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¿Puede una empresa castigada por la inteligencia artificial convertirse precisamente en una de sus beneficiarias? Esa es la pregunta que empieza a plantearse parte de Wall Street tras el duro castigo sufrido por Figma.

La compañía de software de diseño acumula una caída de más del 50% en 2026, mientras el S&P 500 avanza cerca de un 10%. Sin embargo, Citi Research cree que el mercado podría estar mirando la historia desde el ángulo equivocado. Donde muchos ven una amenaza, el banco ve una oportunidad de crecimiento.

UNA VÍCTIMA APARENTE DE LA IA

Desde su salida a bolsa, Figma ha tenido que convivir con una narrativa incómoda. La expansión de la inteligencia artificial generativa ha alimentado el temor de que diseñar sea cada vez más sencillo, rápido y accesible para cualquier usuario.

Según reconoce Tyler Radke, analista de la entidad, el mercado del software de diseño afronta riesgos específicos porque la IA está reduciendo el tiempo y las habilidades necesarias para crear prototipos e idear productos. En ese contexto, incluso la propia definición de quién es realmente un diseñador comienza a difuminarse.

La conclusión más inmediata parece evidente: si la IA hace más trabajo por sí sola, podrían necesitarse menos licencias y menos usuarios profesionales. Pero Citi cree que la historia no termina ahí.

DEL CAOS A LA ORGANIZACIÓN

Radke plantea una interpretación radicalmente distinta. A medida que la inteligencia artificial reduce las barreras de entrada al diseño, aumenta la necesidad de herramientas capaces de organizar procesos, coordinar equipos y estructurar flujos de trabajo.

"Vemos a Figma convirtiéndose en el sistema de referencia que reúne esos flujos de trabajo", sostiene el analista.

La tesis es sencilla pero poderosa. Cuantas más personas puedan diseñar gracias a la IA, más importante podría resultar disponer de una plataforma centralizada capaz de coordinar todo ese trabajo.

EL MERCADO TEME UNA COSA, CITI MIRA OTRA

Figma cobra a sus clientes por usuario y por nivel de licencia. Por ello, una de las principales preocupaciones de los inversores es el riesgo de que la inteligencia artificial reduzca la necesidad de determinados puestos o herramientas especializadas.

Radke admite que existen "preocupaciones legítimas" sobre una posible compresión del número de licencias. Sin embargo, considera que la compañía dispone de suficientes palancas de crecimiento para compensar ampliamente ese riesgo.

De hecho, sus previsiones de ingresos se sitúan por encima de las estimaciones del consenso de mercado, aunque reconoce que buena parte de ese optimismo depende de una integración exitosa de la inteligencia artificial dentro de la plataforma.

Las primeras comprobaciones realizadas por Citi muestran además una fuerte implicación de los usuarios con las nuevas capacidades impulsadas por IA.

UN MERCADO TODAVÍA POR CONQUISTAR

Otro de los argumentos que sustentan la visión positiva del banco es el potencial de crecimiento que todavía tiene la compañía.

Según las estimaciones de Citi, Figma opera actualmente en un mercado direccionable de 25.000 millones de dólares en 2025. Sin embargo, la empresa apenas habría capturado un 4% de esa oportunidad.

La firma espera además que ese mercado potencial se duplique para 2029 gracias a la expansión de productos, nuevos casos de uso y la incorporación de usuarios menos especializados que hasta ahora permanecían fuera de su público objetivo.

Mientras competidores como Canva o Adobe ya cuentan con posiciones consolidadas, Citi considera que Figma apenas está comenzando a explotar una oportunidad mucho mayor.

LA GRAN APUESTA

La recomendación de 'compra' de Citi y su precio objetivo de 36 dólares descansan sobre una idea central: la inteligencia artificial no tiene por qué destruir el mercado del diseño. También puede ampliarlo.

"Figma está construida para el caos del diseño impulsado por la IA", resume Radke.

Ese es precisamente el dilema al que se enfrenta el mercado. Si la inteligencia artificial termina sustituyendo parte del trabajo creativo, los temores actuales podrían estar justificados. Pero si la tecnología multiplica el número de usuarios y proyectos que necesitan coordinación, la compañía podría encontrarse en una posición privilegiada.

La gran pregunta ya no es si la IA cambiará el diseño. La cuestión es quién terminará organizando ese nuevo mundo.

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