
El Ibex 35 va camino de cerrar 2025 con un tremendo ascenso del 45%. El selectivo español se ha convertido en el favorito de la renta variable europea en un año en el que España, a ojos de numerosos organismos —incluido el propio Gobierno—, ha pasado a ser el "niño bonito" de la eurozona. Las previsiones de PIB se han revisado al alza una y otra vez y la economía española destaca frente a sus socios, aunque, como suele decirse, "el tuerto es el rey en el país de los ciegos".
Y es que Europa necesitaba un 'caballito ganador' en 2025. Con Alemania atravesando un bache económico profundo y Francia encadenando crisis políticas, España ha permitido a las instituciones europeas exhibir cierta fortaleza. Todos repiten que la economía de nuestro país va muy bien y que seguirá yendo muy bien en 2026, aunque no faltan voces que cuestionan un modelo de crecimiento muy dependiente del aumento de la inmigración: un modelo que eleva el PIB agregado, pero no necesariamente la renta o el bienestar del ciudadano medio.
Europa necesitaba un 'caballito ganador' en 2025, con Alemania en plena crisis económica y Francia coleccionando primeros ministros
En paralelo, el mercado inmobiliario presenta síntomas que cada vez más se interpretan como burbuja. La espiral de ventas con fuertes plusvalías que se reinvierten en viviendas aún más caras es una señal clásica de tensión y plantea dudas sobre la sostenibilidad del ciclo.
La cuestión de fondo es hasta qué punto la buena marcha de España es 'real' y sostenible, y qué parte de la espectacular subida del Ibex responde a esta coyuntura. También hasta qué punto bancos y energéticas pueden seguir beneficiándose del momento macro y, más concretamente, si es razonable que Indra se haya disparado un 170% este año, que prácticamente toda la banca haya doblado su valor, o que Solaria acumule también más de un 100% de revalorización, por poner solo algunas ejemplos.
ARGUMENTOS A FAVOR Y EN CONTRA
El fuerte rally del Ibex 35 este año puede considerarse, en parte, justificado por la evolución económica de España y por el comportamiento de las empresas que más pesan en el índice. Por un lado, la economía española crecerá un 2,9% en 2025, muy por encima del 1,2%-1,3% previsto para la eurozona, lo que convierte a España en la economía con mejor comportamiento del bloque. Ese diferencial de crecimiento ha atraído capital extranjero hacia el mercado español, especialmente en sectores cíclicos como la banca y las energéticas, que han presentado resultados sólidos, márgenes récord y una elevada capacidad de generación de caja. Además, el Ibex partía de valoraciones históricamente bajas, con un descuento notable frente a otros índices europeos, de modo que parte de la subida responde a un proceso de normalización desde niveles muy deprimidos.
A ello se suma que la estructura económica española ha sorprendido por su resiliencia. La inmigración ha ampliado la población activa y ha sostenido el consumo, permitiendo un crecimiento robusto sin tensiones inflacionistas fuertes. Este entorno favorece especialmente a bancos y 'utilities', con la comentada visibilidad y estabilidad en beneficios. En este sentido, la subida del índice no es completamente injustificada: existe un trasfondo macroeconómico y empresarial que ayuda a explicarla.
Sin embargo, también existen argumentos de peso para pensar que el rally del selectivo podría estar exagerado. El crecimiento del PIB español se apoya en buena medida en el aumento de la población más que en incrementos sólidos de productividad o renta, lo que plantea dudas sobre su sostenibilidad y sobre su impacto real en el bienestar de los ciudadanos. Paralelamente, el mercado inmobiliario muestra dinámicas propias de una burbuja, con precios creciendo muy por encima de los salarios y operaciones encadenadas de compraventa con fuertes plusvalías. Un ajuste en este frente podría afectar directamente a bancos, consumo e inversión, tres pilares esenciales del Ibex.
El crecimiento del PIB español se apoya en buena medida en el aumento de la población más que en incrementos sólidos de productividad o renta
Otro elemento que invita a la cautela es que buena parte de la subida se concentra en sectores concretos y en una serie de compañías que han registrado revalorizaciones extremas. Aunque es cierto que la mayoría de valores del Ibex va a acabar el año en verde, los que se han disparado representan un grupo más pequeño.
Este tipo de movimientos pueden reflejar expectativas excesivamente optimistas, difíciles de sostener si Europa sigue estancada. Y es que la eurozona avanza a un ritmo anémico y las dificultades de Alemania y Francia limitan la posibilidad de que España mantenga un desacoplamiento tan pronunciado durante mucho tiempo.
