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0,2 g/l de alcohol: así será la nueva tasa al volante que promete salvar vidas en España

España se prepara para un cambio de calado en su normativa de seguridad vial. Si nada se tuerce en el Congreso mañana martes, el país reducirá la tasa máxima de alcohol permitida a los conductores de los actuales 0,5 gramos por litro de sangre a 0,2 gramos por litro, lo que en aire espirado supondrá pasar de 0,25 mg/l a solo 0,10 mg/l. La medida, impulsada por el Ministerio del Interior y apoyada por la Dirección General de Tráfico (DGT), forma parte de la estrategia de seguridad vial 2030, cuyo objetivo es disminuir de forma drástica el número de muertos en carretera.

La nueva tasa de alcoholemia al volante, presentada por el Partido Socialista y avalada como proposición no de ley en octubre pasado, marca un antes y un después. Según fuentes del Ministerio, el cambio se verá reflejado en el artículo 20 del Reglamento General de Circulación, que se espera modificar a lo largo del próximo año. Aunque su tramitación definitiva llevará tiempo, Interior confía en que la ley pueda estar en vigor durante 2025.

El alcohol, segunda causa de siniestralidad mortal en España

La decisión no es casual. El alcohol está detrás del 29% de los accidentes mortales en nuestro país, según los datos de siniestralidad de 2023. Un porcentaje que ha crecido desde el 27% registrado en 2020, a pesar de los esfuerzos en campañas de concienciación. Solo el exceso de velocidad provoca más muertes en carretera.

Con este nuevo límite, España sigue el ejemplo de países como Suecia, Noruega o Polonia, donde las tasas máximas permitidas también son de 0,2 gramos por litro de sangre. Francia e Italia, en cambio, se mantienen en el 0,5 g/l. «La sociedad española está madura para este cambio», asegura el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, quien considera que un descenso más drástico, como el 0,0 que se aplica en Hungría o Rumanía, podría ser «demasiado radical» para un país donde los hábitos sociales incluyen el consumo moderado de alcohol.

¿Qué supone este cambio para los conductores?

En la práctica, la reducción de los límites significa que bastará una cerveza o una copa de vino para superar el nuevo máximo legal. La DGT recuerda que con 0,3 g/l de alcohol en sangre ya se produce una pérdida de reflejos y aumento del tiempo de reacción, aunque el conductor pueda sentirse en plenas facultades. Este efecto es aún más acusado en mujeres y personas de menor peso, donde una sola consumición puede disparar los niveles por encima de lo permitido.

Por ejemplo, según las estimaciones de la DGT:

  • Una mujer de 60 kg que beba una copa de vino (100 ml) puede marcar 0,48 g/l.
  • Un hombre de 70 kg que tome un tercio de cerveza (330 ml) puede alcanzar 0,21 g/l, situándose ya en el límite.

Multas más duras y consecuencias penales

Superar la nueva tasa máxima no solo supondrá una multa de hasta 1.000 euros y la pérdida de hasta 6 puntos del carné, sino que en casos graves puede conllevar penas de prisión. Si el conductor marca más de 0,60 mg/l en aire espirado, se enfrenta a delitos contra la seguridad vial, con sanciones que incluyen prisión de hasta seis meses o trabajos en beneficio de la comunidad, además de la retirada del permiso de conducir durante varios años.

En el caso de conductores noveles o profesionales, el límite se igualará al de los conductores en general: 0,2 g/l en sangre y 0,10 mg/l en aire espirado, rebajando aún más el margen de tolerancia.

España busca alinearse con Europa

El nuevo límite de alcoholemia se enmarca en la Estrategia de Seguridad Vial 2030, que persigue reducir a cero las muertes en carretera. Actualmente, España registra 36 fallecidos por millón de habitantes, por debajo de la media europea (47), pero aún lejos de países como Suecia o Dinamarca, donde la tasa es de 21 por millón.

En la última campaña de controles realizada en agosto de 2024, la Guardia Civil detectó a 3.801 conductoresconduciendo bajo los efectos del alcohol o drogas, lo que revela la necesidad de redoblar los esfuerzos. Marlaska lo dejó claro durante la presentación de los datos: «Solo cero tiene cero consecuencias».