
El sector de la infraestructuras afronta la segunda parte del año con un tono más prudente. Aunque es probable que el comportamiento se mantenga resiliente, las rentabilidades podrían ser más moderadas, según se recoge en las perspectivas estratégicas de mitad de año elaboradas por DWS.
"Las infraestructuras afrontan la segunda mitad de 2026 desde una posición de relativa resiliencia, aunque con un tono inversor más prudente del que parecía probable a comienzos de año. Esta clase de activo continúa beneficiándose de sus características de demanda defensiva y de su exposición a temáticas de inversión estructurales. No obstante, la renovada disrupción geopolítica, la volatilidad del mercado energético y un entorno de tipos más elevados han moderado las perspectivas anteriormente más positivas para el crecimiento, las valoraciones y la actividad de mercado".
Así lo asegura el informe, en el que se apunta a que los activos de infraestructuras se enfrentan a un panorama económico más apagado durante lo que queda de año, con un crecimiento económico global que probablemente quede por debajo de las expectativas pese a haber iniciado el año en una posición relativamente sólida.
Como indican desde la firma, las principales perturbaciones geopolíticas y sus implicaciones macroeconómicas han mermado la confianza inversora y avivado las preocupaciones inflacionistas, lo que ya se ha traducido en una política monetaria más restrictiva en Europa.
"Las expectativas de crecimiento se han visto afectadas a escala global, con economías asiáticas, que son importadoras significativas de energía procedente de Irán, enfrentándose a disrupciones de suministro por el cierre del estrecho de Ormuz, mientras que Europa —con una mayor dependencia del GNL tras la crisis energética derivada de la guerra entre Rusia y Ucrania— está expuesta a unos precios de la energía (globales) elevados. En EEUU, un comienzo de año decepcionante ha desplazado el foco hacia una mayor resiliencia frente a la volatilidad global, aunque la presión inflacionista se ha acumulado. A la carga inmediata de suministro y costes relacionada con la crisis de Irán se suma que las empresas también han recortado sus planes de inversión y contratación ante un entorno comercial futuro incierto", explican.
A ello se suma que unos tipos de interés más altos son potencialmente la presión clave a la que se enfrenta la clase de activo de infraestructuras, "debido al lastre sobre el comportamiento asociado a unos mayores costes, así como al impacto perjudicial que unos tipos más elevados pueden tener sobre la recuperación de la actividad transaccional".
En este entorno, en conjunto, los bancos centrales buscan evitar que los incrementos de los precios de la energía se propaguen al conjunto de la economía.
Pero desde DWS remarcan que existen razones para mantener el optimismo de que las perspectivas de política monetaria no tengan un impacto igualmente perjudicial sobre el mercado de infraestructuras como el que se produjo en el periodo de subidas de tipos de 2023-2024: "Las expectativas actuales apuntan a que una respuesta limitada por parte de los bancos centrales bastará para contener la inflación actual, con no más de dos subidas previstas para la Fed, el BCE o el BoE".
Como señalan, por un lado, a diferencia del repunte inflacionista de 2022, los fundamentales económicos subyacentes eran significativamente más sólidos cuando el shock de Irán comenzó a principios de 2026. Adicionalmente, en el caso de Europa, si bien las presiones sobre los precios de la energía han elevado la inflación general, la correlación entre los precios de la electricidad y los precios de la energía se ha debilitado notablemente desde 2022. Numerosas iniciativas en torno a la garantía de la seguridad energética europea mediante el almacenamiento de gas natural y la capacidad de importación de GNL, pero más crucialmente el despliegue e integración acelerados de las energías renovables, han comenzado a desacoplar los precios de la energía del coste de la electricidad.
"A medida que Europa continúa incrementando su inversión en energías renovables y descarbonizando su actividad económica mediante energía renovable de origen doméstico, el impacto de la disrupción del mercado energético global sobre la inflación seguirá disminuyendo", afirman.