
A inicios de 2025, México logró que su inflación anual descendiera al rango objetivo de Banxico (3 % ± 1 %), consolidando una trayectoria descendente en los precios. Esta noticia toma especial relevancia en un momento en que los mercados internacionales están atentos a las políticas monetarias y al tipo de cambio, lo cual remite inevitablemente al concepto de que es forex, ya que las variaciones en el valor del peso mexicano frente al dólar o el euro afectan tanto a las importaciones como a la inflación interna.
En la primera quincena de julio, el índice nacional de precios al consumidor se ubicó en 3,64 %, acercándose al centro del objetivo de Banxico. Esta cifra representa una mejora significativa frente al 4,13 % registrado en junio. Sin embargo, la inflación subyacente —que excluye productos volátiles como alimentos y energía— sigue siendo alta, cercana al 4,3 %. Esta dualidad plantea un entorno favorable pero con riesgos latentes que el banco central debe seguir monitoreando.
En este contexto, Banxico ha respondido con una política de relajación gradual. Desde principios de 2024, ha recortado su tasa de interés de referencia del 11,25 % al 8 %, lo que representa un alivio para el financiamiento en la economía mexicana. No obstante, la Junta de Gobierno muestra divisiones internas: mientras la mayoría favorece mantener los recortes, otros miembros, como el subgobernador Jonathan Heath, sugieren pausar para evaluar los riesgos que persisten, en especial los relacionados con la inflación subyacente.
En comparación con España, donde la inflación se mantiene alrededor del 2,9 % según el INE, el regreso de México al rango objetivo puede parecer tardío, pero es igualmente significativo. Ambas economías comparten preocupaciones similares, especialmente por el impacto de los precios energéticos y de alimentos importados. Aunque la estructura de consumo es distinta, los vínculos comerciales, financieros y de inversión entre México y España hacen que las decisiones de política monetaria en uno de los países puedan tener eco en el otro.
Un factor determinante en este panorama es el tipo de cambio. En julio, el peso mexicano cotizaba cerca de los 22 MXN por euro. Esta relativa estabilidad ha sido crucial para contener la inflación importada. Para España, representa condiciones más predecibles para sus exportaciones industriales y energéticas. Para México, el comportamiento del tipo de cambio incide directamente en los precios internos, en especial en los productos que dependen de insumos importados.
Las empresas españolas con operaciones en México, como BBVA, Iberdrola o Telefónica, observan con atención estos indicadores. Un entorno de tasas más bajas favorece el crédito y la inversión local, lo que podría traducirse en mayor demanda para sus servicios. Al mismo tiempo, un peso estable y una inflación controlada fortalecen la percepción de México como destino atractivo para el capital extranjero.
Por otro lado, una política monetaria demasiado laxa podría generar desequilibrios. Si bien una tasa de interés del 8 % representa un alivio para consumidores y empresas, también puede avivar el consumo interno en un momento en que la inflación subyacente aún no cede del todo. Banxico debe calibrar cuidadosamente sus decisiones, evitando un relajamiento excesivo que pueda revertir los logros alcanzados.
España, por su parte, sigue una ruta similar pero con matices. El Banco Central Europeo ha adoptado una postura de prudencia, manteniendo tipos moderados y observando la evolución de la inflación en el bloque. Las similitudes en los desafíos macroeconómicos refuerzan la importancia de la coordinación internacional, especialmente ante riesgos globales como disrupciones comerciales o encarecimiento de materias primas.
Para los exportadores españoles que comercian con México, la recuperación del poder adquisitivo en el país latinoamericano puede abrir nuevas oportunidades. Una inflación contenida y un entorno de tasas estables mejoran las condiciones para vender bienes de consumo y servicios, siempre que el tipo de cambio se mantenga competitivo.
Desde el punto de vista financiero, los inversores también se ven beneficiados por un Banxico predecible y comprometido con la estabilidad. Las expectativas de inflación ancladas en torno al 3 % reducen la volatilidad y ofrecen confianza a los mercados. Esto puede traducirse en entradas de capital, apreciación moderada del peso y un mejor clima para inversiones extranjeras directas.
En los próximos meses, la atención se centrará en dos aspectos clave: la evolución de la inflación subyacente y la decisión de Banxico en su próxima reunión del 7 de agosto. Si los datos continúan mostrando avances, es posible que se mantenga la senda de recortes, aunque de forma más cautelosa. Si no, podría haber una pausa estratégica.
México se encuentra en una coyuntura delicada pero prometedora. Con una inflación que regresa al objetivo, un tipo de cambio estable y una política monetaria flexible pero vigilante, el país está mejor posicionado para mantener el crecimiento y fortalecer la confianza, tanto local como internacional.