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La inteligencia artificial lleva meses acaparando titulares, pero casi todos vienen del otro lado del Atlántico. Y mientras tanto, los gobiernos europeos siguen prometiendo un hub tecnológico que rivalice con California. Pero los datos dicen otra cosa.

EL SÍNTOMA QUE VIENE DE ESTOCOLMO

Cuando Ericsson anunció hace apenas días que abandonaba Kista, el distrito tecnológico al norte de Estocolmo que durante décadas fue el referente escandinavo, para trasladarse a Hagastaden, el mercado leyó la noticia como una buena operación inmobiliaria: Atrium Ljungberg subió un 5,1% y Castellum un 2,1% en una sola sesión. Pero detrás del movimiento hay algo más incómodo que una plusvalía inmobiliaria.

Börje Ekholm, presidente y director ejecutivo de Ericsson, fue explícito sobre las razones del traslado: "Con una ubicación privilegiada en el corazón de la ciudad, con fácil acceso a nuestro ecosistema empresarial, socios y responsables de toma de decisiones, Hagastaden es sin duda la mejor opción para nuestras futuras operaciones".

Lo que Ekholm no mencionó, pero los datos confirman, es lo que deja atrás: la desocupación de oficinas en Kista ha alcanzado el 26,7% en el primer trimestre de 2026, más del doble que en el centro de Estocolmo, según datos de Colliers citados por Bloomberg. Si Ericsson libera definitivamente su espacio actual, esa cifra podría escalar hasta el 40%-50%, según la firma inmobiliaria Genesta.

El "Silicon Valley sueco" se vacía. Y eso es una metáfora útil para entender el estado real del ecosistema tecnológico europeo.

EL ÚNICO QUE MANDA ES LONDRES

Si existe algo parecido a un polo tecnológico de referencia en Europa, ese es Londres, y con una distancia que no admite discusión. La capital británica captó unos 11.900 millones de dólares en financiación tecnológica en 2025, más que las siguientes 20 ciudades europeas juntas.

El Reino Unido acumula 185 unicornios frente a los 74 de Alemania, los 60 de Francia o los 46 de Suecia.

París y Berlín compiten en segundo plano: la capital francesa con el impulso institucional de Bpifrance y apuestas como Mistral AI, el modelo de lenguaje que los poderes públicos franceses han convertido en bandera de soberanía digital; y Berlín con una densidad de startups de IA sin rival en el continente.

Son ecosistemas reales, con masa crítica, con capital y con talento. Pero ninguno genera la gravedad suficiente para retener a sus mejores ingenieros frente a las ofertas de los grandes laboratorios estadounidenses, que pagan entre un 30% y un 70% más por perfiles equivalentes, según datos de Atomico.

LA SORPRESA VIENE DEL ESTE

El competidor que menos aparece en los discursos políticos occidentales es, paradójicamente, el más dinámico. El ecosistema de startups de Europa central y del Este vale más de 273.000 millones de dólares y ha crecido a un ritmo 15,5 veces superior al de Europa occidental en la última década.

Polonia lidera con 18 unicornios y un ecosistema valorado en 58.000 millones de euros. Pero el caso más llamativo es Estonia: con apenas 1,3 millones de habitantes ha producido 14 unicornios (la mayor densidad del mundo) y el índice StartupBlink 2026 la sitúa en el puesto 12 global.

El "flywheel" báltico, donde los fundadores de Skype y Wise financian y crean la siguiente generación de empresas, funciona con una eficiencia que ninguna política industrial ha logrado replicar en el sur de Europa.

ESPAÑA: CRECIMIENTO REAL, BRECHA ESTRUCTURAL

Los datos españoles tienen una trampa. El ecosistema tecnológico nacional vale 125.000 millones de euros, ha multiplicado por 2,3 su tamaño desde 2020 y es el segundo que más crece en Europa en cinco años, según el Spain Tech Ecosystem Report 2026 elaborado por Dealroom junto a BBVA Spark y Endeavor.

En 2025 las startups españolas captaron 3.100 millones de euros en venture capital, tercer mejor año histórico.

Pero España ocupa el puesto 21 en el ranking global de unicornios con cinco en activo, frente a los 14 de Estonia, país con una población 36 veces menor.

Y el talento sigue marchándose: la mediana salarial de un ingeniero de software en Alemania supera en 30.000 euros a la española; en Reino Unido o Estados Unidos, la diferencia llega a 50.000 euros brutos anuales. Para algunas especialidades tecnológicas, la brecha con Alemania alcanza el 80%, según datos de DigitalES. España forma talento de primer nivel que otros ecosistemas se llevan. Ese es el problema estructural que ningún anuncio de hub resuelve.

EUROPA TIENE PIEZAS, NO TABLERO

Lo que Europa sí tiene son componentes críticos del ecosistema global: ASML, sin la que no existen los chips avanzados que alimentan la IA; SAP, con más de 300 millones de usuarios en la nube; o Nebius, la infraestructura de IA holandesa respaldada con 2.000 millones por Nvidia y con un acuerdo multianual con Microsoft.

Pero ninguna de estas historias es producto de un ecosistema hub al estilo Silicon Valley: ASML es una empresa industrial de Eindhoven; Nebius es una escisión de la rusa Yandex reconstituida tras las sanciones de guerra; Mistral es una apuesta soberana con financiación pública francesa.

Europa produce piezas de primer nivel para el tablero tecnológico global. Lo que no tiene —ni Londres, ni París, ni desde luego Madrid— es el efecto red, la densidad de capital y la tolerancia al fracaso que convierten un distrito en un ecosistema autorreplicable.

La pregunta relevante para el inversor no es si el Viejo Continente puede ser el nuevo Silicon Valley. Es quién capturará el valor de la transición digital europea cuando la fiebre de los anuncios se asiente. Según los datos, la respuesta apunta más a Varsovia y Tallin que a los grandes hubs que los gobiernos del sur llevan años prometiendo.

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