A pesar de que las bolsas parecen haber recuperado la calma que perdieron el pasado mes de abril tras el 'Liberation Day' de Donald Trump, los expertos no se fían de esta "complacencia". Y es que la caótica política comercial del presidente de EEUU y la precaución con respecto a la inflación de los próximos trimestres puede desatar la tormenta en cualquier momento. Por ello, y en un entorno en el que parece improbable que la volatilidad haya llegado a su fin, ¿en qué activos invertir?
"Las infraestructuras son la columna vertebral de las sociedades y economías modernas, y su demanda crece en todo el mundo. Desde la energía y las redes de suministro hasta las rutas de transporte y las tecnologías digitales: las infraestructuras ofrecen a los inversores estabilidad a largo plazo, independientemente de las fluctuaciones económicas", explica Oliver Schneider, director general de Wellington Management.
Es más, considera que las infraestructuras líquidas ofrecen ventajas particulares para beneficiarse del auge mundial de las infraestructuras. "Cuestiones como la inteligencia artificial, la descarbonización y la movilidad son cada vez más importantes en todo el mundo. Y todos ellos necesitan más infraestructuras".
En este caso, cabe destacar que las infraestructuras son activos físicos a largo plazo vinculados localmente con una vida útil. Esto incluye redes de suministro, plantas de generación de energía y rutas de transporte, así como estructuras de telecomunicaciones e inmuebles especializados.
Los servidores, las redes digitales y los sistemas de software también son infraestructuras. Sin embargo, estos activos están sujetos a cambios frecuentes y periodos de modernización y dependen más de las tendencias y los avances tecnológicos.
"Esto ya muestra una de las ventajas decisivas de los llamados activos perdurables, es decir, aquella parte de la infraestructura cuyo valor no viene determinado por los ciclos a corto plazo. Los operadores de estas infraestructuras suelen estar protegidos por contratos a largo plazo, precios vinculados a la inflación y flujos de caja estables", señala Schneider.
Al mismo tiempo, el experto remarca que los obstáculos a la entrada en el mercado de nuevos competidores son elevados. "Las redes de energía, los aeropuertos y los centros de distribución sólo pueden realizarse con una amplia planificación y una considerable aportación de materiales y costes. Las empresas establecidas tienen aquí una clara ventaja competitiva".
Las macrotendencias actuales también hablan a favor de los activos duraderos. Por ejemplo, la demanda de electricidad aumenta constantemente tanto en Estados Unidos como en Europa, en parte debido al uso de Internet y la inteligencia artificial.
De hecho, en Wellington Management subrayan que hay dos formas de que los inversores se beneficien del actual repunte de la demanda de infraestructuras y de las ventajas a largo plazo de los activos duraderos: la entrada a través de los mercados privados o la exposición a través de infraestructuras líquidas, es decir, empresas de infraestructuras cotizadas.
En principio, ambas opciones ofrecen los mismos activos subyacentes. Sin embargo, existen dos diferencias fundamentales entre las inversiones líquidas y las privadas.
"El primer punto es, como su nombre indica, la liquidez. Los periodos de tenencia de varios años no son infrecuentes en las inversiones de capital privado, y los Fondos Europeos de Inversión a Largo Plazo (FILPE) también tienen condiciones y períodos de reembolso basados en normas que deben respetarse", comenta Schneider. En cambio, dice que las infraestructuras cotizadas pueden negociarse todos los días.
La otra diferencia, quizás aún mayor, radica en el precio. Al mismo tiempo, cree que muchos valores de infraestructuras cotizadas -como las empresas de servicios públicos en EEUU- siguen infravalorados. "Actualmente, la relación medios precio/beneficios está muy por debajo de la del S&P 500, mientras que al mismo tiempo los valores ofrecen una menor volatilidad y flujos de caja confiables".
La situación es similar para la rentabilidad de los fondos propios de las empresas de servicios públicos estadounidenses cotizadas.
"Temas como la asignación de capital y la estrategia de crecimiento futuro, el intercambio con los reguladores y el entorno geopolítico deben discutirse en profundidad. De este modo se garantiza que el potencial de flujos de caja estables y rendimientos confiables de los activos de infraestructuras puedan aprovecharse en un horizonte de inversión a largo plazo", enfatiza Schneider.
INFRAESTRUCTURAS DE TRANSICIÓN ENERGÉTICA
Por otro lado, hay que resaltar el papel de las infraestructuras de transición energética, que ofrecen una exposición diferenciada a subsectores en rápida evolución con una dinámica competitiva atractiva, y están notablemente descorrelacionadas con las carteras de infraestructuras tradicionales.