Por último, existe el riesgo de que los beneficios de la banca —gran motor del Ibex— hayan tocado techo. Si el Banco Central Europeo (BCE) sigue con las bajadas de tipos o la competencia obliga a remunerar más los depósitos, los márgenes podrían estrecharse, lo que frenaría un pilar esencial del índice.
BUENAS PREVISIONES PARA 2026
De cara a 2026, los argumentos a favor de una extensión del rally pesan más que las tesis pesimistas —y este razonamiento es válido para buena parte de los índices globales—. Entre las justificaciones más utilizadas por los estrategas para explicar la continuidad del buen tono del Ibex figura la expectativa de que España seguirá creciendo con fuerza el próximo año y, en paralelo, la banca continuará mostrando un desempeño sólido. Dado el peso del sector financiero en el selectivo, esto actúa como un fuerte respaldo para que el índice prolongue su racha alcista.
Los argumentos a favor de una extensión del rally en 2026 pesan más que las tesis pesimistas
En sus perspectivas para 2026, los estrategas de Deutsche Bank apuntan que la evolución del Ibex dependerá, una vez más, del comportamiento de bancos y 'utilities', y subrayan que los bancos españoles les resultan atractivos. En este sentido, consideran que el Ibex podría comportarse bien el próximo año apoyado en estos sectores, y remarcan que hasta ahora su evolución responde, en buena medida, a una recuperación, ya que en años anteriores se había quedado atrás.
Para JP Morgan, que anticipa un 2026 favorable para las bolsas globales, el próximo año también será positivo para la banca europea. En ese contexto, CaixaBank figura entre sus 'top picks' del sector.
Por su parte, Morgan Stanley, en un informe reciente, revisó al alza los precios objetivos de los bancos españoles y pronostica otro ejercicio de crecimiento sólido en 2026. En un entorno de PMIs más fuertes, mayor dinamismo del crédito, curva de tipos más inclinada y elevada generación de capital, la entidad estadounidense sostiene que la banca española se perfila entre las mejor posicionadas para el próximo ejercicio.
LA IA TAMBIÉN BENEFICIA
Aunque no existen valores cotizados en España dedicados exclusivamente a la inteligencia artificial (IA) —la gran fuerza motriz que, según bancos y gestoras, seguirá impulsando las bolsas en 2026—, la economía española también se está beneficiando de esta macrotendencia global de inversión.
BlackRock, que durante todo el año ha mostrado preferencia por la Bolsa española, reiteró hace unos meses su apuesta al destacar la solidez de bancos y 'utilities', y al subrayar el papel clave de las inversiones en redes necesarias para atraer centros de datos, pieza fundamental del auge de la IA.
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El boom de la inteligencia artificial no solo impulsa a las grandes tecnológicas: está generando un efecto arrastre sobre sectores tradicionales. El desarrollo masivo de centros de datos —imprescindibles para entrenar modelos, almacenar información y sostener el tráfico digital— está elevando el consumo eléctrico a niveles desconocidos. Se calcula que un solo centro puede demandar tanta energía como una ciudad de tamaño medio. Esta presión ha disparado la necesidad de nuevas redes, subestaciones, infraestructuras de transporte y contratos de suministro estables. En este contexto, las energéticas españolas se están convirtiendo en actores estratégicos: no son protagonistas de la IA, pero sí necesarias para que funcione.
La IA también está acelerando la inversión en energías renovables, dado que los grandes operadores tecnológicos exigen electricidad limpia para cumplir sus compromisos de sostenibilidad. Esto favorece a las 'utilities' españolas, líderes en solar, eólica y almacenamiento. El aumento de la demanda de contratos PPA por parte de empresas digitales está permitiendo a las eléctricas cerrar acuerdos a largo plazo con precios atractivos, asegurando visibilidad de ingresos y reforzando su posición en el nuevo ecosistema tecnológico.
Además, la expansión de la inteligencia artificial está precipitando la transformación de las redes eléctricas. La integración de sistemas de IA y análisis predictivo exige infraestructuras más robustas, inteligentes y digitalizadas. Esto abre oportunidades de inversión en modernización, mantenimiento avanzado y resiliencia operativa. Tanto los generadores de energía como los gestores de redes en España están inmersos en este proceso, que a medio plazo se traduciría en una mayor eficiencia y menores costes.
El ecosistema también beneficia a compañías españolas fuera del sector eléctrico, como ACS. La construcción y operación de centros de datos requiere grandes inversiones en ingeniería, obra civil, refrigeración, seguridad y sistemas eléctricos de alta capacidad. Los grupos de construcción están encontrando en esta nueva ola tecnológica una fuente creciente de contratos, tanto en España como en el exterior. El auge de la IA está creando un ciclo inversor que exige infraestructuras físicas complejas, y las grandes constructoras españolas se encuentran bien posicionadas para capturar ese crecimiento.
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