El conflicto en Oriente Medio está provocando una conmoción grave, aunque no sistémica, en los mercados. Y es que el aumento de los precios de la energía y la incertidumbre ponen a prueba una economía global que comenzó la guerra en buena forma. Sin embargo, el alto el fuego de dos semanas entre EEUU e Irán abre la puerta a una desescalada que va dirigida a evitar las consecuencias más perjudiciales. Por ello, en Lombard Odier tienen claro que "la historia subraya la importancia de mantener carteras resilientes y diversificadas".
Bajo esta premisa, en la firma favorecen el oro. "Esperamos que el metal precioso se recupere aún más tras su reciente consolidación, a medida que la fortaleza del dólar estadounidense se debilita y los mercados comienzan a revertir las recientes expectativas de endurecimiento de la política monetaria".
De hecho, los analistas subrayan que "el oro sigue siendo un diversificador estratégico clave tanto en nuestro escenario base como en los escenarios de riesgo. A corto plazo, vemos oportunidades para que el metal precioso se beneficie de la disminución de las expectativas del mercado sobre un endurecimiento monetario en EEUU y un eventual debilitamiento del dólar estadounidense".
Además, explican que, en los escenarios de riesgo, el papel del oro como reserva de valor y cobertura contra los riesgos geopolíticos y la incertidumbre política se vuelve más pronunciado.
"Los choques geopolíticos históricos demuestran que el oro se comporta mejor cuando los tipos de interés reales caen bruscamente o cuando la confianza en las principales divisas se ve comprometida. Estas condiciones prevalecerían en un contexto de estanflación, y aún más en un escenario de recesión. Por lo tanto, el oro debería proporcionar diversificación tanto en escenarios de inflación como de crisis de crecimiento. Mantenemos una ligera sobreponderación en oro en nuestras carteras".
Por otro lado, prevén que las acciones desempeñen un papel "valioso" en las carteras, y priorizan la calidad y la resiliencia. "Las regiones y los sectores con un fuerte poder de fijación de precios, balances sólidos y flujos de caja fiables están mejor posicionados para afrontar presiones temporales de costes".
En este sentido, en Lombard Odier mantienen las asignaciones globales de renta variable en niveles neutrales, con exposiciones selectivas a regiones cíclicas, conservando una sobreponderación en Japón, "donde vemos una oportunidad para que las valoraciones se recuperen si el precio del petróleo se normaliza aún más".
Dentro de los mercados emergentes, muestran preferencia por Corea del Sur y China, y el sector de tecnología de la información. "Equilibramos estas exposiciones con una preferencia por acciones de dividendos de alta calidad, y preferencias sectoriales adicionales por salud y servicios públicos".
Así, en la firma consideran que la flexibilidad de la cartera es clave en la crisis actual. "En nuestra opinión, mantener carteras diversificadas, priorizando la calidad y conservando diversificadores eficaces, sigue siendo la respuesta más sólida ante un panorama geopolítico y macroeconómico incierto".
DOS ESCENARIOS DE RIESGO
Con todo, y pese a que el alto el fuego temporal es una "buena noticia", la fragilidad del acuerdo ha quedado rápidamente de manifiesto. Por ejemplo, Irán ha anunciado que se han incumplido varios términos del acuerdo, mientras que el presidente Donald Trump ha afirmado que el ejército estadounidense "permanecerá en Irán y sus alrededores hasta que se cumpla plenamente el acuerdo alcanzado". Del mismo modo, Israel ha lanzado su mayor ofensiva contra el Líbano desde el inicio de su invasión.
En este contexto, en Lombard Odier defienden analizar el riesgo de una nueva escalada y un impacto inflacionario sostenido. "Si el conflicto se prolonga más de lo previsto, el balance de riesgos se inclinaría hacia resultados más adversos. Si bien no es nuestro escenario principal, una interrupción prolongada del suministro de petróleo podría elevar los precios hasta los 115 dólares por barril en seis meses, amenazando con una desaceleración inflacionaria".
En este escenario, la inflación aumentaría significativamente, mientras que el incremento de los costes energéticos afectaría al consumo y a los márgenes de las empresas. El rendimiento de las acciones sería moderado, con valoraciones más bajas y riesgos para el crecimiento de las ganancias por acción. Los bonos del gobierno estadounidense, por su parte, tendrían dificultades para compensar la debilidad del mercado de valores, ya que la preocupación por la inflación limitaría la caída de los rendimientos y los bancos centrales podrían considerar un aumento adicional de las tasas
"Recordaría a 2022, cuando la inflación superó los objetivos de los bancos centrales, lo que impulsó a los responsables políticos a endurecer rápidamente la política monetaria para contener el aumento de los precios y las expectativas inflacionarias. Los bonos tienen un desempeño deficiente en este tipo de entorno. Solo los bonos vinculados a la inflación ofrecerían cierto grado de protección para la cartera, al compensar el aumento de la inflación mediante cupones indexados".
En un escenario más extremo de escalada del conflicto, que implique daños duraderos a la infraestructura o repercusiones regionales más amplias, los precios del petróleo podrían alcanzar un promedio de 150 dólares por barril durante nueve meses. Esto probablemente desencadenaría otro repunte de la inflación, generando una destrucción generalizada de la demanda y riesgos de recesión.
"Un resultado de estanflación de este tipo recordaría a crisis petroleras pasadas, como la Primera Guerra del Golfo. Los mercados de renta variable sufrirían una tensión significativa. Sin embargo, la búsqueda de activos seguros favorecería en general la renta fija de alta calidad, ya que los riesgos para el crecimiento económico reducirían los rendimientos. También respaldaría los precios del oro. En este escenario, los bonos gubernamentales ofrecerían diversificación, dado que los riesgos de crecimiento comenzarían a predominar sobre los riesgos de inflación", concluyen en Lombard Odier.











