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En conjunto, 2026 debería ofrecer a los inversores oportunidades significativas, siempre que estén preparados para adaptarse a situaciones muy distintas. De hecho, en un entorno muy cambiante, las previsiones de cara al próximo año en cuanto a la inflación y el crecimiento a nivel global apuntan a cuatro escenarios, según Wellington Management. ¿Cuáles son y cómo podría ser la reacción de los mercados?

En opinión de John Butler y Eoin O'Callaghan, estrategas macroeconómicos de la firma, "aunque los precios actuales de los mercados reflejan un escenario 'Goldilocks' (crecimiento con inflación contenida), es el menos probable para 2026. Aun así, los mercados podrían seguir anclados en esta hipótesis optimista hasta que los datos del mercado laboral muestren señales inequívocas de estabilización".

"En última instancia, la combinación de tipos reales negativos a escala global, la relajación de los requisitos para la concesión de crédito y el giro hacia políticas monetarias más expansivas en un entorno de inflación aún persistente sugiere que el crecimiento inflacionista es el escenario más probable para 2026", dicen.

Así, creen que las perspectivas giran en torno a cuatro escenarios. El primero, el llamado 'Goldilocks' donde, a corto plazo, es probable que los mercados sigan descontando un crecimiento sin presiones inflacionistas. El segundo, el de crecimiento inflacionista, en el que es posible que los inversores estén infravalorando la probabilidad de un repunte inflacionista. Consideramos que este podría ser el escenario central para 2026.

El tercero, el de recesión que, aunque su probabilidad parece menor, no puede descartarse por completo. Entre los posibles detonantes figuran la decepción con los avances de la IA o un aumento del ahorro privado como reacción a la incertidumbre. Por último, el cuarto, el de estanflación, donde existe un riesgo de cola de que en 2026 aparezcan señales de estanflación, que podrían verse potencialmente agravadas por respuestas inadecuadas de la política económica.

Recomiendan "estar atentos a las señales que indiquen cambios en el ciclo y ajustar activamente la asignación de activos para aprovechar al máximo las oportunidades que 2026 puede ofrecer, al tiempo que se mitigan los riesgos bajistas".

CRECIMIENTO NO INFLACIONISTA

Como detallan los expertos, el análisis de las distintas clases de activos muestra que los mercados globales siguen descontando una prolongación del escenario de crecimiento no inflacionista.

Los factores que respaldan esta visión son las elevadas valoraciones de la renta variable y las sólidas previsiones de crecimiento del beneficio por acción, especialmente en segmentos vinculados a la IA, los diferenciales de crédito ajustados y los precios de los bonos a largo plazo, que apuntan a expectativas de inflación contenida (tasas de equilibrio), a pesar de descontar nuevos recortes de tipos por parte de los bancos centrales hasta niveles neutrales o ligeramente inferiores.

"Este escenario depende en gran medida del éxito de la inteligencia artificial. Si los avances de productividad derivados de la IA compensan el impacto negativo de los aranceles y del creciente proteccionismo, la demanda podría mantenerse firme sin generar presiones inflacionistas", comentan.

¿Qué implicaciones tendría para los precios de los activos? "En este contexto, la renta variable probablemente seguiría subiendo, los diferenciales crediticios se mantendrían estrechos y los rendimientos de la deuda pública repuntarían de forma moderada reflejando una mejora de las perspectivas de crecimiento. Si bien es posible que las tasas de desempleo aumenten temporalmente debido a los efectos de sustitución asociados a la IA, los responsables de política económica podrían responder con una postura monetaria más flexible, ya que los avances de productividad ayudarían a contener la inflación", responden.

Creen que es razonable esperar que esta narrativa de mercado se mantenga a corto plazo, dado que es probable que el mercado laboral se debilite y que la inflación disminuya (aunque seguirá siendo elevada). No obstante, según su análisis, no parece que vaya a ser el escenario predominante en 2026.