"Las energías renovables, impulsadas por el llamado 'trío del poder' de la descarbonización, la asequibilidad y la seguridad energética, se están convirtiendo en un factor crítico para satisfacer las necesidades energéticas futuras y, como tal, la transición energética mundial representa una oportunidad de inversión potencial atractiva y sin precedentes", afirma Minal Patel, director global de infraestructuras de Schroders Capital.
Así, dado que la capacidad de los inversores para asignar a activos alternativos es finita, y es por tanto un recurso escaso cuyo valor debe aprovecharse al máximo, en la gestora indican que maximizar la inversión en la transición energética es crucial para una cartera de alto rendimiento, por tres razones clave.
1. Las asignaciones en transición energética están muy diferenciadas en comparación con todas las demás inversiones que los inversores tienen en cartera. "El análisis histórico de la rentabilidad anualizada y el riesgo (volatilidad) durante la década de 2014 a 2024 muestra que las características generales de riesgo y rentabilidad a largo plazo de las infraestructuras de transición energética coinciden en gran medida con las de las carteras de infraestructuras más amplias", asevera Patel.
Con todo, y aunque el riesgo y la rentabilidad globales a largo plazo de las infraestructuras de transición energética han sido históricamente similares a los de las infraestructuras tradicionales, el "patrón" subyacente y los factores que impulsan la rentabilidad son muy diferentes. "Esto, a su vez, sugiere que incluir una asignación de transición energética, incluso en lugar de infraestructuras diversificadas, tiene el potencial de aportar beneficios positivos de diversificación a las carteras".
2. La inversión en energía es un foco creciente y primordial en infraestructuras. "Los activos de transición en el sector energético son la parte del mercado de infraestructuras que está creciendo y en la que se prevé que se necesitará constantemente nuevo capital en los próximos 20-30 años para construir un nuevo sistema energético mundial sostenible y responder al importante crecimiento continuo de la demanda de energía", manifiestan en la firma.
El crecimiento de las oportunidades de inversión en energías renovables es crucial, ya que no sólo habla del conjunto de oportunidades, sino también de la fijación de precios. Como mercado en crecimiento, el sector energético necesita incentivar y atraer capital de forma constante.
"Constantemente surgen nuevas oportunidades que requieren capital en todas las fases del ciclo de vida de una inversión, desde la fase inicial de desarrollo hasta la inversión en activos que los promotores, las empresas de servicios públicos o los inversores ya han llevado a la fase de construcción y explotación, lo que les permite reciclar capital hacia nuevos proyectos".
Con muchos promotores con limitaciones de capital, en Schroders exponen que la necesidad de reciclar el capital mediante la venta de activos operativos es especialmente pronunciada en el mercado actual, lo que contribuye a un escenario en el que hay vendedores motivados, lo que a su vez puede ayudar a apuntalar fuertes rentabilidades.
3. ¿Por qué aceptar riesgos de sostenibilidad si se pueden evitar? "Aunque la razón principal para invertir en la transición energética es el beneficio económico y cómo mejora una cartera global (como se ha demostrado anteriormente), también creemos que hay beneficios medioambientales y de sostenibilidad asociados a la inversión en este espacio", apunta Patel.
Aquí, es importante señalar que no es necesario suscribir la creencia de que la sostenibilidad añade valor a una cartera para reconocer que existen riesgos de sostenibilidad en las carteras. Independientemente de la postura de cada cual sobre el cambio climático y el cero neto, es casi imposible negar que se trata de una tendencia clave que influye significativamente en las economías, los mercados y la política tanto nacional como mundial.
"La transición energética ofrece exposiciones y primas de riesgo que son materialmente diferentes en un contexto de cartera, incluidas las infraestructuras diversificadas. Estas exposiciones se traducen en una correlación muy baja entre las rentabilidades subyacentes y los factores que las impulsan, incluso si las métricas históricas de riesgo y rentabilidad han sido muy similares".
Adicionalmente, las infraestructuras de transición energética se benefician de una posición única como sector de rápido crecimiento dentro del panorama mundial de las infraestructuras, "con acceso a un vasto conjunto de oportunidades, a menudo fuera del mercado, así como de atributos inherentes que pueden mitigar riesgos de sostenibilidad más amplios. Esto respalda el argumento de que estos activos pueden proporcionar una diversificación positiva de la cartera y mejorar su resistencia", concluye Patel.












