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¿De qué sirve que los fondos suban si los bolsillos de los inversores no lo notan en la misma proporción? Esa es la gran paradoja que revela uno de los últimos informes de Morningstar, 'Mind the Gap 2025', que pone cifras a una verdad incómoda: cuanto más se mueve el inversor, menos gana.

En la última década, los fondos estadounidenses ofrecieron una rentabilidad media del 8,2% anual, pero el inversor medio solo capturó un 7%. Un “pequeño” desfase de 1,2 puntos que, en realidad, se traduce en una pérdida del 15% de la riqueza potencial acumulada.

“El mercado recompensa la paciencia, no la hiperactividad”, recuerda Jeffrey Ptak, director de investigación en Morningstar. Su advertencia es tan antigua como vigente: no basta con elegir buenos fondos; hay que saber permanecer en ellos.

UN 'GAP' QUE NO DEJA DE REPETIRSE

El estudio, que analiza más de 25.000 fondos y ETF en Estados Unidos, confirma que el 'gap del inversor' no es un accidente aislado, sino un patrón repetitivo. Década tras década, la historia se repite.

El origen está en las decisiones de compra y venta, muchas veces motivadas por impulsos: entrar tras fuertes subidas y salir en las caídas.

“El error más común es perseguir el rendimiento”, afirma Ptak. “Ese comportamiento explica buena parte de la brecha entre lo que los fondos ofrecen y lo que los inversores finalmente consiguen”.

LOS SECTORES MÁS CASTIGADOS

La fotografía cambia según el tipo de fondo. Mientras los productos de asignación, como los fondos de fecha objetivo (también conocidos como fondos de ciclo de vida), apenas mostraron un desfase del 0,1%, los fondos sectoriales sufrieron un agujero del 1,5% anual. Algo similar ocurrió con la renta fija: los fondos de bonos imponibles y municipales apenas devolvieron la mitad de lo que podrían haber generado para sus partícipes.

El contraste es claro: cuanto más especializado y volátil el producto, mayor es el riesgo de que el inversor caiga en la trampa de comprar caro y vender barato. “Los fondos sectoriales suelen usarse de forma oportunista, no estratégica”, explica Ptak. “Y eso casi siempre se traduce en decisiones mal sincronizadas”.

ETF: ENTRE LA EFICIENCIA Y EL EXCESO

Los ETF (fondos cotizados), estandarte de la inversión pasiva, tampoco se libran del diagnóstico. Aunque en promedio ofrecieron mayores retornos que los fondos tradicionales (9,5% frente al 8%), el desfase del inversor fue mayor: 1,7 puntos porcentuales anuales. La facilidad para comprarlos y venderlos, que debería ser una ventaja, acaba jugando en contra cuando se convierte en tentación de operar sin estrategia.

“Un ETF en una cartera estratégica puede ser una herramienta formidable”, argumenta Ptak. “El problema surge cuando se utiliza como vehículo de 'trading' diario. Entonces, sus virtudes se diluyen”.

EL PESO DEL ESTILO DE GESTIÓN

La eterna batalla entre gestión activa y pasiva también tiene su lectura. La conclusión sorprende: las diferencias en el 'gap' del inversor son mínimas. Los fondos activos arrojaron un desfase del 1,5% anual, mientras que los pasivos se quedaron en el 1,3%. El mensaje es claro: el estilo de gestión importa menos que la disciplina con la que el inversor utilice el vehículo.

Minimizar comisiones es positivo, pero no garantiza capturar más rentabilidad. Como recuerda el informe, incluso los fondos indexados internacionales o sectoriales mostraron brechas significativas. En otras palabras: un fondo barato puede ser tan mal utilizado como uno caro.

CUANDO LA VOLATILIDAD JUEGA EN CONTRA

El informe también subraya el papel de la volatilidad. Los fondos más inestables fueron un terreno especialmente hostil: sus partícipes no solo sufrieron menores retornos absolutos (3,4% frente al 9,6% de los menos volátiles), sino que además registraron 'gaps' mucho más amplios. Una doble penalización.

“Cuanto más extremo es el movimiento de un fondo, más difícil resulta mantener la calma”, resume Ptak. “El riesgo no es solo financiero, sino también psicológico: nos empuja a actuar en el peor momento”.

RECOMENDACIONES CLAVE PARA EL INVERSOR

El estudio ofrece lecciones prácticas que trascienden las cifras:

* Menos es más: reducir las operaciones discrecionales y automatizar tareas como el rebalanceo ayuda a cerrar la brecha.

* Contexto importa: fondos que forman parte de carteras objetivo o planes de pensiones tienden a ser utilizados con más disciplina.

* Atención a la volatilidad: evitar productos demasiado volátiles reduce la probabilidad de caer en compras y ventas impulsivas.

* Costes sí, pero no solo: buscar comisiones bajas es importante, aunque lo decisivo es cómo y cuándo se usan los fondos.

UNA CONCLUSIÓN QUE VA MÁS ALLÁ DE LAS CIFRAS

En tiempos donde la inmediatez domina y las aplicaciones de inversión prometen resultados al alcance de un clic, el mensaje de Morningstar resulta crucial: la verdadera rentabilidad no está en moverse más, sino en moverse mejor. El 'gap' del inversor es, en el fondo, un espejo de nuestras debilidades: la impaciencia, el miedo y la euforia.

“Los mercados siempre pondrán a prueba nuestra disciplina”, concluye Ptak. “La diferencia entre un 7% y un 8,2% puede parecer pequeña, pero a largo plazo es la línea que separa la comodidad financiera de la frustración”.

El estudio deja un eco claro: la próxima vez que los mercados se agiten y la tentación de apretar el botón de “comprar” o “vender” se vuelva irresistible, conviene recordar que, en inversión, la brecha más peligrosa no es la que hay entre el inversor y Wall Street, sino entre el inversor y sí mismo.

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