
De la Luna a la bolsa. SpaceX está preparada para protagonizar uno de los debuts bursátiles más esperados de los últimos años. La compañía aeroespacial de Elon Musk despegará el 12 de junio con el objetivo de recaudar hasta 75.000 millones de dólares de los inversores a 135 dólares por acción, lo que valoraría la empresa en 1,75 billones de dólares. Pero mientras los inversores celebran su llegada al mercado, hay quien se pregunta si la operación podría generar el efecto contrario al esperado: una destrucción temporal de valor en otros activos financieros.
Y es que para Stephen Innes, socio director de SPI Asset Management, "la salida a bolsa de SpaceX no es realmente una historia espacial. Es una historia de liquidez" en la que "el mercado está a punto de descubrir si la valoración sigue importando cuando los inversores creen que están comprando un asiento en primera fila para el futuro".
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"La historia demuestra que las grandes salidas a bolsa suelen atraer enormes flujos de capital. Pero ese dinero no aparece de la nada. Para comprar SpaceX, muchos inversores tendrán que vender otras posiciones", explica el analista Manuel Pinto.
Es más, este experto remarca que cada vez que se produce una operación de gran tamaño, los gestores necesitan generar liquidez y que "eso implica vender acciones, reducir exposición a determinados sectores o incluso rebajar posiciones en compañías ganadoras".
"En este contexto, SpaceX podría actuar como una auténtica aspiradora de liquidez. El mercado funciona por relatos. Por ejemplo, el año pasado, el 'debasement trade' fue lo más sonado, hasta que apareció otra tendencia como han sido las empresas de memoria. Si aparece algo mejor, se volverá a ir de un sitio al siguiente".
De hecho, para Pinto los primeros indicios ya están apareciendo. "Algunos valores aeroespaciales y de defensa han mostrado un comportamiento inferior al mercado en las semanas previas a la salida a bolsa, mientras que varios gestores reconocen estar preparando espacio en cartera para participar en la operación".
Una valoración compartida con Innes, quien enfatiza que los mercados siempre han estado dispuestos a pagar precios extraordinarios por las empresas que parecen controlar la próxima frontera económica.
"Los ferrocarriles alguna vez gozaron de esa prima. Las empresas del Nifty Fifty la heredaron. Los gigantes de internet llevaron la antorcha durante la era de las puntocom. Hoy, la corona pertenece a todo aquello que se sitúa en la intersección de la inteligencia artificial, la infraestructura, las comunicaciones y la importancia estratégica nacional. SpaceX, casualmente, ocupa los cuatro carriles de esa autopista simultáneamente".
Pero SpaceX no va a ser simplemente una nueva compañía cotizada, ya que su tamaño la convertiría de inmediato en uno de los mayores pesos pesados del Nasdaq y del mercado estadounidense.
Así, para Innes lo que hace fascinante esta oferta es que llega en un momento en que los inversores buscan desesperadamente la próxima gran oportunidad de crecimiento. "El auge de la IA ya ha concentrado enormes cantidades de capital en un grupo relativamente pequeño de empresas. Prácticamente todos los gestores de cartera están compitiendo en el mismo terreno".
SpaceX ofrece algo diferente. No es simplemente otra empresa de software que promete una disrupción futura. "Posee infraestructura física en órbita alrededor del planeta, controla la mayor capacidad de lanzamiento de cohetes y naves espaciales, que sus competidores luchan por replicar, y opera Starlink, que cada vez se asemeja más al motor financiero que respalda una visión estratégica mucho más ambiciosa", señala Innes.
INTERÉS POR EL SECTOR ESPACIAL
Con este telón de fondo, el sector espacial, que se perfila como una infraestructura esencial para la economía, también podría vivir un momento decisivo en 2026 gracias a SpaceX.
"Este debut bursátil, cuyo impacto probablemente será de primera magnitud, debería estimular el interés de los inversores por esta temática, animarlos a interesarse por las empresas espaciales y, sin duda, aumentar los flujos de inversión en estos actores que están experimentando un rápido auge. Otras empresas espaciales deberían seguir este ejemplo y salir a bolsa", comentan Christophe Pouchoy y Alicia Daurignac, gestores del Echiquier Space de La Financière de l’Échiquier (LFDE).
Las oportunidades derivadas del desarrollo lunar son vertiginosas. Con unas perspectivas de crecimiento del ecosistema espacial que se sitúan entre el 9 y el 10% anual, según McKinsey & Company, el mercado debería alcanzar un valor de 1,8 billones de dólares en 2035 (Foro Económico Mundial).
Entre las compañías a tener en cuenta, en LFDE ponen el foco en Intuitive Machines, una empresa estadounidense del Nuevo Espacio con una capitalización bursátil de 7.000 millones de dólares, es conocida por su experiencia en el mercado de las infraestructuras espaciales y las soluciones de transporte hacia y en la Luna.
"Firefly Aerospace, especializada en lanzadores y vehículos de alunizaje, consiguió la proeza de posar su sonda Blue Ghost en la Luna en 2025. La empresa anunció una fuerte mejora de sus resultados en 2026, aupada por la aceleración del crecimiento orgánico (lanzadores y fabricantes de componentes de satélites) y la contribución de la adquisición de SciTec", afirman Pouchoy y Daurignac.
Otro actor clave es MDA Space, empresa especializada en la robótica espacial y los sistemas satelitales que también presenta una importante cartera de pedidos cifrada en 3.700 millones de dólares canadienses y que ofrece una visibilidad notable a medio plazo.
RIESGOS A VIGILAR
Sin embargo, y a pesar del entusiasmo Anthony Toupin, analista sénior de Edmond de Rothschild, advierte que varios factores de riesgo deben ser vigilados de cerca.
"La valoración de la compañía es históricamente elevada, con un ratio EV/ventas de 107 veces esperado en la OPV, frente a 4 veces para la mediana del S&P 500 (y 30 veces de media durante las OPVs de la burbuja puntocom en 1999). Esto implica que SpaceX deberá lograr un crecimiento de ingresos de al menos el 40% durante los próximos 10 años para justificar una valoración tan exigente, en un contexto en el que su crecimiento ya ha comenzado a desacelerarse".
A ello se suman la dependencia de ciertos contratos clave (especialmente gubernamentales), "su vulnerabilidad ante cualquier incidente industrial relevante y el hecho de que sus operaciones espaciales y de IA siguen siendo profundamente deficitarias, requiriendo inversiones significativas y recurrentes. Una parte de los ingresos de la OPV podría destinarse al repago de deuda en lugar de a inversión", concluye Toupin.

