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Lingotes de oro.Wikimedia

Uno de los protagonistas del 2025 está sufriendo en los últimos meses. Hablamos del oro, un activo al que el conflicto en Oriente Próximo le ha sentado bastante mal: pierde cerca de un 10% de su valor desde el estallido de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán tras sumar alrededor de un 55% en el último año.

En marzo, el primer mes del conflicto, el oro cayó un 14,5%, mientras que el índice FTSE All-World descendió un 9%, el S&P 500 perdió un 7,8% y el índice de retorno total de los bonos del Tesoro de EEUU bajó un 3,6%. Este rendimiento se extendió a abril, un período en el que las acciones fueron recuperándose hasta alcanzar niveles previos a la contienda, pero en el que el oro se quedó atrás… y sin visos de mejorar en el corto plazo.

Para los expertos de Morgan Stanley Research, esta desviación está provocando que los inversores se cuestionen el papel tradicional del metal precioso como valor refugio por excelencia. "Dado que el conflicto ha provocado un shock en el suministro de energía que ha reducido las expectativas de bajadas de tipos de interés en EEUU, no es sorprendente que el oro haya tenido dificultades para actuar como refugio en esta ocasión", afirma Amy Gower, estratega de materias primas de metales y minería en la entidad norteamericana. "Esta vez el oro se comportó más como un activo líquido de 'riesgo', cayendo a menudo junto a las acciones, ya que muchos inversores lo vendieron para obtener liquidez en un entorno financiero más restrictivo", agrega Lisa Shalett, directora gerente de la firma.

Una dinámica clave explica este cambio, y es que el oro no siempre protege frente a shocks inflacionarios. En este sentido, no ha habido mayor shock inflacionario en los últimos meses que la escalada de los precios del petróleo motivada por la incertidumbre geopolítica y el cierre del estrecho de Ormuz. Si se suman a estas alzas las disrupciones en las cadenas de suministro el resultado es la elevación de las expectativas de tipos de interés —incluso con Kevin Warsh, el candidato de Trump, a un paso de presidir la Reserva Federal (Fed)—, un entorno que tiende a perjudicar el precio del oro.

"La sensibilidad del oro a la política monetaria se ha convertido en el principal motor de su precio. Esto ha eclipsado su estatus de valor refugio y ha reducido su eficacia como cobertura frente a riesgos tanto geopolíticos como inflacionarios. Los precios del oro reflejan no solo el impacto de un evento concreto, sino, más importante aún, la respuesta de política que le sigue", señala Gower.

Además, ha llegado presión adicional a la baja por parte de cambios en la actividad de los bancos centrales. Y es que, tras haber comprado cantidades significativas de oro desde 2022, los bancos centrales pausaron sus compras en marzo. El banco central de Turquía, por ejemplo, vendió 52 toneladas de oro entre el 27 de febrero y el 27 de marzo y organizó swaps por un total de 79 toneladas. Mientras tanto, India retrasó las aprobaciones para las importaciones de lingotes. Además, los fondos cotizados (ETF, por sus siglas en inglés), otro comprador clave de oro, también pasaron a ser vendedores, liquidando aproximadamente 90 de las 150 toneladas acumuladas en enero y febrero.

"Cabe destacar que el oro ha pasado a ser una mayor parte de las reservas exteriores —es decir, los activos que los bancos centrales mantienen para respaldar la estabilidad financiera y gestionar sus monedas en una crisis—. Cuando el oro ocupa una mayor proporción de esas reservas, puede convertirse en una fuente de liquidez (es decir, puede venderse para obtener efectivo) en periodos de tensión", añade Shalett.

Sin embargo, hay señales tempranas de que estas presiones podrían estar disminuyendo. Según Morgan Stanleyg Research, los ETF ya han recomprado casi la mitad del oro que vendieron en marzo. Por su parte, China informó de su mayor aumento mensual de reservas de oro desde enero de 2025. Además, la debilidad del dólar estadounidense también está proporcionando apoyo a los precios.

Normalmente, el dólar tiende a fortalecerse cuando los inversores buscan seguridad o cuando los tipos de interés en EEUU resultan más atractivos que en el extranjero. Sin embargo, durante gran parte de las primeras seis semanas del conflicto, el 'billete verde' pareció estar inusualmente ligado al petróleo, subiendo con frecuencia junto a esta materia prima. "E incluso después de que el petróleo cayera con fuerza tras el anuncio del alto el fuego, el dólar bajó más de lo que muchos habrían esperado según patrones históricos", subraya Shalett.

En este contexto de bancos centrales y los ETF reanudando las compras —y con expectativas de que la Reserva Federal se mantenga sin cambios durante el resto de 2026—, Morgan Stanley Research prevé que los precios del oro podrían subir hasta los 5.200 dólares por onza en la segunda mitad del año, alrededor de un 9% por encima de los niveles de finales de abril. No obstante, esta previsión es menos optimista que una estimación anterior que situaba los precios hasta en 5.700 dólares por onza en un escenario más alcista.

"Es probable que el oro siga siendo sensible a los rendimientos reales, pero vemos margen para nuevas subidas", afirma Gower. Esto, agrega, "debería beneficiar al oro", ya que las decisiones de compra de los ETF son "especialmente sensibles a las señales de política y el oro está volviendo a alinearse con los tipos reales". Cabe señalar que los economistas de Morgan Stanley esperan que la Fed recorte los tipos de interés en enero y marzo de 2027, en 25 puntos básicos cada vez.

Aun así, persisten riesgos para las previsiones. Un conflicto prolongado con Irán, especialmente si los flujos energéticos a través del estrecho de Ormuz continúan viéndose interrumpidos, podría mantener elevados los precios del petróleo y la inflación, complicando la trayectoria de la política de la Fed. "Los precios del oro podrían sufrir si los mercados comienzan a anticipar un mantenimiento prolongado de los tipos o incluso subidas. Al mismo tiempo, el potencial alcista en un escenario de resolución podría ser limitado, ya que los precios ya elevados podrían restringir la demanda por parte de ETF, bancos centrales y consumidores", agrega Gower.

Con todo, Philippe Gijsels, director de estrategia de BNP Paribas Fortis, cree que esta etapa bajista no es más que una "fase de consolidación". "Los metales preciosos han mostrado una fuerte correlación con las acciones. Ambos se vieron perjudicados por el temor a que la inflación impulsara los tipos de interés", explicó este experto a 'CNBC', al tiempo que comparó el efecto de los tipos de interés con el de la gravedad: "Cuando suben, la gravedad aumenta y todos los activos son arrastrados hacia abajo, incluidos los metales preciosos".

"Esperamos que el mercado alcista estructural del oro y la plata se reanude y que los metales alcancen nuevos máximos históricos en un futuro no muy lejano, potencialmente este año. Cuando la niebla de la guerra se disipe, los inversores volverán al mercado del oro y la plata", sentenció Gijsels.

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