Erik Poppe revive en plano secuencia la matanza de 'Utoya': "Cada vez hay más gente con ideas extremistas"

Europa Press | 18 jul, 2019 18:09
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El director de la película 'Utoya', Erik PoppeERIK BURAAS

MADRID, 18 (EUROPA PRESS)

El cineasta noruego Erik Poppe revive la matanza perpetrada por el terrorista Anders Breivik en la isla de Utoya (Noruega) hace ocho años, con una película que invita a reflexionar sobre el horror en un plano secuencia de una hora y media que, tras presentarse en la pasada edición de la Berlinale con división de opiniones, llega este viernes a los cines españoles bajo el titulo de 'Utoya. 22 de julio'.

"El terrorista quería plasmar su discurso de odio en acción directa y ahora nos damos cuenta de que ese discurso se ha introducido en el mundo político: vemos a líderes de gran importancia en Europa que usan esas mismas palabras", ha señalado el director durante una entrevista telefónica concedida a Europa Press con motivo del estreno de la cinta en España.

Según ha indicado, uno de los objetivos que le movió a hacer esta película era demostrar que el mundo de hoy "está altamente polarizado" y que "cada vez hay más gente con ideas extremistas". "Cada vez hay un discurso más anclado en el odio y estos discursos llevan a ideas totalmente locas, lo que llevó a esta persona a plasmar sus palabras en acción directa", ha argumentado el director de otras cintas como 'La decisión del rey' o 'Mil veces buenas noches'.

Poppe (Oslo, 1960) ha querido revivir lo que ocurrió en su ciudad natal para "conseguir una reacción entre la gente corriente" acerca de lo que significó este atentado. El 22 de julio de 2011, la capital noruega sufrió un atentado, al que le siguió minutos más tarde una matanza en la isla cercana de Utoya, donde fallecieron 77 personas y más de un centenar resultaron heridas, en su mayoría adolescentes que disfrutaban de un campamento juvenil del Partido Laborista Noruego.

Tanto la explosión con la masacre fueron perpetradas por la misma persona: Anders Breivik, que entonces tenía 32 años y que en la cinta de Poppe aparece representado por una sombra que acecha a los jóvenes, sin una sola imagen que humanice al asesino.

Tal y como ha justificado, a diferencia de otras películas, entre las que cita a 'Elephant' de Gus Van Sant, que parecen "centrarse en el terrorista", su objetivo aquí "crear un debate" y no colocarse en la perspectiva del asesino, sino en el punto de vista de la víctima y ser "leal" a su mirada. "No es una historia de héroes sino de seres humanos normales y corrientes. Quería crear la mayor empatía posible con las víctimas", ha puntualizado el director, quien ha contado con 40 supervivientes de la masacre como asistentes de dirección.

En este sentido, rechaza las críticas de "amoral" que recibió la cinta tras la Berlinale, donde causó un efecto desigual en el público. "La película nos trae una historia con la mayor dignidad posible", ha defendido Poppe, quien señala que 'Utoya. 22 de julio' intenta contar lo que ocurrió "de la forma más respuetuosa y más auténtica posible". Por ello, está convencido de que los detractores son "más bien seguidores de las películas de terror" que se aleja de lo que sería una "versión de Hollywood".

TESTIMONIOS REALES

Poppe ha aclarado que 'Utoya. 22 de julio' está escrita a partir de testimonios y hechos conocidos, y es fruto de las conversaciones que se mantuvieron con muchos supervivientes, pero, por respeto a las víctimas y a sus familiares, los personajes y las experiencias individuales son ficticios.

El cineasta ha argumentado que para conseguir una reacción "la única forma" era contar la historia "de la forma más fidedigna", aunque friccionándolo para que los supervivientes también pudieran verlo. "Había cosas mucho peores de lo que se ve en la película, lo que se muestra es lo que la mayoría vivió cuando estaba en la isla", ha indicado.

Preguntado por sus influencias cinematográficas, Poppe se aleja de 'Elephant', que podría ser un referente tanto por la temática como por los recursos que utiliza, y alude a sus propias experiencias durante su trayectoria como reportero de guerra, que le llevó a territorios como el Congo, Somalia o Afganistán.

"Allí las cosas ocurrían y no apagaba la cámara, sino que seguía filmando. Me da miedo no captar todo lo que ocurre", ha reconocido el director, que traslada esta manera de trabajar en esta ocasión para mostrar que "los 72 minutos que duró el ataque fueron una externado". "El tiempo se convirtió en personaje, así que la única forma era rodarlo en una toma real", ha dicho.

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