photo d archives des drapeaux europeens a l exterieur du batiment de la bce a francfort

En general, las previsiones del mercado dan por seguro que el Banco Central Europeo (BCE) actuará en su próxima reunión y en otra más antes de acabar el año, pero en Berenberg creen que "no hay necesidad" de que el organismo suba los tipos de interés "en medio de la crisis de los consumidores".

"La economía probablemente podría tolerar la única subida de 25 puntos básicos que el BCE tiene previsto para el 11 de junio con un daño moderado, pero nuevas subidas podrían posponer cualquier recuperación posterior a la crisis de Irán o incluso empujar a la eurozona a una minirrecesión innecesaria", señala el economista jefe de la entidad, Holger Schmieding.

Como explica, tres meses después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, iniciara su guerra contra Irán, crecen las esperanzas de que lo peor está a punto de terminar.

"Diversos informes sugieren que, además de una extensión de 60 días de la frágil tregua actual, ambas partes están cerca de un acuerdo marco que incluirá la reapertura del estrecho de Ormuz, con la condición de que Irán retire todas las minas en un plazo de 30 días. Si Trump y los líderes iraníes lo aprueban, el acuerdo también establecería los parámetros para futuras negociaciones sobre cuestiones clave y controvertidas, como el programa nuclear iraní y las sanciones estadounidenses", indica.

En su opinión, el resultado más probable de la guerra es un acuerdo con medidas claras y verificables para desmantelar el programa de armas nucleares de Irán a cambio de un alivio gradual de las sanciones y la reapertura total y sin peaje del estrecho de Ormuz.

Entretanto, la guerra en Oriente Medio está teniendo un fuerte impacto en la economía mundial. De hecho, desde su inicio, en Berenberg ya han recortado sus previsiones de crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) para este año del 1,3% al 0,6% para la eurozona.

"Desde finales de abril, habíamos basado nuestras predicciones en la suposición de que el estrecho de Ormuz comenzaría a reabrirse en junio. Como resultado, la economía de la eurozona volvería a crecer unos tres meses después del fin de la guerra de Irán tras el actual período de estanflación. Ayudada por los precios más bajos del petróleo y el estímulo alemán que se está desarrollando gradualmente, la eurozona podría entonces disfrutar de un crecimiento del 1,3% en 2027, es decir, cerca de su tasa de tendencia del 1,2%, y un miniboom en 2028 con un aumento del 1,6% en el PIB real", exponen.

Pero estas previsiones se inclinan fuertemente a la baja: "En primer lugar, es muy probable que el estrecho de Ormuz permanezca prácticamente cerrado más allá de mediados de junio. Durante los próximos tres meses, tendríamos que reducir nuestras previsiones de crecimiento de la eurozona en 0,1 puntos porcentuales tanto para 2026 como para 2027 por cada mes en que los precios del petróleo se mantengan en o ligeramente por encima de los 100 euros por barril. En medio de la disminución de las reservas mundiales de petróleo, el daño potencial que se hará cada vez más visible en las previsiones para 2027 probablemente aumentará de forma no lineal a partir de mediados de verano. En segundo lugar, el BCE corre el riesgo de cometer un grave error de política monetaria al subir los tipos de interés en respuesta a la actual crisis de oferta estanflacionaria".

Por ello, Schmieding asegura que "no es necesario que el BCE agrave la situación", dado que la política monetaria funciona restringiendo la demanda agregada y "la demanda ya está debilitada".

"La fuerte caída del PMI compuesto de la eurozona a 47,5 en mayo, tras un nivel de 51,9 en febrero (antes de la guerra), apunta a un riesgo a corto plazo de una leve recesión. Peor aún, la confianza del consumidor se ha desplomado. Mientras que la percepción retrospectiva de la inflación actual en la encuesta de sentimiento de la Comisión Europea alcanzó un récord de dos años de 57,4 en mayo, la expectativa prospectiva de aumentos de precios en los próximos 12 meses retrocedió de 48,8 en abril a 40,5 en mayo. Los indicadores de empleo también empeoraron en la encuesta. Los trabajadores tendrán dificultades para presionar por salarios más altos, mientras que la débil demanda impedirá que las empresas trasladen todos los aumentos de costes", afirma.

En medio de la continua destrucción de la demanda, ve que es "poco probable que el inevitable aumento temporal de los precios se convierta en un problema de inflación prolongado que deba abordarse con subidas de tipos".

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