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ESPECIAL CRISIS: ¿Y ahora qué? (V)
BMS
viernes, 14 agosto 2009, 13:19
Cuenta el primer libro de la Biblia
¿QUÉ PASA TRAS UNA CRISIS COMO ÉSTA? En un articulo publicado a finales de 2008 por los economistas Carmen M. Reinhart y Kenneth S. Rogoff, de la Universidad de Maryland y Harvard respectivamente, estos dos expertos intentaban buscar un punto en común de esta crisis con todas las que se han sufrido a lo largo del siglo XX. En sus conclusiones, hablaron de 3 características comunes a todas ellas: 1.- los colapsos del mercado de activos son profundos y prolongados (la caída en los precios inmobiliarios se fija en un 35% de media, y el periodo de duración se extiende a unos 3 años y medio); 2.- las secuelas de las crisis bancarias se asocian a descensos profundos en la producción y el empleo (la tasa de desempleo suele subir un 7% de media, y tarda unos cuatro años en recuperarse; la producción baja un 9% y tarda unos 2 años), y, 3.- el valor real de la deuda gubernamental tiende a explotar, subiendo hasta un 86% en los peores episodios tras la Segunda Guerra Mundial. Como vemos, por tanto, no debe sorprendernos que, tras esta última crisis, nos veamos envueltos durante unos años en una espiral bajista en empleo, producción, y vivienda, y alcista en deuda pública. El paro sube y los precios de la vivienda suelen bajar, al menos, durante los 5 o 6 años posteriores al estallido de la crisis, respectivamente. Afortunadamente, también vemos que las caídas en la producción no suelen durar más de 2 años de media. Todas las recesiones provocadas por crisis financieras terminan tarde o temprano, aunque algunas acompañadas por masivos incrementos de la deuda gubernamental. De todos modos, ¿hasta qué punto son relevantes estos datos históricos de cara a enfrentarnos a la crisis actual? Estos expertos prosiguen asegurando que los capítulos del pasado han permitido, por un lado, políticas monetarias más flexibles y con un régimen de tipos menos rígido. Algunos Bancos Centrales han actuado con mayor agresividad que en 1930, por ejemplo. Sin embargo, eso no debe hacernos pecar de vanidosos: años atrás los cambios aplicados se erigieron como los mejores, y sólo el tiempo se encargó de demostrar su invalidez. Además, no olvidemos tampoco que nos encontramos ante la primera crisis del mundo globalizado y que, como tal, requiere de un trabajo más complejo, en el que también entran en juego aspectos como las exportaciones o los efectos del consumo a través del préstamo extranjero, por citar algunos. En este contexto, el lapso más reciente en los impagos soberanos podría llegar a su fin. ¿TODOS LOS CAMBIOS SERÁN PARA BIEN? Lo más importante, además de atajar el problema, es intentar que no se vuelvan a cometer los mismos errores. El mundo se ha mostrado más unido que nunca a la hora de tratar esta cuestión, y las muestras de solidaridad y empatía han permitido que, de nuevo, los mercados y la economía rezumen optimismo. Sin embargo, el sistema económico no es una máquina perfecta en la que todo fluye sin más. Los parches que se ponen para tapar un agujero, podrían abrir nuevas grietas en otros puntos del ciclo. Muchos economistas y expertos, conscientes del problema, se han empezado a cuestionar qué repercusiones tendrán las medidas llevadas a cabo por los principales gobiernos y organismos económicos del momento. Algunos afirman que el nivel actual de tipos de la Reserva Federal y el BoE, por ejemplo, provocarán a la larga problemas de inflación, especialmente en commodities como el trigo, el oro y el petróleo. Otros destacan que se debería tomar como ejemplo la crisis de Suecia de la década de los 90 para que, como en ella, se opte por una mayor regulación para poner fin rápidamente al problema de la deuda tóxica. Pero si buscamos maneras de estimular la economía, ¿qué sería lo mejor? En las crisis de las puntocom o las burbujas inmobiliarias, los salarios se estancaron y muchos prefirieron endeudarse para seguir consumiendo. Una posible solución sería la de invertir en nuevas infraestructuras de energías renovables, transporte público o productos de eficiencia energética. Se crearían nuevos puestos de trabajo, la economía saldría a flote y el mundo financiero podría convertirse en un sistema más justo y equilibrado. Entonces, como Dios… nos habríamos ganado un merecido descanso. Sara Busquets |