LA OPCIÓN MÁS PROBABLE, CRECIMIENTO CON INFLACIÓN

Sobre el segundo escenario, plantean que, aunque el crecimiento nominal global sigue siendo sólido, la inflación se mantiene por encima del objetivo del 2% en la mayoría de las economías desarrolladas. No obstante, las autoridades monetarias continúan con una política claramente acomodaticia, como se refleja en varios factores como la liquidez global se encuentra cerca de máximos históricos, por lo que, si se movilizara, podría impulsar aún más el crecimiento nominal, o las iniciativas públicas destinadas a estimular el crédito, incluida la desregulación bancaria, pese a que las condiciones de financiación del sector privado ya se están relajando en muchos países.

También en los tipos de interés reales a nivel global próximos a cero y a punto de volver a ser negativos y la inminente expansión fiscal.

¿Qué implicaciones tendría para los precios de los activos? Como afirman, la clave está en la respuesta de la política económica.

"Un repunte inflacionista todavía puede favorecer a los activos de riesgo, dado que un sólido crecimiento nominal debería impulsar la renta variable y mantener acotados los diferenciales de crédito. Además, aumenta la probabilidad de un repunte estructural de los rendimientos en los mercados desarrollados. La buena rentabilidad de los activos de riesgo podría prolongarse hasta que los responsables de las políticas dejen de priorizar el crecimiento y actúen para controlar la inflación con medidas más restrictivas o hasta que los mercados de renta fija consideren inadecuada la respuesta y obliguen a un endurecimiento a través de primas por plazo más elevadas".

Por ello, señalan que "los inversores en renta fija necesitarán, como mínimo, indicadores claros de que una política tan laxa ya no resulta apropiada en esta fase del ciclo, como señales evidentes de recuperación del mercado laboral, algo que podría demorarse. En nuestra opinión, los riesgos a corto plazo para el mercado laboral global se inclinan a la baja, sobre todo en EEUU. Sin embargo, cuanto más tarden en materializarse las señales de estabilización, mayor es el riesgo de que los responsables políticos generen las condiciones para una expansión seguida de una caída".

PROBABILIDAD MÁS BAJA DE RECESIÓN

Sobre el tercer escenario, no pueden descartar por completo la posibilidad de una recesión en 2026: "El desencadenante podría adoptar diversas formas, algunas más perjudiciales para los activos de riesgo que otras. Por ejemplo, cabe la posibilidad de que el impacto de los aranceles y la inflación, que ya se está dejando sentir, sea más grave de lo que sugieren los modelos económicos".

Sin embargo, se trataría más de una desaceleración temporal, dado el entorno de política monetaria y fiscal acomodaticia y el bajo nivel de apalancamiento del sector privado.

Para los expertos, los mayores riesgos de recesión derivan de una revisión a la baja de las expectativas del mercado respecto a la inteligencia artificial, tanto en cuanto a los plazos como a los beneficios futuros, que podría provocar una corrección significativa de la renta variable y deteriorar la percepción de riqueza de los hogares. Y también de la incertidumbre persistente y la escasa disciplina fiscal, que han incentivado un aumento del ahorro privado, tal y como ha ocurrido en varias partes de Europa.

¿Qué implicaciones tendría para los precios de los activos? Consideran que el riesgo de una recesión no inflacionista en 2026 sigue siendo relativamente bajo, si bien está aumentando.

"Si se diera este caso, la renta variable probablemente retrocedería, mientras que la renta fija podría repuntar (al menos inicialmente) y los diferenciales de crédito se ampliarían de forma notable. Si la recesión viniera provocada por una corrección ligada a la IA, también cabría esperar un dólar sustancialmente más débil", indican.

ESTANFLACIÓN, UN RIESGO DE COLA A VIGILAR

Actualmente, aunque se trata de un riesgo de cola, algunas economías muestran signos de estanflación, que podrían intensificarse con un aumento del proteccionismo. Este riesgo es relevante porque tendría un impacto muy negativo en los mercados de riesgo y porque los responsables políticos podrían repetir errores pasados y acomodar la inflación en lugar de contrarrestarla, avisan.

¿Qué implicaciones tendría para los precios de los activos? La estanflación, sobre todo si es persistente, sería muy dañina para la renta variable y los diferenciales de crédito y además presionaría al alza los rendimientos de los bonos por el efecto de los puntos de equilibrio y las primas por plazo, concluyen.

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