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El exgobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández OrdóñezCONGRESO - Archivo

Luis Linde llegó al cargo de gobernador como un 'hombre bueno' para recomponer el Banco de España (BdE) tras el destrozo que hizo Fernández Ordóñez. Pero ha fracasado. No ha logrado pacificar la guerra interna en el supervisor ni evitar desastres como el del Banco Popular, y eso que se ha quedado casi sin competencias tras el traspaso al BCE.

Linde se encontró un Banco de España que se arrastraba en el fango tras la catástrofe de las cajas de ahorros durante el mandado de MAFO, que hizo inevitable el rescate financiero de España en 2012 y casi nos saca del euro. Su desprestigio era absoluto y, para evitar la repetición del desastre, los países centrales de la UE decidieron quitarle las competencias sobre las entidades importantes y dárselas al BCE (lo hicieron con todos los países, claro; no podían hacer distinciones).

Así que su tarea tenía que consistir básicamente en mantener un perfil bajo, facilitar ese traspaso, despolitizar la institución y que el Banco de España desapareciera de los titulares. Pero no. Le impusieron un subgobernador, Fernando Restoy, afín al PSOE y que rápidamente se hizo con las riendas del supervisor por la ambición de este y por dejación del propio Linde.

El tándem se estrenó con una decisión que a la postre sería desastrosa: fijar unos precios de traspaso del ladrillo de las cajas quebradas a Sareb, el banco malo, absurdamente elevado, como criticó la propia Comisión Europea. De aquellos polvos, los lodos de que los accionistas de Sareb, empezando por los contribuyentes españoles, perderemos como mínimo el 70% de nuestra inversión.

Linde tampoco fue capaz de poner orden en el sector en casos como las preferentes o las cláusulas suelo, donde cada entidad ha hecho (y hace) la guerra por su cuenta: unas han devuelto todo el dinero, unas solo si las ha condenado el Supremo, otras en unos casos sí y en otros no, y algunas en ningún caso.

El poder de Restoy mantuvo la politización del BdE. Es más, la guerra con la asociación de inspectores se recrudeció al fomentar el ascenso de personas procedentes del servicio de estudios y, después, al suprimir las oposiciones para acceder a la inspección. Esta guerra alcanzó su clímax en las comparecencias del propio Linde y del presidente de la asociación en la comisión de investigación de la crisis financiera en el Congreso.

Pero sin duda, el gran lunar del gobernador ha sido la quiebra del Popular. Linde fue responsable de su supervisión hasta el traspaso de competencias en 2014, pero optó por mantener la política de MAFO de mirar hacia otro lado en vez de obligar a Ángel Ron a tomar el toro por los cuernos, confiando en que tendría tiempo suficiente para ir tapando el agujero.

Y luego, en los momentos críticos de la fuga de depósitos hace justo un año, se negó a proporcionarle ELA (liquidez de emergencia). No podemos saber si habría servido para evitar la resolución, pero tal vez le habría dado oxígeno para buscar una solución menos onerosa para accionistas y bonistas. Por si fuera poco, se ha negado a ofrecer información sobre los motivos de esta decisión, ni siquiera al Congreso ni a la Audiencia Nacional.

Linde no pasará a la historia como el peor gobernador del Banco de España: será muy difícil que en el futuro alguien arrebate ese dudoso honor a MAFO. Pero tampoco deja atrás una gestión ejemplar. Esperemos que Hernández de Cos lo haga mejor... y que no le toque gestionar otra crisis financiera.

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