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Durante los dos últimos años, invertir en inteligencia artificial parecía una ecuación sencilla. Bastaba con comprar Nvidia. La compañía se convirtió en el gran símbolo de la revolución tecnológica, acumuló una posición dominante en el mercado de aceleradores para IA y eclipsó a prácticamente cualquier competidor.

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Pero algo está empezando a cambiar. Nvidia sigue siendo el rey indiscutible del sector, aunque cada vez son más las compañías que encuentran formas de capturar una parte del enorme gasto que está generando la inteligencia artificial. No se trata todavía de una amenaza directa a su liderazgo. Se trata de una señal de que Wall Street empieza a buscar ganadores más allá de una sola acción.

EL REY SIGUE SENTADO EN EL TRONO

Nvidia mantiene una posición dominante en la infraestructura que alimenta la inteligencia artificial. Su ventaja no se limita a los chips. También incluye el ecosistema de software, las herramientas de desarrollo y una base instalada que dificulta enormemente que los clientes migren hacia plataformas alternativas.

Precisamente por eso la cuestión ya no es si Nvidia seguirá liderando la IA. Lo que el mercado intenta averiguar es cuántos ganadores pueden coexistir alrededor de ese liderazgo.

La IA sigue siendo el reino de Nvidia. Lo que está cambiando es el número de compañías que participan en el reparto.

MARVELL EMERGE COMO NUEVO PROTAGONISTA

Pocas compañías reflejan mejor ese cambio que Marvell Technology. La empresa acaba de recibir dos impulsos de enorme relevancia. Por un lado, se integrará en el S&P 500 el próximo 22 de junio, obligando a numerosos fondos indexados a comprar acciones para replicar la composición del índice. Por otro, ha presentado el Teralynx T100, un chip de conmutación de 102,4 terabits por segundo diseñado específicamente para centros de datos de inteligencia artificial.

La reacción bursátil ha sido espectacular. Las acciones acumulan una subida superior al 220% en lo que va de año. Más importante aún, el segmento de centros de datos ya representa más de tres cuartas partes de sus ingresos, después de que esta división creciera un 27% en el primer trimestre fiscal de 2027.

La lectura es evidente. Nvidia vende la potencia de cálculo. Marvell quiere controlar las conexiones que permiten mover cantidades masivas de datos dentro de los centros de datos de IA. La próxima batalla de la inteligencia artificial podría librarse así fuera de los procesadores.

MICRON Y LA PRUEBA DE QUE HAY ESPACIO PARA MÁS GANADORES

Otra señal interesante llegó desde el mercado de memoria avanzada. Micron se disparó cerca de un 10% el pasado lunes después de que Nvidia y SK Hynix anunciaran una asociación tecnológica plurianual para desarrollar la próxima generación de memoria destinada a infraestructuras de IA.

En teoría, la noticia debería haber favorecido a SK Hynix y perjudicado a Micron. Sin embargo, ocurrió exactamente lo contrario. Los inversores interpretaron que la demanda de memoria para inteligencia artificial es tan elevada que Nvidia necesita apoyarse simultáneamente en varios proveedores.

El propio Jensen Huang confirmó recientemente que Nvidia ha certificado a Micron, SK Hynix y Samsung como suministradores de la nueva generación de memoria HBM4.

BROADCOM Y LOS CHIPS A MEDIDA

Broadcom es otro de los nombres que más atención están captando en Wall Street. Su negocio de chips personalizados para grandes clientes tecnológicos la sitúa en una posición privilegiada para beneficiarse de la creciente tendencia de los hiperescaladores a desarrollar infraestructuras propias de inteligencia artificial.

Ahí está uno de los cambios más importantes del mercado. La IA ya no depende solo de comprar GPU en masa. Google continúa desarrollando sus TPU, Amazon impulsa Trainium, Meta acelera sus propios diseños y OpenAI explora alternativas de hardware junto a Broadcom.

Ninguno de estos movimientos parece suficiente para destronar a Nvidia en el corto plazo. Sin embargo, todos apuntan en la misma dirección: los mayores compradores de infraestructura de IA quieren disponer de más opciones, más capacidad de negociación y menos dependencia de un único proveedor.

LA PRÓXIMA AMENAZA PODRÍA NO SER UN CHIP

Existe además otro factor que Wall Street comienza a vigilar. Las futuras salidas a bolsa de gigantes como OpenAI o SpaceX podrían convertirse en auténticos imanes para el capital institucional.

No porque compitan directamente con Nvidia, Marvell o Broadcom, sino porque podrían absorber miles de millones de dólares de fondos que actualmente están concentrados en las grandes historias tecnológicas cotizadas.

Wall Street no tiene dinero infinito. Cada nuevo gigante que llega a bolsa obliga a muchos gestores a decidir de dónde sale el siguiente dólar de inversión.

Por tanto, la próxima gran rotación tecnológica podría no producirse entre ganadores y perdedores. Podría producirse entre narrativas de crecimiento.

Ese es, probablemente, el verdadero mensaje que está enviando el mercado. Nvidia sigue dominando la inteligencia artificial. Pero la revolución tecnológica ya es demasiado grande para una sola compañía. Y cuando una industria madura, el dinero deja de concentrarse en un único campeón para empezar a repartirse entre todo un ecosistema de ganadores.

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