La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en el tema estrella en las bolsas de todo el mundo. De hecho, en las últimas semanas los inversores han mostrado su preocupación sobre las elevadas valoraciones de las compañías asociadas a este ‘boom’ tecnológico. Pero hay otro aspecto que los mercados están pasando por alto y que también plantea un reto decisivo para el futuro de la IA: la seguridad nacional.
"El aspecto más determinante de la revolución de la IA reside en la dura realidad de la seguridad nacional", opina Thomas Mucha, estratega geopolítico en Wellington Management. Es más, el analista destaca que tanto estrategas militares como responsables políticos han equiparado el potencial disruptivo de la IA con la aparición de las armas nucleares hace 80 años.
Una comparación que le lleva a realizar una pregunta clave: "¿Podrán los gobiernos y las fuerzas armadas del mundo gestionar de forma pacífica un desafío titánico por el control de esta tecnología en rápida evolución?". "Los gobiernos son plenamente conscientes del poder transformador de la IA, y muchos aspiran a 'ganar' la carrera armamentística en este terreno", responde.
En este sentido, en la gestora señalan que los retos que plantea la IA para la seguridad nacional abarcan múltiples dimensiones, como por ejemplo, el uso militar. "El potencial de la IA en sistemas armamentísticos (tripulados y autónomos), selección de objetivos, labores de inteligencia y otros ámbitos supone una amenaza para las convenciones militares vigentes".
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Otro de los desafíos es el refuerzo del poder del Estado. "El uso de la IA en la gestión gubernamental, tanto en sistemas autoritarios como democráticos, podría intensificar la competencia ideológica y poner en riesgo las libertades individuales", afirma Mucha.
Del mismo modo, hay que tener en cuenta la bioética, ya que "la posible aplicación revolucionaria de la IA en el campo de la genómica —incluida la ingeniería genética, la selección y la modificación— podría dar lugar tanto a avances médicos de gran calado como a nuevas armas biológicas con efectos devastadores".
Además, están los riesgos catastróficos. "La rápida integración de la IA en ámbitos hasta ahora independientes —como la biotecnología, la ciberseguridad, los sistemas de armamento nuclear y no nuclear, así como los sistemas financieros y bancarios— eleva la probabilidad de que surjan riesgos sistémicos interconectados, en cascada y sin precedentes", comenta el analista.
En este escenario, Estados Unidos y China, las dos mayores economías del mundo, son protagonistas indiscutibles. La situación recuerda a la Guerra Fría entre Estados Unidos y Rusia durante la segunda mitad del siglo XX.
Sin embargo, "a diferencia de entonces —cuando Washington y Moscú colaboraron para limitar la proliferación y mitigar los riesgos de las armas nucleares—, hoy la posibilidad de cooperación entre Estados Unidos y China en materia de IA sigue siendo peligrosamente reducida", rememoran desde la firma.
IMPACTO EN LA INVERSIÓN
Por ello, y dada la magnitud de lo que está en juego y la inestabilidad del actual contexto geopolítico, desde Wellington Management creen que los inversores podrían beneficiarse de comprender mejor la dimensión de seguridad nacional de la IA y sus posibles repercusiones en los mercados públicos y privados.
Y es que es probable que las cuestiones de seguridad nacional sean determinantes a la hora de definir ganadores y perdedores en inversión, en un contexto en el que la IA evoluciona a gran velocidad.
Así, Mucha pone el foco sobre cinco implicaciones para la inversión que deberían ocupar un lugar más destacado en la narrativa actual del mercado sobre la IA.
1. Nuevas guerras, nuevos conflictos con IA. "La carrera vertiginosa por la inteligencia artificial coincide con el final de un prolongado ciclo geopolítico de estabilidad relativa, que ahora se resquebraja ante el repunte de los conflictos militares en todo el mundo". Entre ellos figuran las guerras de mayor gravedad en Ucrania y Oriente Medio, que han servido de 'laboratorios' para aplicaciones militares y de seguridad nacional de la IA.
2. La IA como prioridad política. "En un contexto plagado de conflictos globales, la seguridad nacional adquiere cada vez mayor relevancia. En la práctica, esto significa que la defensa y otras cuestiones vinculadas a la seguridad ocupan el primer lugar en la agenda política, con la ‘victoria’ en IA como máxima prioridad", añade Mucha.
3. Impulso a estrategias favorables a la IA. "El Pentágono y la CIA han sido pioneros durante años en la aplicación de la IA en sistemas armamentísticos y selección de objetivos, servicios de inteligencia, ciberataques y ciberdefensa, así como en logística y otros ámbitos. China y Rusia también han ejercido un liderazgo destacado en estas áreas de seguridad nacional. Todo apunta a que esta tendencia se acelerará en los próximos años".
4. Una oportunidad para el sector privado. Otra prioridad política relevante será la adopción más amplia y rápida de estas capacidades en el sector privado y en la economía en general, dados los potenciales beneficios económicos de la IA. "Es probable, además, que la regulación pública sea más laxa, ya que la necesidad de actuar con rapidez por motivos de seguridad nacional podría imponerse sobre otras consideraciones", asegura el experto.
5. Más competencia, mayor necesidad energética. "La creciente importancia de la seguridad nacional en torno a la IA, junto con la rivalidad entre grandes potencias, apunta a una competencia cada vez más intensa por los numerosos y variados recursos necesarios para impulsar el avance de esta tecnología". Entre ellos figuran semiconductores especializados y avanzados, los componentes críticos para su producción, clústeres de computación en la nube, superordenadores y fuentes de datos de alta calidad.
"Dado lo que está en juego y el carácter estructural y de largo plazo de esta competencia, considero que los factores de seguridad nacional serán determinantes para definir los ganadores y perdedores de la inversión en el futuro. Las disrupciones geopolíticas y políticas generan oportunidades constantes de diferenciación para las estrategias de gestión activa, desde enfoques long-short en renta variable y renta fija hasta abundantes oportunidades de inversión temática", concluye Mucha.












