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La baja presión en los precios y la inflación por debajo de cero preocupan al Banco Central Europeo (BCE), que sin embargo no ha dado señales claras de que vaya a cambiar su política monetaria de forma inminente. La presidenta del organismo, Christine Lagarde, y el economista jefe del instituto emisor, Philip Lane, han participado en una sesión de consultas con organizaciones no gubernamentales enmarcada en los trabajos de la revisión estratégica del banco central.

En la primera revisión de su estrategia en 17 años, el BCE busca redefinir su objetivo de inflación. También diseñará su papel en la lucha contra el cambio climático, para fomentar la inclusión, llegar a la sociedad civil y empoderar a las mujeres.

"El punto óptimo es una inflación baja por encima de cero". "Es una muy mala idea que la inflación se vuelva negativa", ha señalado Lane a su turno. La revisión debe concluir a mediados del próximo, pero el objetivo de inflación revisado podría introducirse a principios del próximo año.

Con docenas de organizaciones no gubernamentales hablando directamente con Lagarde y Lane, la mayor crítica se dirigió al BCE por utilizar herramientas contundentes que benefician desproporcionadamente a los ricos y llegan demasiado despacio a la economía real.

Comprando billones de euros de deuda, el BCE espera impulsar la economía de la zona euro recortando los costes de los préstamos en general, una estrategia que, según los críticos, tarda demasiado en llegar a los más vulnerables.

"Equivale a tratar de reponer el océano vertiendo agua en la cima del Monte Everest", dijo Martin Schmalzried de la asociación Coface Families Europe, según Reuters.

Varias ONG también criticaron al BCE por limitarse a hablar de la lucha contra el cambio climático, mientras que sus compras de bonos sobredimensionados benefician en realidad a algunos de los mayores contaminadores del continente.

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