
Hay años en los que el mercado premia el optimismo y otros en los que castiga la ingenuidad. Todo apunta a que 2026 pertenecerá más bien al segundo grupo. Tras un periodo de fuertes subidas, narrativas dominantes -especialmente en torno a la inteligencia artificial- y un creciente apetito por nuevas clases de activos, el riesgo ya no está tanto en no invertir, sino en hacerlo mal.
Sara Silano, analista de Morningstar, pone el foco en tres errores que los inversores deberían evitar el próximo año. No son fallos exóticos ni sofisticados: son trampas psicológicas y de enfoque que se repiten cíclicamente… y que suelen aparecer justo cuando más cómodos nos sentimos.
1.- CUANDO LO PRIVADO PARECE DEMASIADO BONITO
Los mercados privados viven su particular edad dorada. El acceso se ha democratizado, los productos se multiplican y el discurso es seductor: más oportunidades, menos volatilidad y diversificación casi garantizada. Pero aquí, según resalta, conviene levantar el pie del acelerador.
“El atractivo de los mercados privados se basa en dos promesas principales: una en gran medida cierta y la otra potencialmente engañosa”, advierte a este respecto Nicolò Bragazza, gestor asociado de carteras en Morningstar Wealth. La promesa real es ampliar el universo de inversión; la engañosa, la supuesta reducción del riesgo.
Según Bragazza, lo que muchos interpretan como menor volatilidad es en realidad un “blanqueo de volatilidad”: valoraciones poco frecuentes que suavizan artificialmente los movimientos. “La menor volatilidad no es una característica intrínseca de los mercados privados, sino un subproducto de cómo se mide su rentabilidad”, explica. Y recuerda que muchas de estas inversiones implican empresas más pequeñas, más apalancadas o prestatarios con acceso limitado a financiación tradicional.
La lección es clara: lo privado no elimina el riesgo; simplemente lo oculta mejor.
2.- DAR LA ESPALDA A LO QUE NADIE QUIERE
Pocas cosas incomodan más al inversor que comprar lo que nadie quiere. Pero ahí es precisamente donde suelen esconderse algunas de las mejores oportunidades. El caso de la renta variable china es paradigmático.
En 2025, los fondos y ETFs de renta variable china registraron salidas superiores a los 2.000 millones de euros. Sin embargo, desde principios de 2024, estas acciones han acumulado una rentabilidad del 56,5%, frente al 46,1% de la renta variable estadounidense en dólares.
“Algunos inversores tienden a etiquetar todo lo que no les gusta como ‘no invertible’”, señala Bragazza. “Cuando algo se considera no invertible, muchas veces es una señal para sentir curiosidad, no para huir”.
Quienes resistieron el ruido mediático, soportaron la volatilidad y evitaron el FOMO de la IA fueron recompensados. El mensaje no es comprar a ciegas lo impopular, sino no descartarlo sin análisis. Los flujos, recuerda Morningstar, no siempre anticipan la rentabilidad.
3.- EL EXCESO DE FE EN LA IA
La inteligencia artificial ha sido el gran motor bursátil desde 2024. Nvidia, Microsoft, Amazon, Meta, Broadcom, Alphabet u Oracle han pasado de representar el 9,7% del índice Morningstar US Target Market Exposure hace una década a rozar el 30% en la actualidad. Incluso los inversores en índices amplios están hoy fuertemente expuestos a la IA.
El riesgo, advierte Morningstar, es caer en un exceso de confianza. “Cada vez que surge una nueva tendencia, los inversores se dividen en optimistas y pesimistas, con visiones binarias”, apunta Bragazza. Tomar partido absoluto puede ser tentador, pero también peligroso.
El potencial de la IA es enorme, sí, pero aún incierto en muchos aspectos. “Incluso cuando la oportunidad de crecimiento es innegable, una inversión solo puede considerarse buena si tiene un precio razonable”, subraya el analista. El enfoque más sensato pasa por una postura cautelosamente optimista: exposición sí, pero sin ignorar valoraciones ni concentración de riesgos.
CONCLUSIÓN: PENSAR MEJOR PARA INVERTIR MEJOR
De cara a 2026, el mayor enemigo del inversor no será el mercado, sino sus propios sesgos. Creer que lo privado es menos arriesgado, rechazar activos por antipáticos o asumir que una gran historia justifica cualquier precio son errores tan viejos como la bolsa… y tan actuales como nunca.
Invertir bien no consiste en adivinar el próximo gran ganador, sino en evitar los fallos que erosionan la rentabilidad a largo plazo. Y en ese ejercicio, como recuerda Morningstar, la prudencia, el análisis y la curiosidad siguen siendo activos mucho más valiosos que cualquier moda pasajera.

