Citrini cree que el ajuste bursátil podría ser mucho mayor. “Si estos temores se materializan, la caída de la renta variable podría llegar a rivalizar con la de la crisis financiera global”, advierten.
En ese escenario, el S&P 500 podría llegar a sufrir un desplome comparable al de 2008, cuando el índice perdió un 57% desde máximos hasta mínimos.
QUÉ SIGNIFICA ESTO PARA LOS INVERSORES
Para los inversores, el ejercicio que propone Citrini no es una predicción, sino una advertencia estratégica. La pregunta clave no es si este escenario ocurrirá exactamente así, sino cuánto dependen hoy las valoraciones del mercado de una economía basada en trabajadores cualificados con altos ingresos y fuerte capacidad de consumo.
En ese contexto, el informe sugiere que los activos más beneficiados podrían ser aquellos directamente ligados a la infraestructura tecnológica (semiconductores, centros de datos o redes energéticas) que alimentan el crecimiento de la IA.
En cambio, los modelos de negocio basados en comisiones, intermediación o fidelidad del consumidor podrían enfrentarse a un entorno mucho más competitivo si los agentes automatizados se convierten en protagonistas del comercio digital.
La conclusión de Citrini es deliberadamente ambigua. El escenario descrito puede no materializarse, pero sirve para recordar que la transformación tecnológica rara vez es lineal.
“La inteligencia humana ha sido durante siglos el recurso más escaso de la economía”, señalan los autores. Si ese recurso deja de ser escaso por primera vez en la historia, el sistema económico tendrá que reinventarse.
El canario sigue cantando. Pero el informe deja una advertencia que el mercado quizá todavía no quiere escuchar: el mayor riesgo de la inteligencia artificial no es que fracase… sino que tenga demasiado éxito.

