Bolsamania

Elon Musk dejará la política (y las acciones de Tesla vuelan)


El experimento más excéntrico del segundo mandato de Donald Trump empieza a desinflarse. Elon Musk, que en los últimos meses ha ejercido como algo más que un asesor presidencial —algunos en Washington lo llamaban ya el “copresidente”—, prepara su salida gradual de la administración, según avanzó Politico citando fuentes internas del Gobierno.

Musk, que nunca tuvo un cargo oficial ni fue sometido a ningún tipo de control institucional, fue presentado por Trump como el cerebro detrás del DOGE: el llamado Departamento de Eficiencia del Gobierno. Una especie de “unidad de choque” encargada de reducir gastos y personal en todas las agencias federales, con una mezcla de ideología libertaria, recetas de Silicon Valley y mucho poder informal.

Ahora, según varias personas cercanas al presidente, ambos habrían acordado que el magnate de Tesla y SpaceX se aleje de la primera línea política “en las próximas semanas” para volver a centrarse en sus empresas. Una decisión que llega justo en medio de una nueva sacudida bursátil para Tesla: sus acciones suben un 5% este miércoles pese anunciarse una caída del 13% en las ventas del primer trimestre.

La coincidencia temporal es difícil de ignorar. Musk lleva meses inmerso en una cruzada política global que ha incluido declaraciones polémicas, intervenciones en procesos electorales en Europa y América Latina, y un vínculo cada vez más estrecho con el ala dura del trumpismo. Todo eso ha pasado factura a su imagen pública… y a sus negocios. Algunos analistas señalan que el desgaste de marca, especialmente entre los consumidores progresistas, está detrás del frenazo en las ventas.

Pero más allá de los números, la retirada de Musk marca un giro en el estilo de gobernar de Trump. Su presencia en el ala oeste de la Casa Blanca fue siempre atípica: no tenía despacho asignado, pero sí acceso libre a reuniones clave. No era funcionario, pero intervenía en decisiones presupuestarias. Y aunque formalmente era solo un asesor, durante meses nadie se atrevió a contradecirlo.

Hace apenas un mes, el mensaje desde la administración era el contrario: que Musk seguiría, que se buscaría una “solución legal” para sortear el límite de 130 días que impone la ley para asesores no confirmados por el Senado. Incluso se habló de cambiar normativas para permitir su continuidad sin pasar por audiencias públicas ni declarar conflictos de interés.

Sin embargo, todo parece haber cambiado en las últimas semanas. Trump habría empezado a preparar el terreno durante una reunión de gabinete el pasado 24 de marzo, en la que ya dejó entrever que Musk se marcharía pronto. Oficialmente, no hay ruptura. Tampoco desencuentros. Pero el final de esta relación tan poco ortodoxa puede estar más cerca de lo que muchos pensaban.

Lo curioso es que la famosa “luna de miel” que muchos vaticinaban que acabaría mal, no ha terminado en pelea. Musk y Trump incluso se permitieron ironizar sobre ello en una entrevista conjunta, la primera de la historia entre un presidente en ejercicio y un asesor sin cargo claro.

Pero la política, como la tecnología, también tiene fecha de caducidad. Y el experimento Musk en la Casa Blanca puede estar viviendo sus últimos días