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Fiscalidad de las cuentas corrientes

Como cualquier activo financiero, las cuentas corrientes están sujetas al pago de impuestos en la declaración de la renta y ahora también en el Impuesto sobre el Patrimonio. Hacienda suele incluir los datos de nuestras cuentas de forma automática en el IRPF, pero nunca está de más conocer cómo funciona y cuánto pagamos por ellas.

Aunque se ha convertido en un elemento casi indispensable de nuestra vida diaria, las cuentas corrientes no dejan de ser un producto financiero. En términos técnicos la definiríamos como contrato financiero con una entidad bancaria en virtud del cual se registran el balance y los subsiguientes movimientos de dinero del cliente. Desde un punto de vista algo más práctico, sería el soporte operativo para centralizar operaciones habituales con nuestro dinero como el ingreso de nóminas y el pago de recibos, además de para recibir los beneficios de depósitos u otras inversiones.

En los comienzos del sistema bancario, las entidades financieras ofrecían interesantes remuneraciones a los clientes por depositar el dinero en la cuenta corriente. Esta es una buena costumbre que se ha ido perdiendo con el paso del tiempo y ahora sólo las cuentas remuneradas brindan intereses dignos de mención. Esto no quiere decir que una cuenta de ahorro al uso no genere ningún tipo de interés y será precisamente esa ganancia por la que debamos tributar y la que afecta a la fiscalidad de la cuenta corriente (independientemente de que después el banco nos cargue todo tipo de gastos de mantenimiento y comisiones que superen con creces los exiguos beneficios que ofrezca la cuenta).

Como tributa

Las ganancias que hayamos obtenido por nuestra cuenta corriente se forman parte de las rentas del ahorro y como tal se integran en la base del ahorro junto con el rendimiento de fondos de inversión, acciones, depósitos, letras del tesoro…. En definitiva, casi cualquier tipo de inversión mobiliaria salvo excepciones como los planes de pensiones, cuya fiscalidad es algo más complicada.

Las cuentas corrientes tributan a efectos de IRPF de forma que sólo habrá que pagar por el rendimiento que hayan generado. De estas ganancias habrá que pagar un 19% hasta los primeros 6.000 euros y un 21% a partir de esa cantidad.

El Impuesto del Patrimonio

Pero no sólo hay que fijarse en el IRPF a la hora de evaluar la fiscalidad de las cuentas corrientes. También hay incluirlas en el recuperado Impuesto sobre el Patrimonio, donde el dinero que tengamos en nuestra cuenta corriente se sumará al resto de bienes por los que hay que declarar según señalan los artículos del 10 al 25 de la ley, recogidos en el Título IV.

Por fortuna, tras el último cambio legislativo sólo quienes posean un patrimonio superior a los 700.000 euros, excluida la vivienda habitual hasta un máximo de 300.000 euros y los bienes empresariales, deberán pagar el impuesto a razón del 1% de su patrimonio.

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Y para terminar, un vídeo con algunos consejos para acertar en la elección de nuestra cuenta corriente.

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