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Durante años, Redeia fue para muchos inversores una de esas compañías que se compran por el dividendo y se olvidan en cartera. Hoy la historia vuelve a ser algo más compleja. La propietaria de la red de transporte de electricidad encara un nuevo ciclo de crecimiento regulado, pero el mercado sigue preguntándose si ese crecimiento será suficiente para compensar las nuevas exigencias legales y la incertidumbre que todavía rodea al apagón.

Bankinter cree que sí. La entidad mantiene su recomendación de 'compra' sobre el valor, aunque ha reducido su precio objetivo desde 17,50 hasta 16,50 euros por acción. La rebaja refleja ciertas decepciones regulatorias, pero no altera la tesis principal: Redeia vuelve a la senda de crecimiento y mantiene uno de los dividendos más atractivos del mercado español.

UN TRIMESTRE QUE CONFIRMA EL CAMBIO DE TENDENCIA

Los resultados del primer trimestre de 2026 han servido para reforzar esa idea. El beneficio neto avanzó un 1,8% hasta 140 millones de euros, en línea con las previsiones del consenso. El EBITDA alcanzó los 338 millones, un 6% más que un año antes y por encima de las estimaciones de los analistas.

La clave estuvo en el negocio regulado de transporte eléctrico, que representa aproximadamente el 80% del EBITDA del grupo. Esta actividad se benefició tanto del aumento de la base de activos regulados como de la mejora del retorno financiero, que pasa del 5,58% al 6,58% en el nuevo periodo regulatorio. Es precisamente ahí donde se encuentra el gran motor de crecimiento de Redeia para los próximos años.

LA RED ELÉCTRICA GANA PESO

El nuevo Plan Estratégico 2025-2029 contempla una expansión muy significativa de la base de activos regulados. El conjunto formado por la RAB y la obra en curso pasará de 11.000 millones de euros a 14.400 millones, lo que supone un crecimiento medio anual cercano al 7%.

Sobre el papel, la combinación de más activos y una mejor rentabilidad regulada debería traducirse en mayores ingresos. Bankinter estima que el EBITDA crecerá desde 1.258 millones de euros en 2025 hasta 1.540 millones en 2029, mientras que el beneficio neto aumentará desde 506 millones hasta 575 millones. La pregunta es por qué ese crecimiento parece relativamente moderado para un esfuerzo inversor tan elevado.

EL PROBLEMA DE MONETIZAR LAS INVERSIONES

La respuesta está en la regulación. Según explica Bankinter, parte de las nuevas inversiones no generan una remuneración inmediata. Los proyectos en construcción no se retribuyen al coste del capital, sino al coste de la deuda, y los nuevos activos tardan tiempo en incorporarse plenamente al sistema retributivo. En otras palabras, Redeia deberá invertir hoy para cobrar mañana.

A ello se suma el recorte de los estándares de costes operativos introducido por el regulador y la ausencia de mecanismos automáticos de actualización por inflación. El resultado es una presión adicional sobre los márgenes justo cuando la compañía afronta uno de los mayores ciclos inversores de su historia reciente.

UN DIVIDENDO QUE SIGUE SIENDO EL GRAN ATRACTIVO

Pese a estas limitaciones, Bankinter considera que la rentabilidad para el accionista continúa siendo uno de los principales argumentos de inversión.

La entidad estima una rentabilidad por dividendo del 5,4% en 2026 y del 5,5% en 2027, con incrementos anuales próximos al 2%. El dividendo por acción pasaría de 0,80 euros en 2025 a 0,87 euros en 2029.

En un mercado donde los tipos de interés siguen condicionando las valoraciones, este flujo recurrente de remuneración sigue siendo un elemento diferenciador para muchos inversores.

LA INCÓGNITA DEL APAGÓN

Sin embargo, existe una variable que sigue sobrevolando la cotización. El apagón continúa pendiente de resoluciones regulatorias y posibles reclamaciones formales.

Redeia considera poco probable una salida de fondos asociada a este episodio y no ha realizado provisiones específicas. La compañía argumenta que, por el momento, no existe ninguna responsabilidad legal atribuida al grupo.

No obstante, Bankinter advierte de que, si finalmente se concluyera que el incidente estuvo relacionado con un fallo de planificación, podrían surgir riesgos de indemnización.

Ese es probablemente el gran dilema que afronta Redeia. Por un lado, el nuevo marco regulatorio abre la puerta a una mejora gradual de ingresos y beneficios. Por otro, la monetización de las inversiones será más lenta de lo esperado y el apagón sigue representando una incógnita difícil de cuantificar.

Mientras tanto, el dividendo continúa actuando como el principal puente entre el presente y las expectativas de crecimiento futuras.

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