
El pasado 23 de junio se cumplieron diez años desde que los ciudadanos del Reino Unido decidieron, en un ajustado referéndum, abandonar la Unión Europea. Esta ruptura, conocida como Brexit, ha alterado de forma radical la realidad británica desde el punto de vista económico, social y político, y ha tenido importantes consecuencias para su economía.
En su último informe de coyuntura, el servicio de estudios de Deutsche Bank calcula que, de no haberse producido el Brexit, el Reino Unido tendría un 4% más de Producto Interior Bruto, un 2% más de empleo y un 0,7% menos de inflación.
“El impacto del Brexit, aunque de magnitud incierta, sigue siendo evidente: el Reino Unido ha perdido producción y empleo, y ha sufrido un mayor choque en el coste de la vida”, señala el banco de origen alemán en su informe, que también advierte de que, desde el Brexit, se ha descompensado el equilibrio entre bienes y servicios de su balanza comercial.
Pese a ello, el informe también destaca que el Brexit ha traído aspectos positivos para el país como una mejora del déficit por cuenta corriente o una mayor autonomía regulatoria, que hace al país más audaz ante ámbitos como la Inteligencia Artificial (IA).
DIMISIÓN DE STRAMER
Precisamente un día antes de que se cumpliera el décimo aniversario del referéndum del Brexit, el ya exprimer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, dimitió tras apenas un año y once meses en el cargo, pese a haber ganado las elecciones de 2024 con una amplia mayoría absoluta.
Noticia relacionada

El líder laborista fue incapaz de superar las tensiones internas dentro de su propio partido y su caída de popularidad, por lo que se vio forzado a abandonar el número 10 de Downing Street, una residencia que ha visto pasar a seis primeros ministros en los últimos diez años (David Cameron, Theresa May, Boris Johnson, Liz Truss, Rishi Sunak y el propio Starmer).
“Los problemas crónicos del Reino Unido hacen que resulte difícil para un nuevo primer ministro y un nuevo ministro de Hacienda invertir en el crecimiento y mantener la confianza de los mercados”, afirma el director de Economía Global de Schroders, David Rees, quien destaca como principales hándicaps de la economía británica su bajo crecimiento potencial, sus finanzas públicas restringidas y una inflación elevada, lo que implica que no haya soluciones fáciles.
Para Rees, la solución pasa por aumentar la inversión y la productividad, una medida que requiere “tiempo y un compromiso político sostenido”. “Es poco probable que sus beneficios se perciban rápidamente”, apunta el experto, que considera que esto podría requerir cambios en el marco fiscal.
“En consecuencia, quien quiera que sea el próximo ministro de Hacienda tendrá que actuar con mucha cautela para encontrar el equilibrio entre apoyar el crecimiento y mantener la confianza de los mercados”, indica.
REACTIVAR EL CRECIMIENTO
Entre los principales retos que tendrá que asumir el sucesor de Starmer, el director de calificaciones del sector soberano y público de Scope Ratings, Thomas Gillet, cita la necesidad de reactivar el crecimiento económico, impulsar la inversión pública, promover la reindustrialización y aumentar la productividad, que ha sido inferior a la de países con calificaciones similares, como Francia.
Gillet afirma que las infraestructuras de transporte, la vivienda y la reforma de los servicios públicos —con el fin de responder a la presión que ejerce el aumento de las facturas de electricidad y agua sobre la deuda de los hogares— deben ser los principales ámbitos de inversión en lo que se centre el nuevo Gobierno. “Es probable que los cambios en el sistema electoral del Reino Unido y el reparto de competencias entre el Gobierno central y las administraciones locales ocupen también un lugar destacado en la agenda política nacional”, apunta.
El experto también apuesta por una reducción de las barreras no arancelarias con la UE, en el marco de un reinicio tras el Brexit, y por una mayor coordinación con los socios europeos en torno al aumento de la inversión en defensa como claves para impulsar las perspectivas de crecimiento del Reino Unido.
Asimismo, indica que las perspectivas económicas del país dependerán del ritmo y la magnitud de los ajustes presupuestarios, dado que se prevé un déficit público general del 4,9% del PIB en 2026, frente al 5,4% de 2025. “Sigue siendo superior a la media del 2,6% registrada entre 2016 y 2019”, explica Gillet, quien considera aconsejable un aumento de los impuestos a las empresas y al sector inmobiliario, dado que los ingresos públicos del Reino Unido (38% del PIB) siguen por debajo de la media de la UE (46%).
Por otra parte, el experto también afirma que el aumento de los costes de financiación acentuará el diferencial desfavorable respecto al crecimiento del PIB y lastrará la dinámica de la deuda.
“Los pagos netos por intereses aumentarán hasta superar el 7% de los ingresos de media en 2030, frente al 4,5% registrado entre 2016 y 2019, mientras que la deuda pública general se prevé que alcance el 108% del PIB en 2030, frente al 85% anterior a la pandemia”, indica Gillet.
Y añade que los riesgos a corto plazo se ven mitigados por la amplia base de inversores del Reino Unido, el largo plazo medio de vencimiento de la deuda (13 años), el sólido marco de políticas respaldado por el Banco de Inglaterra, el estatus de la libra esterlina como moneda de reserva y la probada resiliencia económica del país.
LA LIBRA
Sobre la libra, Rees no se muestra tan optimista. “Parece vulnerable. Está expuesta a cualquier cambio en las expectativas del mercado respecto a nuevas subidas del tipo de interés oficial”, indica.
Además, también señala que la actividad económica subyacente sugiere que es poco probable que la actual crisis de los precios de la energía genere efectos de segunda ronda sostenidos. "Cualquier deterioro de la confianza en el mercado de bonos del Estado no haría más que agravar esas presiones", sentencia

