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¿Cómo lo hacen las gasolineras low cost para ser tan baratas?

Un hombre reposta combustible en una gasolinera, a 24 de febrero de 2022, en Madrid (España) El precio de la gasolina y del gasóleo ha conquistado esta semana nuevos récords históricos para ambos carburantes, impulsado por el alza en el precio del petróleo, que cotiza ya por encima de la cota de los 100 dólares por barril tras el inicio de los ataques de Rusia a Ucrania.
Alberto Ortega / Europa Press
24/2/2022

En un mercado como el español, donde los precios del combustible se han mantenido por encima del euro por litro durante años, las gasolineras automáticas de bajo coste han consolidado su presencia como una alternativa real para millones de conductores.

Este tipo de operadores funciona con una estructura muy ligera. Nada de personal en pista ni en tienda, ni servicios accesorios como cafeterías o túneles de lavado. El cliente se lo guisa y se lo come: elige el surtidor, paga en una máquina (o con una app), reposta y se va. Esta fórmula les permite eliminar costes laborales, de formación y mantenimiento que sí asumen las grandes marcas como Repsol, Cepsa, BP o Shell. Además, muchas de estas estaciones se ubican en polígonos o zonas periféricas donde el coste del suelo es mucho más bajo que en las ubicaciones céntricas o de alto tráfico.

En ciudades como Madrid, Barcelona o Valencia, la diferencia en el precio por litro puede superar los 30 céntimos. Según el Geoportal de Precios del Ministerio para la Transición Ecológica, Ballenoil ofrece gasolina 95 E5 Premium a 1,289 €/l en la Avenida de Andalucía (Madrid), mientras que algunas estaciones tradicionales de la capital marcan hasta 1,63 €/l. El gasóleo A, en ubicaciones como San Martín de la Vega, baja hasta 1,149 €/l. En Barcelona, el gasóleo Premium aparece a 1,185 €/l en calle Córdoba, y en Valencia la gasolina 95 se sitúa en 1,305 €/l.

La clave está en los márgenes. Estas gasolineras operan con beneficios por litro más ajustados, pero compensan con un volumen de ventas mucho mayor. Su estrategia no es seducir al cliente con servicios añadidos, sino con el precio. Y funciona: muchos conductores han modificado sus hábitos de repostaje buscando llenar el depósito al mejor coste posible.

La gran pregunta que se hacen muchos usuarios es si este combustible es “peor” que el que se vende en estaciones premium. La respuesta corta: no. Toda la gasolina y el diésel que circula en España proviene de las mismas refinerías, y se distribuye a través de una red logística común, gestionada en su mayoría por Exolum (antes CLH). Eso asegura que todos los carburantes cumplan con los estándares de calidad y normativa tanto españoles como europeos.

La diferencia radica en los aditivos. Las grandes marcas incorporan compuestos desarrollados en laboratorio para mejorar la limpieza del motor, reducir emisiones o alargar la vida útil de los inyectores. Las estaciones de bajo coste, en cambio, ofrecen el combustible “base”, sin aditivos añadidos más allá de los mínimos obligatorios.

Este modelo de negocio ha crecido al calor del precio y de un consumidor más informado, pero también en un momento en el que llenar el depósito se ha convertido en un gasto que pesa cada vez más en los bolsillos. A esto se suma la pérdida progresiva de ayudas como el descuento de 20 céntimos por litro, eliminado en 2023, y la todavía lenta implantación del vehículo eléctrico, que sigue condicionado por la red de carga, el precio de los modelos y el coste de la electricidad.