
Europa no es el principal consumidor del petróleo que transita por el estrecho de Ormuz. Sin embargo, las recientes tensiones en una de las rutas marítimas más críticas del mundo han expuesto una realidad incómoda sobre la vulnerabilidad energética del Viejo Continente. Pero en esta situación se encuentra "una de las oportunidades de inversión más atractivas de esta década".
Así lo asegura René M. Petersen, gestor principal de la estrategia Empower Europe de Nordea AM, que pone el foco en que la dependencia energética es solo parte de un "desafío mucho mayor" que enfrenta Europa actualmente.
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"Existen vulnerabilidades similares en las cadenas de suministro, la producción industrial, las tecnologías críticas y la infraestructura de seguridad. La dependencia de Europa de proveedores externos para todo, desde materias primas y semiconductores hasta capacidades de defensa, es cada vez más evidente", señala este analista.
Y es que las alteraciones en los mercados energéticos globales repercuten casi de inmediato en todo el continente. "Los precios de la energía reaccionan, las cadenas de suministro se tensan y los riesgos asociados a la dependencia de los flujos energéticos globales se vuelven imposibles de ignorar".
Es más, tal y como remarca Petersen, durante décadas, la prosperidad de Europa se ha basado en supuestos que ya no se mantienen: suministros energéticos fiables, cadenas de suministro globales resilientes y seguridad externalizada.
"Esos supuestos están siendo reescritos. La dependencia de la energía rusa ha disminuido drásticamente, las cadenas de suministro han mostrado fragilidades estructurales, y la defensa ha vuelto al centro de la agenda política y económica".
UNA REALIDAD QUE NO SE PUEDE IGNORAR
En este escenario, Europa se está enfrentando a una realidad que ya no puede ignorar "y está respondiendo con una inversión a la altura", destacan en Nordea AM.
"Este paso, que va del reconocimiento a la materialización de inversiones reales, ha abierto nuevas oportunidades. En los sectores de la energía, la producción industrial y la defensa, el capital está fluyendo hacia proyectos y compañías que ayudan a reducir las dependencias estratégicas y a fortalecer la resiliencia".
A este respecto, desde la firma recuerdan su estrategia 'Empower Europe', lanzada para aprovechar las oportunidades de inversión que emergen de esta transformación. "La estrategia se diseñó en torno a una observación sencilla: abordar las vulnerabilidades estratégicas está impulsando un ciclo de inversión plurianual que se extiende mucho más allá de cualquier sector individual".
El fondo se centra en tres grandes temáticas: resiliencia energética, relocalización de la producción y defensa y ciberseguridad. "La inversión en electrificación y la modernización de las redes se están acelerando a medida que la seguridad energética se convierte en una prioridad estratégica".
De este modo, las empresas están relocalizando cadenas de suministro críticas mediante fabricación avanzada, automatización y digitalización. Al mismo tiempo, el nuevo entorno de seguridad está impulsando un mayor gasto en defensa, ciberseguridad y tecnologías de doble uso.
No obstante, el estrecho de Ormuz es solo un recordatorio, entre muchos, de que las dependencias estratégicas de Europa no son riesgos abstractos. Y aunque se traducen en volatilidad de precios, interrupciones en el suministro y vulnerabilidades competitivas a largo plazo, también crean nuevas posibilidades, ya que el capital fluye hacia empresas innovadoras que ofrecen soluciones.
"La transición de Europa ya está en marcha, y el capital se está desplegando a gran escala. El punto de inflexión no está por llegar, está sucediendo ahora, y la oportunidad apenas comienza", concluye Petersen.
