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Plataforma petrolífera en el Mar del Norte.Sharecast / Kristina Kasputienė via Pixabay

No está siendo un año sencillo para el petróleo. El 'oro negro' lleva meses sufriendo la inestabilidad que provoca tanto la guerra en Oriente Medio como el conflicto en Ucrania. Por si no fuera suficiente, la estrategia de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) de aumentar la producción tampoco está sentándole bien a los precios del crudo.

Pero ello no significa que el comportamiento del petróleo no haya sido volátil. En las últimas semanas, los ataques israelíes y estadounidenses contra Irán provocaron una subida de los precios. No por interrupciones del suministro, sino en respuesta a una prima de riesgo geopolítico. El posible cierre del estrecho de Ormuz acentuó estas preocupaciones, que finalmente no se materializaron por la moderada respuesta de Teherán.

"Dicho esto, la situación sigue siendo fluida. Las continuas preocupaciones sobre las reservas de uranio de Irán -y la posibilidad de nuevas acciones israelíes- significan que el contexto geopolítico sigue siendo una fuente de volatilidad potencial. Si las tensiones en Oriente Próximo vuelven a intensificarse y se interrumpe el suministro de petróleo iraní, podríamos ver otro aumento en los precios del petróleo", señala Greg Sharenow, gestor de fondos de Pimco.

Por ello, este experto cree que las materias primas, especialmente el crudo, seguirán mostrando "resistencia" en las próximas semanas y meses gracias a su baja correlación con las acciones y los bonos, subrayando su fortaleza como "diversificador de cartera".

"Este potencial de diversificación también se observó durante el repunte de la inflación en 2021-2022, cuando tanto los mercados de acciones como los de bonos se vieron desafiados. Las materias primas, sin embargo, mantuvieron bajas correlaciones con ambas clases de activos. No solo han ayudado a diversificar el riesgo de la cartera, sino que también han mejorado la sensibilidad a la inflación, lo que creemos que podría convertirlos en una opción valiosa para la asignación estratégica en el entorno actual de incertidumbre persistente sobre la inflación", apunta.

No obstante, este experto cree que también hay suficientes "estabilizadores clave" en juego. Por ejemplo, la capacidad de los productores de esquisto de EEUU para aumentar la producción si se les da suficiente tiempo, así como la capacidad de producción de repuesto de la OPEP.

Si bien esa capacidad excedentaria sigue "inmovilizada en gran medida" en regiones recientemente afectadas por conflictos, explica Sharenow, lo que limita su capacidad a corto plazo para tranquilizar a los mercados, podría servir como estabilizador a largo plazo para la dinámica de la oferta.

"Estos colchones estructurales pueden limitar tanto la duración como la magnitud de cualquier repunte de precios. Por lo tanto, aunque es probable que se produzca una volatilidad a corto plazo, seguimos esperando que los precios del petróleo vuelvan al rango de los 60 dólares después de cualquier pico temporal", sentencia.

GOLDMAN NO COMPRA EL REBOTE

No obstante, no todo el mundo es tan optimista. Los expertos de Goldman Sachs siguen pensando que el petróleo se situará por debajo de los 60 dólares a medio y largo plazo, aunque ha elevado su objetivo de precios ligeramente.

"Hemos incrementado ligeramente nuestra previsión de precio del Brent para el segundo semestre de 2025 en 5 dólares, hasta 66 dólares, y mantenemos nuestra previsión -ante el exceso de oferta- de que Brent/WTI caerán a promedios de 56/52 dólares en 2026", señala el banco estadounidense.

Según Goldman Sachs, las alzas de los últimos meses han venido motivadas tanto por los acontecimientos, pero también que el foco del mercado se ha desplazado. Primero, hacia los riesgos de interrupciones por suministro; en segundo lugar, hacia las reservas de la OCDE, que siguen siendo bajas; y, en tercer lugar, se refiere a la normalización más rápida de lo esperado en la capacidad ociosa. Esto último, explica la entidad, incrementa su confianza en que los precios repuntarán después de 2026.

"Esta visión constructiva a largo plazo se basa en una marcada disminución de la vida útil de las reservas de petróleo, una caída del gasto de capital y la falta de nuevos proyectos fuera de la OPEP después de 2026, así como nuestra expectativa de que la demanda seguirá creciendo durante la próxima década", concluye Goldman Sachs.

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