
Después del movimiento de la Reserva Federal (Fed) del pasado miércoles y a la espera del Banco Central Europeo (BCE) el 18 de diciembre, los mercados globales han desplazado su atención hacia un actor que durante décadas apenas generaba tensión: el Banco de Japón (BoJ). El organismo celebrará su reunión los días 18 y 19 de diciembre y podría protagonizar el mayor giro monetario del año.
No es frecuente que Japón concentre tanta expectación, pero esta vez la decisión tiene implicaciones que van mucho más allá de su economía interna. La última subida de tipos se produjo en enero de este año, cuando el banco elevó el tipo oficial desde el 0,25% (al que había subido en julio de 2024) hasta el 0,5%, su nivel más alto desde 2008. Ese movimiento culminó un proceso iniciado en marzo de 2024, cuando Japón abandonó por primera vez en 17 años los tipos negativos. Desde entonces, la gran pregunta es cómo y cuándo continuará ese camino.
La decisión del BoJ tiene implicaciones que van mucho más allá de su economía interna
El escenario japonés dista mucho del que dominó la década anterior. Tras años de inflación prácticamente nula —y episodios de deflación en 2016, 2020 y 2021—, el país convive ahora con un IPC en torno al 3%, muy superior al promedio inferior al 1% registrado durante años. Aunque esta tasa se ha moderado desde el pico del 4,3% alcanzado a comienzos de 2023, sigue siendo lo bastante elevada como para cuestionar el mantenimiento de unos tipos históricamente bajos. La nueva primera ministra, Sanae Takaichi, ha impulsado además un paquete fiscal de 135.000 millones de dólares que pretende reactivar una economía todavía frágil, pero que añade presión al mercado de bonos. Paralelamente, Japón sigue lidiando con una ratio de deuda pública cercana al 237% del PIB, una de las más altas del mundo.
Todo ello se refleja con claridad en los mercados de deuda: el rendimiento del bono japonés (JGB) a 10 años ha escalado hasta aproximarse al 2%, un nivel difícil de imaginar hace apenas tres o cuatro años. El repunte de los JGB indica que los inversores reclaman mayor compensación ante los riesgos fiscales y ante las pérdidas latentes que la subida de rendimientos provoca en la enorme cartera de deuda que el BoJ acumuló durante los años de expansión cuantitativa. La situación recuerda, en parte, a las tensiones experimentadas por la Fed en su ciclo de endurecimiento de 2022-2023, cuando el ajuste al alza de los tipos redujo el valor de los bonos de su balance y generó volatilidad financiera.
UNA DECISIÓN DE TRASCIENDE
Las consecuencias trascienden claramente a Japón. El país es uno de los mayores tenedores de deuda soberana global y, durante años, su política de tipos ultrabajos ha sostenido el carry trade financiado en yenes: endeudarse barato en Japón e invertir en activos de mayor rendimiento fuera. Si el BoJ endurece su política, estos flujos pueden revertirse.
Anthony Willis, economista senior de Columbia Threadneedle Investments, recuerda que "acudir al carry trade en yenes ha sido una estrategia próspera en los mercados globales" y advierte de que unos tipos más altos "podrían interrumpir esa operativa", como ya ocurrió en el verano de 2024, cuando un movimiento inesperado provocó "una caída del 12% en la renta variable japonesa en un solo día". El efecto podría sentirse en los bonos estadounidenses y europeos, en la renta variable global y en los activos de larga duración, presionados por la subida coordinada de rendimientos.
Los inversores tienen muy presente el desplome del Nikkei del verano de 2024
El discurso pronunciado a principios de mes por el gobernador del Banco de Japón, Kazuo Ueda, aumentó aún más la expectación. Ueda habló de los "pros y contras" de subir los tipos y aseguró que "todo se tomará en consideración" en la reunión del 18 y 19 de diciembre. Para Willis, esto marca un cambio de tono: "Un movimiento al alza ahora parece mucho más probable", sostiene, en referencia al posicionamiento más explícito del banco. El mercado, que en septiembre atribuía a Japón un ritmo extremadamente lento de normalización, ha empezado a descontar un giro más próximo.
Sree Kochugovindan, economista senior de Aberdeen Investments, recuerda que en su última reunión el BoJ mantuvo los tipos en el 0,5% "con solo dos votos en contra", lo que evidencia que "aún no hay consenso para actuar en diciembre". A su juicio, el tono de la citada rueda de prensa de Ueda fue "moderado". Aunque reconoce que la inflación sigue por encima del objetivo, insiste en que los precios de los alimentos son el principal motor y que "la inflación subyacente de los servicios sigue siendo, en el mejor de los casos, mediocre". Además, el gobernador subrayó su preocupación acerca de la capacidad de los sectores industriales afectados por los aranceles para aumentar los salarios. En un contexto de dudas sobre la independencia del banco central, Ueda dejó claro que la institución actuará conforme a su mandato legal, una afirmación que la propia Takaichi respaldó al recordar públicamente la Ley del Banco de Japón.
Aberdeen considera más probable que el BoJ espere al menos hasta enero para elevar los tipos 25 puntos básicos, hasta el 0,75%, y anticipa un ciclo posterior muy gradual.
Oxford Economics, sin embargo, mantiene su previsión de una subida en diciembre y otra a mediados de 2026, hasta alcanzar el 1%, que considera el tipo terminal. En su análisis, un encarecimiento excesivo de la deuda pública sería un riesgo mayor que el de mantener condiciones demasiado laxas durante unas semanas más. Pero advierten de que justificar un tipo del 1% podría ser complicado si la inflación se desliza suavemente hacia el 2% en la primera mitad de 2026, como prevén, y si la depreciación del yen se modera en un contexto de recortes de tipos en Estados Unidos y una Fed menos restrictiva.
El mercado de divisas será clave. Si el BoJ actúa, el yen podría apreciarse y aliviar la inflación importada; si decide esperar, la moneda podría reanudar su tendencia bajista, lo que complicaría aún más la situación. Lale Akoner, analista global de eToro, resume el momento asegurando que Japón podría protagonizar "el mayor giro macro de 2026", justo cuando el resto de grandes economías toma la dirección opuesta.
¿DESCONTADO?
¿Está descontada la subida? Los movimientos recientes de los rendimientos japoneses sugieren que parte del ajuste está ya incorporado en los precios, pero la renta variable continúa respondiendo con una sensibilidad extrema a cualquier indicio del BoJ. El recuerdo del desplome de 2024 aún condiciona a los inversores. Y aunque los mercados descuentan que la Fed podría seguir reduciendo tipos y el BCE se prepara para anunciar su propia decisión, el desenlace más determinante de diciembre podría producirse precisamente en Tokio.
Lo que decida el Banco de Japón el próximo 19 de diciembre definirá no solo el rumbo de su economía en 2026, sino también el equilibrio de los mercados financieros en un mundo que, por primera vez en mucho tiempo, vuelve a mirar a Tokio para saber qué ocurrirá después.
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