La región de Asia-Pacífico se prepara para una conmoción económica derivada del conflicto en Oriente Medio. Y es que, aunque en Lombard Odier prevén que sus repercusiones sean manejables, el shock energético provocado por la guerra en Irán va a poner de manifiesto importantes desigualdades entre los países de la zona. Por ello, estos analistas han optado por recoger beneficios y neutralizar su 'sobreponderación' en renta variable de mercados emergentes, manteniendo preferencias selectivas en China y Corea del Sur. Pero avisan: "Seguimos preparados para ajustar nuestra postura a medida que evolucionen las condiciones".
De hecho, en el caso del gigante asiático, creen que la combinación de una relativa resiliencia energética, una mayor capacidad fiscal y valoraciones atractivas sigue respaldando la inversión a medio plazo en determinados sectores de renta variable.
Así, ponen el foco en los sectores tecnológicos que se benefician del apoyo político y la expansión de la capacidad informática nacional. "Prevemos que el crecimiento de los beneficios en China se acelere significativamente en 2026, y las valoraciones de muchas empresas tecnológicas se mantienen por debajo de las de sus homólogas estadounidenses, incluso a medida que el impulso de las autoridades hacia la autosuficiencia tecnológica cobra mayor fuerza".
Respecto a Corea del Sur, en la gestora destacan que los productores de semiconductores se mantienen bien posicionados a pesar de las fluctuaciones del mercado, y estiman que la reciente caída de las acciones ha abierto oportunidades con valoraciones sustancialmente inferiores a los promedios a largo plazo.
No obstante, para Lombard Odier, los desafíos que enfrenta la Asia emergente, fuera de China y Corea del Sur, y que representa alrededor de una cuarta parte del índice de renta variable de mercados emergentes, justifican una postura 'neutral'. "La sensibilidad de la renta variable emergente a la crisis del petróleo es mayor que la de los mercados desarrollados, por lo que podría experimentar una mayor volatilidad antes de que se aclare la resolución del conflicto iraní".
Con todo, estos expertos indican que los mercados siguen descontando más una crisis inflacionaria que una crisis de crecimiento, lo que mantiene intactos los factores fundamentales del desempeño corporativo. "Este posicionamiento 'neutral' nos permite mantener nuestras inversiones a la vez que conservamos la flexibilidad para responder con rapidez a medida que evolucionan los acontecimientos".
Del mismo modo, esta postura refleja la reacción contenida, aunque frágil, de los mercados financieros globales hasta el momento. "La posibilidad de nuevas perturbaciones en puntos críticos del suministro energético, junto con el riesgo de restricciones a las exportaciones y la sensibilidad de las economías asiáticas a los costes del combustible, exige cautela mientras la visibilidad siga siendo limitada".
ESCENARIOS EXTREMOS
Porque lo que sí está claro es que la región de Asia-Pacífico seguirá siendo fundamental para una respuesta global ante cualquier escalada de un conflicto que ha impactado directamente en la infraestructura energética del golfo Pérsico, con ataques a instalaciones y rutas de tránsito como el estrecho de Ormuz.
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"En nuestro escenario base, prevemos un precio medio del crudo Brent de 90 dólares por barril durante los próximos seis meses, con una modesta reducción del crecimiento económico mundial y un aumento de la inflación aún manejable", afirman en Lombard Odier.
Un escenario menos probable, pero más perjudicial, implicaría una escalada significativa del conflicto, desencadenando una desaceleración inflacionaria mundial y un precio medio del petróleo de 115 dólares por barril durante seis meses. "Para alcanzar ese nivel, los precios tendrían que llegar a un máximo de alrededor de 150 dólares antes de bajar".
En el escenario más extremo, una guerra prolongada con un precio medio del petróleo de 150 dólares durante nueve meses —lo que implicaría un pico de casi 200 dólares— provocaría una crisis estanflacionaria que perjudicaría la capacidad de suministro y, podría desencadenar controles a las exportaciones.
"En estos escenarios extremos, con precios del petróleo que promedian 115 o 150 dólares por barril durante los próximos seis o nueve meses, respectivamente, la región de Asia-Pacífico sin duda experimentaría un doloroso proceso de ajuste", advierten en Lombard Odier.
Es más, debido a la vulnerabilidad de Asia, un conflicto prolongado que mantenga los precios de la energía en niveles excesivamente altos provocaría grandes perturbaciones en la actividad económica del continente y agotaría los ahorros nacionales y del sector privado.
"La inflación general también se dispararía en tales escenarios extremos, dejando a los bancos centrales de la región con pocas opciones más que combatir simultáneamente un IPC superior al objetivo y la depreciación de las monedas", añaden desde la gestora.
CHINA… Y MÁS ALLÁ
En este contexto, el análisis de los estrategas de la firma sugiere que China está relativamente protegida del impacto total de la crisis. "Las reservas estratégicas de China le permiten disponer de hasta 100 días de suministro de petróleo, con reservas adicionales de productos refinados".
Además, en Lombard Odier subrayan que las relaciones del país con proveedores alternativos de petróleo, incluida Rusia, "ofrecen una protección adicional, e Irán permite, previo pago de una tarifa, que los buques de propiedad china o con destino a China transiten por el estrecho de Ormuz, lo que garantiza al menos entregas parciales".
Más allá de China, Australia, Indonesia y Malasia producen más energía de la que consumen, pero difieren entre sí en cuanto a su dependencia de productos petrolíferos importados, como el diésel. "Indonesia y Malasia, se están analizando los costes fiscales de mantener los subsidios a los combustibles, pero no está claro si estos gobiernos se arriesgarían a una posible reacción política adversa para que los precios minoristas se rijan completamente por el mercado".
Japón y Corea del Sur, por su parte, han acumulado mayores reservas estratégicas de petróleo. Esto refleja su exposición histórica a riesgos geopolíticos. "En caso de crisis energética, Japón tiene la opción de aumentar su producción de energía nuclear y renovable para reducir su dependencia de los combustibles fósiles".
India, Tailandia y Filipinas también podrían verse más expuestas a corto plazo, dado que son importadores netos de petróleo y gas y cuentan con menores reservas. Para las economías más vulnerables, el aumento de los precios está afectando rápidamente al transporte, la industria manufacturera y la producción de alimentos, y la dificultad se hace evidente en los mercados emergentes de Asia, como Sri Lanka y Myanmar.
IMPACTO EN LAS POLÍTICAS MONETARIAS
De manera similar, la guerra en Irán y el alza de los precios del petróleo ya está influyendo en las expectativas de los bancos centrales, y los mercados anticipan políticas más restrictivas, incluso cuando se espera que estos organismos eviten repetir el ciclo de endurecimiento monetario de 2022.
"Esto aumenta el riesgo de un error de política monetaria si persisten las presiones inflacionarias", comentan en Lombard Odier, donde aseguran que en Asia las limitaciones que enfrenta la política monetaria refuerzan estas presiones. "En mercados como Indonesia, Tailandia y Filipinas, el margen para recortes de tipos de interés disminuye significativamente en escenarios de guerra prolongada y los consiguientes altos precios del petróleo".
En Australia y Japón, la crisis impulsará un endurecimiento adicional de la política monetaria durante el resto del año. "Ahora prevemos una última subida de tipos por parte del Banco de la Reserva de Australia en mayo y dos subidas por parte del Banco de Japón en abril y octubre", concluyen en Lombard Odier.











