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El mercado conocerá este miércoles el informe de IPC de Estados Unidos de febrero, para el que se espera que tanto la tasa general como la subyacente se mantengan estables a nivel interanual, en el 2,4% y el 2,5%, respectivamente. Sin embargo, la atención se centra ya más en los próximos meses, con todas las miradas en la guerra de Irán y el incremento en los precios del petróleo.

Joshua Mahony, analista jefe de Scope Markets, asegura que "los operadores estarán muy al tanto de la dirección que tomarán los precios a medida que los mercados energéticos se disparan", y ve cada vez menos probable que el repunte del coste de la energía tenga efectos solamente en el corto plazo, ya que "los ataques a las instalaciones de producción de petróleo en todo Oriente Medio aumentan el tiempo que tomaría normalizar la producción en caso de una resolución de esta crisis".

Uno de los organismos más pendientes de la evolución del conflicto y de su impacto en los precios es la Reserva Federal (Fed), ya que el esperado repunte inflacionario puede suponer menos recortes en los tipos de interés en los próximos meses.

"Aunque normalmente se alienta a la Reserva Federal a no reaccionar ante choques de precios puntuales y de corto plazo, la perspectiva de un periodo prolongado de mayores costos para las empresas sí resalta el riesgo de que éstos se trasladen al consumidor, que ya se enfrenta a precios más altos en la gasolina. Los mercados descuentan un recorte único de 25 puntos básicos en 2026, aunque incluso eso podría ser demasiado optimista si se produce un conflicto prolongado que elimine una quinta parte del suministro mundial de petróleo durante un periodo extendido", añade.

En este sentido, los analistas de Bank of America (BofA) han advertido de que la fuerte subida del petróleo provocada por la escalada de la guerra en Irán podría tener consecuencias relevantes para la inflación global si se prolonga en el tiempo.

Mientras, de cara al informe que se conocerá este miércoles, los expertos de TD Securities esperan que la inflación subyacente "se desacelere al 0,23% intermensual en febrero, con el IPC general registrando un aumento ligeramente más firme del 0,25%".

"Un aumento más lento de los precios de los servicios, junto con una transmisión arancelaria más moderada, debería ayudar a mantener el segmento subyacente bajo control. Proyectamos que el IPC subyacente se mantendrá sin cambios en el 2,5% interanual; lo mismo ocurre con el indicador total, que probablemente seguirá en el 2,4%", agregan.

Los expertos de la firma indican que los riesgos para sus previsiones "están sesgados al alza" en caso de que su suposición de desinflación en los servicios "no se materialice por completo".

"Dado el conflicto en curso en Oriente Medio, nuestras previsiones del IPC a medio plazo están bajo revisión. Las expectativas de inflación han subido tras el aumento repentino de los precios del petróleo procedente de Irán, con los 'swaps' de inflación a 1 año subiendo casi 50 puntos básicos, hasta el 3,1%. A pesar de la persistente incertidumbre en Oriente Medio, esperamos que la inflación se enfríe y se acerque al objetivo de la Fed hacia finales de año", anticipan.

UN MERCADO EN VILO

La guerra en Irán centra casi en exclusiva la atención del mercado, por lo que los analistas ven poco probable que reaccione con fuerza al informe de IPC de febrero. Javier Molina, estratega de mercados de eToro, explica que los mercados de tipos ya reflejan "parte de esta preocupación" sobre un repunte inflacionario en los próximos meses.

"El aumento del precio del crudo ha impulsado las expectativas de inflación y la volatilidad en la renta fija, mientras que los inversores empiezan a cuestionar hasta qué punto los bancos centrales podrán relajar su política monetaria si el shock energético se prolonga", valora.

Molina pone el foco también en el "deterioro inesperado en el mercado laboral estadounidense", ya que la economía perdió 92.000 empleos en febrero frente a las previsiones de creación de puestos de trabajo, mientras que la tasa de desempleo subió hasta el 4,4% y la participación laboral cayó al 62%.

Según su criterio, "este debilitamiento del empleo contrasta con un crecimiento salarial aún sólido, lo que añade complejidad al escenario inflacionista".

"El resultado es un entorno de mercado más inestable, donde acciones y bonos han llegado a caer simultáneamente, reflejando un cambio en el régimen macroeconómico tras años de políticas monetarias extraordinariamente expansivas. En paralelo, hay que señalar que varios mercados de materias primas podrían encontrarse en una fase intermedia del ciclo alcista iniciado en los últimos años. Sin embargo, tras las fuertes subidas ya registradas en algunos sectores, la próxima fase del mercado probablemente exigirá mayor selectividad por parte de los inversores", agrega.

A corto plazo, cree que la evolución de los mercados dependerá "principalmente de tres variables: la persistencia del shock energético, la reacción de las expectativas de inflación y la respuesta de los bancos centrales".

"En un entorno marcado por tensiones geopolíticas y elevada incertidumbre macroeconómica, la prudencia y la gestión del riesgo vuelven a ser elementos centrales en la construcción de carteras", concluye.

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