
Intel sube con ganas tras unos resultados que han convencido a los analistas. El fabricante de chips estadounidense se dispara en la preapertura de Wall Street tras anunciar que su beneficio totalizó 2.200 millones de dólares frente a las pérdidas de hace un año (BPA de 0,42 dólares) y que sus ingresos alcanzaron los 16.100 millones de dólares, la mejor cifra desde 2011 y un 25% más que en el mismo período de 2025.
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Para el trimestre en curso, Intel prevé un beneficio ajustado de 38 centavos por acción sobre unos ingresos de entre 15.800 y 16.800 millones de dólares. Intel también anunció que ha comenzado a negociar acuerdos de suministro a largo plazo con clientes de sus procesadores para servidores. Algunos contratos incluyen precios fijados de antemano, mientras que otros están centrados en garantizar determinados volúmenes de suministro.
Según los expertos, esta es de una práctica cada vez más habitual, especialmente en el mercado de memorias, donde los fabricantes buscan preservar los elevados precios actuales y su poder de negociación por si el mercado de la inteligencia artificial (IA) pierde impulso. Intel indicó que ya ha firmado 10 acuerdos a largo plazo, y el director financiero, David Zinsner, explicó que la compañía está limitada por su capacidad de producción, ya que los clientes de centros de datos demandan más chips de los que puede fabricar.
Intel también está incrementando sus inversiones de capital ('capex') y prevé otro aumento significativo el próximo año, mientras acelera su transformación para convertirse en un fabricante de chips para terceros. De hecho, la división de fundición o fabricación para terceros (Intel Foundry) registró 5.800 millones de dólares en ventas, un 31% más que hace un año. Aun así, Intel todavía no ha anunciado ningún gran cliente para su negocio de fundición, algo que inversores y potenciales clientes siguen esperando
A los expertos de Bankinter les gustan estos anuncios, pero, sobre todo, destacan las "sólidas" guías proporcionadas por el valor y la expectativa de alcanzar un flujo de caja libre positivo a partir de 2027. Esto, sumada a la entrada de importantes socios en los últimos tiempos –Gobierno estadounidense (10%), Nvidia (cerca de un 4%) y Softbank (cerca del 2%)– animan en bolsa al valor, que sube más del 170% en lo que va de año.
"Aplaudimos la transformación que Intel está llevando a cabo, e incluso convertirse en un seguidor relativamente rápido de TSMC ya sería un éxito tanto para Intel como para Estados Unidos", afirma C.J. Muse, analista de Cantor. Por otro lado, este experto considera que la recuperación de los fundamentales será "más gradual", lo que significa que será necesario "contar con una mayor claridad" sobre la captación de clientes y sobre el volumen de ingresos, tanto en la fabricación de obleas (front-end) como en las fases de ensamblaje y encapsulado (back-end), antes de que la acción pueda "dar el siguiente gran impulso al alza".
EN EL LADO GANADOR
Lo cierto es que Intel y otros fabricantes de chips están siendo, pese a las caídas de las últimas semanas, los grandes beneficiarios de la tendencia de inversión en IA. La tesis es sencilla: estas compañías son las que están consiguiendo captar los gigantescos flujos de capital que los grandes nombres de Silicon Valley están invirtiendo para desarrollar esta tecnología. Y lo están pagando.
Ayer, Alphabet y Tesla sufrieron en bolsa después de que el fabricante de vehículos eléctricos mantuviese sus planes de gasto para este año (25.000 millones de dólares) y de que la matriz de Google los elevase en 15.000 millones de dólares, hasta un máximo de 205.000 millones. Ello, mientras el flujo de caja de ambas compañías pasó a ser negativo en el segundo trimestre. Y es que ambas tropezaron con la misma piedra que lleva tiempo preocupando al mercado: el desmesurado gasto en IA.
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"Esto significa que las grandes tecnológicas —que antes requerían poco capital y generaban abundante caja— se están convirtiendo en empresas intensivas en capital y con menos liquidez disponible, dependiendo cada vez más de la emisión de acciones y deuda para financiar el creciente gasto en IA, precisamente en un momento en el que las expectativas de tipos de interés siguen aumentando", destaca Ipek Ozkardeskaya, analista sénior de Swissquote Bank.
Si los tipos suben, la financiación de esta deuda no es ya tan interesante: la parte corta de la curva de rendimientos sube por las expectativas de inflación y la larga, también, ante la expectativa de una inflación estructuralmente más elevada, el aumento de la deuda pública estadounidense y, posiblemente, el incremento de las emisiones de bonos por parte de las propias grandes tecnológicas. Por ejemplo, el rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 30 años, por ejemplo, se ha mantenido por encima del 5% durante 14 sesiones consecutivas y ahora está poniendo a prueba el nivel del 5,20%.
Alphabet cerró la sesión más de un 20% por debajo de su máximo de mayo, dejando la acción a las puertas de entrar en un mercado bajista. Tesla, por su parte, se hundió casi un 15% y ha perdido un tercio de su valor desde diciembre, aunque los analistas creen que hay margen para nuevas caídas, pues su ratio precio-beneficio (PER) continúa rondando las 320 veces, lo que sugiere que su valoración "sigue dependiendo más del optimismo en torno a las ambiciones futuristas de Elon Musk que de los fundamentales del negocio".
"La buena noticia es que, a estas alturas, las reglas del juego están claras", afirma Ozkardeskaya. Según esta experta, ninguna de las grandes tecnológicas "puede permitirse reducir sus planes de inversión", ya que la IA es un negocio "extraordinariamente" intensivo en capital: antes de vender servicios de IA, primero hay que construir la infraestructura —centros de datos, chips, redes y capacidad energética—, y todo ello tiene un coste enorme. "Quedarse atrás en esa construcción implica el riesgo de que los clientes migren hacia competidores que sí hayan invertido", agrega.
Así, la carrera por desarrollar la infraestructura de IA se ha convertido en "una competición contra el reloj". Es, para esta experta, el "clásico dilema del prisionero o, quizá más apropiadamente para las grandes tecnológicas, el gran dilema del gasto". "Si gastan agresivamente, corren el riesgo de inquietar a los inversores por la reducción del flujo de caja libre. Si gastan demasiado poco, corren el riesgo de quedarse irremediablemente rezagadas en la carrera por la inteligencia artificial. La única opción realmente viable es seguir invirtiendo, aunque cada vez resulte menos atractiva para todas ellas... al menos hasta que los inversores digan: 'basta'", sentencia.
La próxima semana será el turno de Microsoft, Meta, Amazon y Apple, cuyas cuentas volverán a estas examinadas bajo el mismo prisma: importará menos cuánto ganan y más cuánto piensan gastar y cuánta dinero queda en la caja tras varios trimestres de gasto masivo.
