
El repunte de la inflación provocado por la guerra en Oriente Medio ha provocado un vuelco en la hoja de ruta de los bancos centrales, para los que ahora el mercado espera un endurecimiento de la política monetaria, que amenaza con lastrar el buen momento que viven las bolsas.
El Banco Central Europeo (BCE) ya optó por subir los tipos de interés en su última reunión para intentar controlar el avance de los precios, y el mercado descuenta movimientos similares en Estados Unidos, a pesar de que la llegada al frente de la Reserva Federal de Kevin Warsh se intuía inicialmente como el escenario propicio para un descenso de las tasas, dada su cercanía con el presidente del país, Donald Trump.
Marco Giordano, director de inversiones en en Wellington Management, y Martin Harvey, 'fixed income portfolio manager' en la firma, señalan que "los bancos centrales de Occidente se encuentran en un cambio de ciclo en sus políticas monetarias, con todo lo que ello conlleva para distintos mercados financieros y activos".
En este sentido, creen que "durante la segunda mitad de año las decisiones del Banco Central Europeo o de la Reserva Federal serán un factor clave que los mercados vigilarán de cerca".
"El primer semestre de este año ha reforzado el mensaje clave de nuestra visión original sobre tipos de interés para 2026: los niveles de las tires son históricamente elevados y hacen que la renta fija core resulte atractiva, pero sigue siendo necesario un enfoque flexible ante los riesgos todavía presentes. Esta idea ha quedado patente en el comportamiento hasta la fecha de los índices de deuda pública de los mercados desarrollados, que cerraron mayo con una rentabilidad próxima a cero", destacan.
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Este resultado, agregan, "pone de manifiesto el beneficio de unos mayores niveles iniciales de yield, ya que el componente de ingresos ha amortiguado lo que, de otro modo, habría sido un recorrido marcado por una elevada volatilidad en precios".
"Se trata de un escenario muy distinto al de 2022, cuando unos niveles iniciales de rendimiento bajos, junto con la volatilidad en precios, dieron lugar a rentabilidades totales fuertemente negativas. Esta dinámica confirma nuestra opinión de que la perspectiva de rentabilidad total para los tipos conserva su atractivo, incluso ante el repunte de la volatilidad", apuntan.
"UN PUNTO DE INFLEXIÓN"
Estos expertos aseguran que "los mercados se encuentran en un punto de inflexión", ya que "tras un período de fuerte rentabilidad por la inteligencia artificial (IA) a principios de 2026, el conflicto en Oriente Medio provocó un alza abrupta y sincronizada de las tires".
"Una reacción que es fruto de la combinación de incertidumbre geopolítica, encarecimiento de la energía y, cada vez más, una renovada preocupación de los inversores por la persistencia de la inflación. Incluso contemplando una posible reducción de los riesgos geopolíticos, el shock exógeno derivado de la guerra entre EEUU e Irán tendrá implicaciones a largo plazo", valoran.
En un entorno en el que los precios de "las materias primas seguirán determinando la evolución de los rendimientos", creen que "los inversores se enfrentan a un punto de inflexión de cara a la segunda mitad de 2026: prepararse para un frenazo del crecimiento o protegerse frente a una inflación elevada".
"Tras el repunte de los tipos, aumentar la exposición a duración puede parecer interesante, en la medida que los rendimientos de los bonos con vencimientos largos (en particular, en mercados como el británico) presentan puntos de entrada atractivos. Ya hemos señalado la ventaja que suponen los elevados puntos de partida de los rendimientos para la rentabilidad total a través del componente de cupones, pues proporcionan protección frente a subidas adicionales de las tires en caso de que los bancos centrales valoren endurecer su política monetaria", destacan.
Por el contrario, aseguran que "si las tensiones geopolíticas se relajan y se abarata el petróleo o si la atención del mercado se desplaza hacia las consecuencias negativas que la crisis del suministro energético tiene sobre el crecimiento, cabe la posibilidad de que los rendimientos bajen".
"Este cambio aportaría rentabilidad por precio adicional en un momento en el que es probable que los activos de riesgo afronten un entorno más exigente", detallan.
De cara al futuro, piensan que "la disyuntiva global entre crecimiento e inflación se hará más patente a escala local, brindando a los inversores oportunidades de generar rentabilidades tanto entre distintos mercados como dentro de ellos".
"Aunque el shock inflacionario inicial fue global y sincronizado, es probable que la siguiente fase sea más desigual, dado que los precios de la energía seguirán siendo un factor clave, pero los factores locales ganarán protagonismo", concluyen.

