El 'shock' energético derivado de la guerra de Irán ha llevado a la Agencia Internacional de la Energía (AIE) a dar 'luz verde' a la liberación de 400 millones de barriles de sus reservas estratégicas de crudo para garantizar un suministro estable. El objetivo de esta medida es moderar el impacto provocado por el conflicto en Oriente Medio y el bloqueo del estrecho de Ormuz al tránsito de buques petroleros. Pero ¿es una solución? ¿O más bien una ilusión?
"La liberación de reservas estratégicas pone de relieve una paradoja fundamental del mercado petrolero. El mundo dispone de volúmenes significativos de petróleo almacenado. Sin embargo, sigue siendo profundamente dependiente de la continuidad de los flujos de suministro. En este sistema, la restricción no es la existencia de inventarios, sino su circulación", afirma Manuel Maleki, subdirector y economista sobre EEUU y materias primas en Edmond de Rothschild AM.
Es más, el analista remarca que las reservas estratégicas "ayudan a absorber shocks, estabilizar expectativas y ganar tiempo", aunque "no sustituyen las rutas marítimas ni la infraestructura que sostiene el mercado global".
"Su eficacia inmediata suele estar sobreestimada. En cambio, su papel en la formación intertemporal de los precios sigue siendo ampliamente subestimado. En última instancia, las reservas estratégicas no son una herramienta para transformar el mercado petrolero. Son un barómetro de su funcionamiento".
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Y para muestra, un botón. En los países miembros de la AIE, las reservas de emergencia de petróleo de la OCDE superan los 4.000 millones de barriles. Una cifra que ha alimentado durante mucho tiempo la "ilusión de abundancia". Si a esto le añadimos las reservas de las principales economías no miembros —con China a la cabeza—, así como los almacenes comerciales en manos de la industria, el volumen total de petróleo almacenado en el mundo asciende a varios miles de millones de barriles, equivalentes a unos 4.050 días de consumo.
"A primera vista, este nivel de existencias sugiere una capacidad significativa para absorber shocks. Esta interpretación es engañosa. El mercado del petróleo es un mercado de flujos, no de stocks. Cada día deben producirse, transportarse, refinarse y consumirse más de 100 millones de barriles. En este sistema, no es la cantidad disponible lo que determina el precio, sino la capacidad de mantener la continuidad de los flujos", enfatiza Maleki.
De hecho, considera que la perturbación en el estrecho de Ormuz encaja exactamente en esta lógica. "No es todavía un shock de producción, sino un shock logístico. El petróleo existe, pero ya no fluye con normalidad. En este contexto, la decisión coordinada de liberar unos 400 millones de barriles de reservas estratégicas a comienzos de marzo aparece como una respuesta necesaria. También es, por naturaleza, limitada".
EL MITO DE LA LIBERACIÓN INMEDIATA
La liberación de reservas estratégicas suele interpretarse como un aumento rápido y masivo de la oferta. Sin embargo, esta apreciación pasa por alto la restricción central del sistema: la conversión de existencias en flujo.
"Las capacidades de extracción son limitadas. En Estados Unidos, la Reserva Estratégica de Petróleo (SPR por sus siglas en inglés) puede, en teoría, liberar hasta 4,4 millones de barriles diarios. En la práctica, los volúmenes realmente inyectados son menores y están sujetos a retrasos operativos. En el caso de una liberación coordinada de 400 millones de barriles, el flujo diario efectivo probablemente se sitúe entre 2 y 3 millones de barriles. Por tanto, se necesitarán unos 100 días para liberar esos 400 millones de barriles", comenta Maleki.
Este dato debe ponerse en perspectiva frente a los flujos que transitan por el estrecho de Ormuz, del orden de 20 millones de barriles diarios. "La diferencia es estructural. Los inventarios pueden amortiguar el shock, pero no sustituirlo".
Además, a esta restricción de oferta se añade una restricción natural. "En un sistema dominado por existencias de crudo, la liberación de reservas no se traduce de inmediato en un aumento de la oferta de productos refinados. Requiere la movilización de capacidad de refino, que a menudo ya está operando al máximo durante los períodos de tensión".
Por ello, en Edmond de Rothschild AM reiteran que las reservas estratégicas no actúan como un sustituto del suministro, sino como un estabilizador de expectativas. "Reducen la probabilidad de un escenario extremo, pero no alteran de forma fundamental el equilibrio del mercado".
CHINA, UNA EXCEPCIÓN
Con todo, cualquier valoración de las existencias petroleras estaría incompleta sin incluir a China. Desde los años 2000, el país ha construido un sistema de reservas estratégicas a gran escala, estimado en cerca de 2.000 millones de barriles, a lo que se suman importantes existencias comerciales en manos de empresas estatales.
"Estos volúmenes siguen siendo difíciles de medir con precisión. La opacidad es una parte integral del sistema, pero estimamos que China dispone de más de 120 días de consumo de petróleo y productos petrolíferos", indica Maleki.
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A diferencia de los países de la AIE, China no está sujeta a obligaciones de coordinación y utiliza sus existencias como un instrumento flexible de política económica y energética. En este sentido, y tirando de historia, para Edmond de Rothschild AM, el gigante asiático ha adoptado un enfoque contracíclico. "Ha acumulado reservas en periodos de precios bajos y ha reducido sus compras cuando los precios eran elevados. En una crisis, puede optar por liberar volúmenes para estabilizar su mercado interno, pero también por preservar sus reservas para asegurar suministros futuros".
Esta libertad estratégica convierte a China en un actor clave. "Según las decisiones que adopte, China puede amplificar o mitigar los efectos de las políticas aplicadas por los países occidentales. Introduce así un nivel adicional de incertidumbre en un mercado ya dominado por las expectativas".
EL LARGO PLAZO
Así, el análisis de las reservas estratégicas no puede limitarse a su liberación; también debe tener en cuenta su reposición. "Un barril liberado hoy tendrá que ser recomprado mañana. No se trata de una simple hipótesis, sino de una restricción estructural. La cuestión no es si las reservas se repondrán, sino a qué ritmo y en qué condiciones".
En el caso de una liberación de 400 millones de barriles, una reposición distribuida a lo largo de tres años equivaldría a aproximadamente 0,35 millones de barriles diarios. En un horizonte de cinco años, este flujo descendería a unos 0,20 millones. Igualmente, para Edmond de Rothschild AM, la reposición de las reservas estratégicas introduce un tipo específico de demanda: demanda institucional, en gran medida insensible a los precios de corto plazo y potencialmente predecible.
"La historia muestra, sin embargo, que este efecto sigue siendo difuso. Tanto después de 1991 como después de 2005, las inyecciones de capital se distribuyeron a lo largo del tiempo y tuvieron poco impacto inmediato. Introdujeron una restricción intertemporal sin generar presiones inmediatas. Las inyecciones de capital actúan, así como un mecanismo de estabilización, no como un motor de crecimiento. No transforman los fundamentos del mercado; simplemente ajustan los márgenes", concluye Maleki.












