El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cree que el cambio climático es un "engaño masivo". Por ello, ha decidido poner fin a "todas las normas sobre emisiones impuestas innecesariamente a vehículos y motores entre 2012 y 2027 y más allá". Este movimiento se suma a la retirada del país americano del Acuerdo de París y de todos los foros globales, incluidos el IPCC y la IPBES, los dos mayores paneles científicos sobre clima y biodiversidad, respectivamente. Con este movimiento, el mandatario cambia el panorama de inversión. Entonces, ¿sigue habiendo potencial en las acciones verdes?
"En Robeco no nos gusta tanto la distinción entre empresas verdes y marrones. En cambio, evaluamos si las empresas tienen planes creíbles para descarbonizar o desarrollar nuevas tecnologías para acelerar la transición a la energía limpia. Aquellos con buenos planes los etiquetamos como 'líderes climáticos' y a los que no los tienen los llamamos 'rezagados climáticos'", explican los analistas de la gestora.
De este modo, indican que, a pesar del debilitamiento de los compromisos climáticos de EEUU, las empresas líderes mundiales en materia climática han experimentado una mejora en sus perspectivas de beneficios. "Aunque existe un solapamiento sustancial entre ambos conceptos, la distinción es importante, ya que algunas empresas marrones están realizando una transición creíble para convertirse en verdes".
A este respecto, en Robeco se preguntan qué pasa con estos líderes climáticos, estas empresas con bajas emisiones o en proceso de transición que se suponía que iban a sufrir las consecuencias de estos cambios de política. "¿Han sido castigados por hacer lo 'correcto'?", interpelan.
Los datos sugieren lo contrario. "A pesar del debilitamiento de los compromisos climáticos de EEUU, las empresas líderes mundiales en materia climática experimentaron una mejora en sus perspectivas de beneficios, gracias al impulso tecnológico, la caída de los costes de la energía limpia y la aceleración de la adopción de políticas respetuosas con el clima en Europa y Asia", afirman. "Esas revisiones al alza de los beneficios se tradujeron en un aumento de los precios de las acciones, independientemente de la deriva política de Estados Unidos".
POTENCIAL DE BENEFICIOS DE LOS LÍDERES CLIMÁTICOS
Desde que el Acuerdo de París de 2015 incluyó los compromisos climáticos en la agenda mundial, los inversores debaten sobre si las empresas más verdes están superando en rentabilidad a sus homólogas intensivas en carbono. "A primera vista, la idea parece intuitiva. Si el mundo se preocupa cada vez más por el calentamiento global y empieza a abrazar la energía limpia las empresas con bajas emisiones de carbono deberían tener mejores perspectivas de crecimiento", señalan en Robeco.
Y, de hecho, una de las razones por las que las acciones verdes podrían haber superado a las más contaminantes (o "marrones") es sencilla: las expectativas de beneficios. "Es posible que los inversores subestimaran la rapidez con que crecerían las tecnologías verdes y la fuerza con que cambiaría la demanda. Cuando se revisaron al alza las previsiones de beneficios, los precios de las acciones subieron en consecuencia. Las empresas con altas emisiones, como los productores de petróleo, las mineras de carbón y los grandes emisores industriales, podrían haber visto menos sorpresas positivas".
Pero hay otro mecanismo más sutil, al que se presta mucha menos atención: el coste del capital. Se trata esencialmente, tal y como subrayan en la gestora, de la rentabilidad esperada que exigen los inversores por poseer las acciones de una empresa. Si esa rentabilidad esperada aumenta, el precio de la acción baja, aunque la actividad de la empresa siga siendo la misma.
"Es aquí precisamente donde entra en juego la política climática. Cuando los grandes inversores institucionales desinvierten en industrias que consumen muchos combustibles fósiles, a menudo lo justifican no solo por motivos morales, sino también por el riesgo. Las empresas intensivas en carbono se enfrentan a una normativa más estricta, activos bloqueados, la volatilidad de la demanda y las responsabilidades futuras".
Estos riesgos implican que las empresas intensivas en carbono deberían tener un coste de capital más elevado. A medida que los inversores se marchan, los precios de las acciones bajan, lo que aumenta la rentabilidad esperada.
En otras palabras, "los valores más contaminantes pueden quedar rezagados simplemente porque el mercado esté menos dispuesto a poseerlos, y no necesariamente porque sus beneficios sean decepcionantes. Irónicamente, una vez que ese mayor coste de capital está totalmente descontado, la teoría predice el efecto contrario: las empresas marrones deberían acabar obteniendo mayores beneficios, compensando a los inversores por su elevado riesgo climático. Esto es lo que algunos investigadores denominan prima de riesgo del carbono", añaden en Robeco.
¿MERECE LA PENA APOSTAR POR LA SOSTENIBILIDAD?
Con este telón de fondo, ¿merece la pena apostar por la sostenibilidad? "Depende de cómo se mida, dicen en Robeco. Y es que las empresas marrones de EEUU recibieron un impulso a corto plazo cuando se retiraron las políticas climáticas estadounidenses. Pero las empresas líderes mundiales en clima siguen registrando un crecimiento mejor de lo esperado.
"Hay algo que está claro: la historia del mercado tras el Acuerdo de París tiene muchos más matices de lo que parece, y no se trata solo de una victoria para la energía limpia. Se trata de un cambio de expectativas, reveses geopolíticos, riesgos revalorizados y un recordatorio de que, en los mercados financieros, el cambio climático ya no es una amenaza futura abstracta. Ya está influyendo en los precios hoy mismo", concluyen en Robeco.











