Más allá de compartir moneda, la eurozona funciona como un bloque cada vez más integrado, con una política monetaria común y una creciente coordinación fiscal. Y para los inversores en renta variable, esta coherencia es importante, ya que ofrece una exposición más "pura" y representativa del ciclo económico del Viejo Continente frente a índices europeos más amplios.
Al menos así lo cree Joao Saraiva, analista sénior de inversiones de Vanguard Europe, para quien, desde la perspectiva de las carteras, "la rentabilidad de la renta variable está menos condicionada por el ruido monetario intraeuropeo y más directamente vinculada al crecimiento, la inflación y los resultados de la política económica de la eurozona".
Por ello, pone el foco en el índice FTSE Eurozone, que está diseñado explícitamente en torno a esta premisa. "Incluye empresas de mediana y gran capitalización domiciliadas en países que han adoptado el euro, alineando la exposición a la renta variable con el marco monetario y macroeconómico de la región. No se trata de una estrategia táctica, sino de una decisión de asignación estructural".
De hecho, muchos ETFs de renta variable del "núcleo europeo" replican índices de referencia más amplios, como el MSCI Europe o el STOXX Europe 600, que incluyen mercados importantes no pertenecientes a la eurozona, principalmente el Reino Unido, Suiza, Suecia y Dinamarca, cada uno con su propia moneda, banco central y dinámica de política económica.
"Esto puede alterar de manera significativa tanto la ponderación por países como la composición sectorial, a menudo de formas que no resultan inmediatamente evidentes para los inversores", asegura Saraiva. Por ejemplo, los índices de referencia que incluyen renta variable del Reino Unido y de Suiza tienden a aumentar la exposición a empresas financieras, farmacéuticas y exportadoras globales con importantes flujos de ingresos no europeos.
En cambio, los índices centrados exclusivamente en la eurozona suelen conceder un mayor peso a sectores más vinculados a la economía doméstica, como el industrial, el bancario y el de consumo cíclico, cuyos beneficios están más directamente relacionados con la actividad de la eurozona.
"Esta divergencia adquiere especial relevancia cuando la renta variable europea se utiliza como componente básico y no como asignación independiente. Un ETF de la eurozona puede complementar la exposición a los mercados desarrollados globales sin aumentar inadvertidamente la exposición a la renta variable del Reino Unido o de Suiza que ya exista en la cartera. Esto evita una concentración no deseada y puede mejorar el equilibrio regional", dice este experto.
LA SELECCIÓN DE PAÍSES ES CLAVE
Así, una de las características más técnicas, pero relevantes para la cartera, del índice FTSE Eurozone es la inclusión de Grecia. "Grecia es miembro de pleno derecho de la eurozona, pero está excluida de muchos índices de referencia de renta variable europea debido a criterios de clasificación o liquidez".
El índice FTSE Eurozone incluye valores de renta variable griega, lo que da lugar a una asignación reducida pero deliberada. Aunque Grecia representa una ponderación modesta, su inclusión refleja un enfoque centrado en la definición económica y la exhaustividad, en lugar de una exclusión basada en criterios de clasificación.
"Si un inversor busca una exposición al riesgo de la renta variable de la eurozona, la exclusión de un país de dicha zona supone una omisión artificial. Con el tiempo, estos detalles pueden ser importantes, sobre todo si los mercados más pequeños experimentan cambios estructurales, una profundización del mercado de capitales o recuperaciones cíclicas", afirma Saraiva.
En este sentido, en Vanguard remarcan que no se trata de esperar una mejora de la rentabilidad que sea específicamente atribuible a Grecia. "Más bien, refleja una filosofía que prioriza la exhaustividad y la definición económica frente a exclusiones heredadas, un enfoque que encaja con una estructuración disciplinada de las carteras".
CONSIDERACIONES CLAVE
Con todo, la cuestión no es si se debe invertir en Europa, sino cómo hacerlo. A la hora de seleccionar un índice y, por consiguiente, un ETF, en la firma creen que hay varios aspectos a tener en cuenta:
1. Alineación macroeconómica: ¿Refleja el índice un único régimen monetario y de política económica, o varios?
2. Claridad en materia de divisas: ¿La exposición a las distintas divisas es deliberada o incidental?
3. Control de solapamientos: ¿Duplica el índice exposiciones ya presentes a través de asignaciones globales o regionales?
4. Exhaustividad del índice: ¿Están plenamente representados todos los miembros de la eurozona, incluyendo mercados más pequeños como Grecia?
"Cada uno de estos factores puede influir en el comportamiento de la asignación a lo largo de los ciclos económicos. La exposición a la eurozona puede resultar especialmente adecuada para inversores que plantean sus inversiones en términos de bloques regionales, descomposición de factores de riesgo o diseño de la cartera basado en criterios macroeconómicos", concluye Saraiva.











